28 de febrero de 2007

EL HOMBRE QUE COMÍA RATONES

Aquel extraño hombre comía ratones. Al escabeche, al ajillo, fritos o al natural. Se zampaba hasta los huesos. No estaba loco ni en una tenebrosa prisión de los jemeres rojos, estaba muy cuerdo. Era biólogo e intentaba demostrar que un mamífero grande podía subsistir con tan extraña dieta.

Llegó meses atrás para realizar un trabajo para medio ambiente: encontrar los motivos por los que la población de renos se había reducido tanto; en realidad todos presuponían que era por el elevado número de lobos así que en realidad su trabajo sería realizar un censo de la población de lobos al objeto de que se realizará una disminución del mismo y se restableciera el equilibrio ecológico.

A tierras árticas le condujo un esquimal desdentado y aficionado a los rifles. Parapetado en una gélida choza, en la más absoluta soledad de los hielos, entabló simpatía con una familia de estos cánidos doblegándose a su robusto concepto de territorialidad. La primera sorpresa fue comprobar que no existía tan alta población de lobos como se presuponía, pero mayor aún sería advertir que los lobos pasaban de comer renos. Ni los miraban. Degustaban un manjar mucho más sencillo, abundante e inofensivo. Ratones. Al ser aquel descubrimiento un arriesgado hallazgo y temeroso de que nadie le creyera, dispuso imitar a los cánidos. Si un mamífero puede vivir de ratones nada índica que otro de mayor tamaño no pueda hacerlo. Liberado de prejuicios gastronómicos, nuestro héroe engulló roedores durante meses sin que su salud se quebrantara ni su ánimo le mermase.

La teoría quedaba demostrada. Los lobos se alimentaban de roedores. ¿Quién hacía entonces desaparecer los renos? Hubiera quedado desconocida la causa de no ser porque aquel esquimal que le condujo meses atrás a su guarida mostraba ahora una dentadura perfecta y resplandeciente, así como una arma nueva de gran calibre: era un guía de los furtivos.

Hombres de negocios, poderosos industriales, disparaban desde avionetas a las inmensas manadas conforme a la ley del mínimo esfuerzo.

Después el esquimal desollaba las pieles y se hacía con las cornamentas para lustre de despachos e invención de fabulaciones de caza.

Seguramente de regreso a sus áreas residenciales de norteamérica compartirían mesa y mantel con políticos encargados de temas ambientales que llevados por el atávico terror inculparían al lobo. "Sí, sin duda se trata de ataques de lobos y es una pena que existan tan pocos renos, de seguir así Papa Noël tendrá que venir en taxi". Queda claro, los lobos son malos, los lobos no se quejan ni lloran. Culpables. Buena mesa, mejor vino y un hombre de negocios que paga la cuenta desternillándose.

En la década de los 60 un biólogo que se alimentó de ratones evidenció la farsa, todavía su obra suscita fuertes críticas porque mezcló ficción y realidad en su obra literaria pero posiblemente gracias a él todavía existen Canis lupus tundrarum y Rangifer tarandus.

En realidad he desentrañado casi el guión de Los lobos no lloran. Me permití hacerlo porque además de ser una película casi imposible de visionar hoy, las mentiras y la culpabilidades sobre nuestra naturaleza siguen muy presentes.

Hasta científicos, que presupongo bien remunerados, desdicen la existencia de un cambio climático.

25 de febrero de 2007

EL EXPOLIADOR

No quiero pensar pero pienso que alguno como yo sigue mis pasos, rastrea mis huellas, intuyo la fetidez de su aliento en mi nuca y el eco de su soniquete plagiado; no quiero creer pero creo, que ese ser idéntico a mí, varía mi trazo, desvía mi rumbo, me hace parecer demente ante los demás y confuso y desdoblado ante mí; no quiero sentir pero siento que de una fisura de mi cerebro emergió un clon que me persigue, me desdibuja, me disipa, evapora mis afirmaciones, mancha mi reputación, convierte en simulacro mi existencia; no quiero odiar pero odio a ese ser emanado, lo cual me lleva a odiarme a mí y a desear mi desaparición.

He decidido recluirme en esta enjuta estancia hasta que purgue mi locura o sea devorado por ella. ¿Saben? Apura mis cafés, fuma mis colillas, hasta percibo el vapor tibio del que duerme a mi lado hurtándome un aire reservado a mí.

No quiero encerrar pero encierro en la mano este texto, testimonio fútil de mi alienación o mi desdoblamiento. Aprisionado queda en mi puño para que no sea modificado y soñar que el último golpe de timón me pertenecerá a mí para siempre.

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Es el otro punto de vista de la diversión escrita llamada el usurpador que subí hace unos meses. Supongo que para que una paramnesia sea completa será necesario que ambos tengan conciencia del otro. Al menos he querido dar la palabra a ambas partes.

22 de febrero de 2007

DESENTRAÑAR UNA LEYENDA

Cuenta la leyenda que en el barrio de la Magdalena de Jaén existía un descomunal lagarto. Moraba cerca de un torrente y se alimentaba de ganado y de cuanto caminante se acercara a disfrutar del agua cristalina.

Como nadie acababa con él un condenado a muerte se ofreció a ganar su libertad si con ello hacía desaparecer al reptil. Se pertrechó de la piel de un cordero, de yesca y de pólvora y con ellos conformó una especie de oveja que a los ojos de la bestia sería un suculento manjar. Montado a caballo el héroe reclamó la atención del monstruo y encendió a la vez la yesca que comenzó a prender despacio. Al poco tiempo de engullir de un único bocado la trampa el desafortunado lagarto explotó. Por ese motivo persiste todavía el dicho a modo de maldición de "reventarás como el lagarto de Jaén".

Esta es, de forma resumida dicha leyenda. Se trata de un icono de una ciudad y de un mito que se puede rastrear con cierta facilidad.

Hasta hace muy poco, incluso lo vi de pequeño, existía en la Iglesia de San Ildefonso de Jaén una macabra exposición. Se trataba de una piel de cocodrilo o de caimán que desde tiempo inmemorial estaba expuesta en las penumbras del templo. ¿Qué hacía en una iglesia? Parece que desde la Edad Media persistía el símbolo de que estos animales eran incapaces de emitir sonido alguno y no encontraron mejor manera para trasmitir a la feligresía ese silencio que exponiendo la piel de un cocodrilo en el templo. Tan exagerada medida no fue bien entendida por todos y acabo disparando la imaginación de los lugareños sobre la vida del animal. Una piel abierta de un saurio tan enorme sería signo de explosión y nada mejor que un valeroso y desesperado recluso para acabar con él. ¿Y qué hacía un piel de cocodrilo en España?

Emplear la palabra lagarto y no dragón para referirse a un reptil enorme y que la historia arranque a mediados del XVI aclara bastante que esa piel vino de América. Algún conquistador o acompañante la obtuvo y envío a suelo ibérico para acabar tendida en una iglesia y desde allí originar esta leyenda.

La traigo a colación porque, desde una posición etnocentrista, es habitual atribuir a los indígenas de todos los lugares cierta simpleza en la adquisición de mitos olvidando que nos afectan a todos y que también existen en nuestra tecnificada sociedad. Incluso más recientes que el que he querido recordar ahora.

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Foto: http://es.wikipedia.org/wiki/Ja%C3%A9n

18 de febrero de 2007

EL BEBÉ CON DOS BAUTIZOS.

Tal día como mañana pero de 1966 vino al mundo un bebe que debiera haber muerto. A pesar de la cautela e inmovilidad de la madre por la ruptura placentaria, aquel octomesino presentaba evidentes síntomas de deformación, la naricita pegada a la mejilla, una cavidad craneal y unos pies laterales. El doctor que lo revisó indicó a los desolados padres que se atuvieran a lo que sería un triste e inminente desenlace. En aquellos tiempos lo primero que pensaron fue en bautizar al bebe para que no entrara en el Limbo de los niños. Un sacerdote pueblerino y bonachón aprovechó el agua de un botijo para bendecirla y proceder con ella a un inmediato y aciago bautizo, allí mismo en el hospital, sin dilación alguna. De este modo aguardó la muerte en una lúgubre sala sin atenciones médicas ni promesas primaverales.

Pero aquella criatura se negaba a morir; incluso, diríamos más, parecía que mejoraba a tenor del desmedido apetito con el succionaba el pecho materno. En poco tiempo, con el apoyo de una nueva opinión médica, la naricita se le rectificó, la cavidad de la cabeza desapareció y los pies se le alinearon. Acabó, mezclado entre los demás infantes, por ser indistinguible de los más sanos, si acaso más alto y soñador.

Tuvo otro bautizo más alegre y reposado, quiso para su profunda vergüenza actual ser torero y futbolista de niño, curso estudios universitarios, jugó al baloncesto, varió un par de veces de residencia, leyó mucho y más que le falta, conoció a una guatemalteca y acabaron desposándose, ideó un alter ego, un blog y escribe esta entrada afirmándose que ya está bien hablar de uno mismo.


Sea como fuere aquel bebe soy yo y alcancé a ver muchas primaveras, desconozco las que me quedan, pero mientras las deleito, que me quiten lo "bailao".

Vale.

15 de febrero de 2007

EL BOSQUE DE LAS MARIPOSAS

El bosque surgió por las penitencias de los religiosos. Cada fraile para expiar sus pecados se obligaba a sembrar frágiles arbolitos en el terreno estéril y abrupto de detrás del convento. Día a día, importaba poco que lloviera o hiciera un sol abrasador, se imponían como signo de aflicción acercarles una vasija de agua a cada uno para favorecer el enraizamiento. De esta manera, siglos después surgieron cerros arbolados sobre un suelo árido y cavernoso.

Por las mañanas la vida está disimulada en la tierra de los árboles pero por la noche centenares de mariposas aletean entre las coníferas. En realidad el bosque les pertenece a ellas.

Detrás del bosque llegan las aguas soñadoras del mar más pequeño de nuestro planeta.

¿Qué les parece, realidad, ficción, leyenda?

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Es muy frecuente que las historias más asombrosas convivan a nuestro lado sin percatarnos, también que el límite entre realidad y ficción sea tan imperceptible que apenas merezca la pena distinguirles. Cuando vine a vivir a esta bella ciudad y escuche la historia no me lo podía creer porque se trataba de una zona muy degradada. Pero todo es real y tengo la fortuna de vivir al lado mismo de este extraño y olvidado bosque, de respirar su aire y de correr por sus veredas de tomillos y romeros. Los atardeceres estivales cuando las mariposas comienzan sus vuelos nocturnos recortando la puesta de sol son grandiosos.

Las fotos de la entrada anterior también las tomé allí.

Me permití la licencia, esa era la única trampa, de llamar soñadoras a las aguas de una laguna que tiene el ambicioso nombre de Mar de Ontígola. No es para menos porque sus escasas aguas son esenciales en la ruta migratoria de las aves europeas. Hasta ahora el bosque y sus mariposas han sobrevivido entre otras cosas a un incendio parcial, a tres autopistas, a un ferrocarril, a un polígono industrial, a dos urbanizaciones de chalets, a un centro comercial, a una pista de atletismo, a tres campos de fútbol, a un intento de alumbrado y a podas alocadas. Y sobrevivirá sin duda a los proyectos de un tren de Alta Velocidad y a un Canal de Remo. En resumen, perdurarán sobre lo que la estupidez humana llama desarrollo, y lo harán porque esos míticos árboles son suyos.

 Parte trasera del convento de Jesuitas. 17/02/2007

Lateral del convento e inicio del pinar.

También existe una viña y un olivar abandonados.

17/02/2007

Frontal del convento. Hoy es una residencia de mayores.

Los frailes vendieron el terreno y el edificio en 1990.

17/02/2007

En una parte escondida y despejada del bosque existe este altar de piedra donde seguramente realizarían alguna misa.

17/02/2007

El comienzo del bosque con los primeros rayos de hoy 17 de febrero.

Desde la parte más elevada, con la ciudad de Aranjuez debajo. Foto del verano pasado en plena sequía.

El voluntarioso Mar de Ontígola.

17/02/2007
 Una primeriza flor de almendro. 17/02/2007

12 de febrero de 2007

UN DOMINGO PLOMIZO

Aproveché un lóbrego domingo para escaparme unos minutos al monte para fotografiar la naturaleza.

La lozanía ya ganó el ras del suelo. La tibia savia despereza los tallos leñosos e insunfla vida a los brotes. Los almendros teñirán de blanco los horizontes en días. Mientras tanto me divertí con estas macros, testimonio fiel de que en la vida microscópica ya festejan la primavera.

Fotos: propias; todas las fotografías excepto la del insecto están tomadas en solo un metro cuadrado.

9 de febrero de 2007

POR FIN...

A veces cuando uno se encuentra agobiado de las tensiones del trabajo nada mejor que permitirse una frivolidad.

¿No perciben mi grito de júbilo? Está bien, desde aquí mismo les haré señales de humo.

 

 

 

6 de febrero de 2007

LOS PLANETAS DE DENEB

El abuelo de Miriam dedicó sus últimos años a la seria tarea de enseñarle a su nieta el nombre y el fulgor de las estrellas. Cada noche bajo las moreras de la alberca el anciano apuntaba con su índice huesudo al firmamento.

“Mi niña, recuerda que aquella rojiza es Aldebarán, el ojo del toro; la otra es Deneb, la cola del cisne, tan lejana y misteriosa que nadie sabe que sus planetas están habitados por seres mudos como tú que se comunican con el silencio.”

Miriam intuía el engaño bondadoso del anciano pero en el fondo le reconfortaba la simple suposición de unos retirados y secretos planetas poblados por seres de forzado silencio donde, como ella, sus habitantes se vieran obligados a comunicarse sin voz. Con la argamasa de su imaginación confirió colores a los planetas, forma a sus habitantes y magia a sus expresiones.

El día que su abuelo desapareció de este mundo lloró desconsolada durante días y dejó de alimentarse una semana, sentía un vacío cósmico en su corazón y tan solo encontraba consuelo observando las estrellas.

De tanto mirar el firmamento, de tanto evocar a su abuelo entre astros, algunas estrellas se le prendieron para siempre a los ojos y el negro del infinito invadió sus iris.

Cuando mitigó un poco su pena, cuentan que al pasear por el poblado los pájaros extasiados detenían sus trinos, que las palmeras dejaban caer dátiles a su paso y que el mismo sol se esforzaba por enviarle sus mejores destellos.

Arrebatados por su belleza todos los habitantes del poblado aprendieron el lenguaje de signos para comunicarse con Miriam. Con el tiempo valoraron tanto el silencio que acabaron entendiéndose entre ellos por señales. Aquel mutismo permitía escuchar los corazones, clarificar los sentimientos, adivinar las palabras y percibir la llegada del polvoriento siroco.

Cada vez que Miriam ve la bóveda celeste se siente acompañada, hasta intuye un dedo huesudo señalándole el suelo desértico y percibir una senil voz:

- ¿Ves mi niña? Ya habitas en un planeta de Deneb.

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Foto: Miriam por Extremeboh

http://flickr.com/photos/extremeboh/

4 de febrero de 2007

Un MEME DE LIBROS

Los memes son en ocasiones como un búmeran. Vi despachar uno a Charles de Batz con la pericia que le caracteriza librándome de su vuelo rasante y apenas días más tarde me viene de retorno el mismo o muy similar, está vez enviado por mi amigo Max Estrella .

Extraño donde los hubiera, este meme parece consistir en referir unas líneas de la página 123 del libro que leamos en este momento. Además de señalar título y autor.

Les confieso que soy capaz de leerme las Páginas Amarillas y al acabarlas pedir el segundo tomo. Eso unido a mi conocida anarquía hace que suela leer varios libros a la vez que es como no leer ninguno.

Así que destacaré el que estoy a punto de terminar y no los otros, todos empezados, que rivalizan entre sí por ser siguientes. Allá va:

MEMORIAS: Los recuerdos del arquitecto y ministro de armamento de Hitler. Una crónica fascinante del III REICH - ALBERT SPEER

Editorial : El Acantilado.

Pag (231 – son los mismos dígitos, es que en la 123 no hay nada jugoso-).

"Hitler no tenía sentido del humor. Dejaba que fueran otros los que dijeran las agudezas, mientras él se reía a más no poder; llegaba a retorcerse literalmente de la risa; a veces tenía que enjugarse las lágrimas que le brotaban a causa de tales estallidos de hilaridad. Le gustaba reír, pero en el fondo siempre a costa de los demás."

Menuda ralea tenía el pájaro, así acabó la cosa. ¡Con lo sano que es reírse de uno mismo!

Tranquilos que no paso el Meme a nadie pero tengo mucha curiosidad en saber qué leen o qué quisieran leer mis usuales amigos que comentan aquí. También si les gusta esa lectura y me la recomiendan.

Tomaré nota de todo.

2 de febrero de 2007

LA ESTACIÓN DE AUTOSERVICIO

Estaciono en la gasolinera. Milagro. Está vacía. Mientras me sirvo el carburante compruebo que olvidé ponerme guantes de plástico. ¿Por qué he de servirme yo? ¿Ganan tan poco las petroleras como para no poder permitirse un trabajador más?


En un mundo tan especializado con alergólogos, manipuladores de alimentos y diseñadores web sobrentienden que todos estamos especializados en servirnos gasolina. Se trata de una de aquellas pequeñas tretas en las que uno cae la primera vez por curiosidad resolviéndola con orgullo pero que acaba convirtiéndose en una rutina en la que arrebatamos el trabajo a personas. Imagino que en este proceso de habituación los gerentes decían a los angustiados empleados: ¿ven, cualquiera puede hacer su trabajo?

En las estaciones de servicio (autoservicio) no se puede fumar, ni usar el móvil ni permanecer con el auto arrancado, tampoco usar billetes de 500€ pero entregan a cualquiera la manguera de un surtidor; si te manchas se siente; si te cargas el auto por confundir mangueras, te apañas; si te vuelves loco y fabricas un infierno, te enchironan . Todas las variables resueltas sin nada a cambio.

Hasta extraño aquellas anonidas charlas con los curtidos gasolineros. "¿Qué va a ser?". "Diesel y lleno, jefe. Hace un fío que te quiebra". "Que va, es la poca costumbre"."Será eso, sí..." Por contra, cuelgo la manguera y una distorsionada voz de hojalata me planta un "gracias por su colaboración y buen viaje".

Mientras encamino mis añoranzas a pagar mascullo un insulto contra aquella masa de circuitos y tentáculos. Qué remedio, no me dejan otra.

1 de febrero de 2007

QUIET EVENING

Afortunadamente mantengo una relación a la que no hace falta que se le recuerde el día del cariño pero aprovechamos la excusa de ese día comercial para regalarnos este cuadro. Esperamos recibirlo pronto.

Autora: Inez Fröhlich