30 de junio de 2007

EL MERCADO DE CRIADAS

Carga unos ojos de ceniza seca, un talle espigado y algo raquítico, unas manos agrestes de faenar el campo, unos lacrimales obstruidos y dieciséis años.

Abandonó su morada en la última luna llena apremiada por su padre al no poder alimentarla. Ha recorrido dos mercados de criadas donde pasó desapercibida. Está en el tercero, en la ciudad de Montauban. Ha olvidado sus últimos alimentos ¿Acaso un mendrugo duro y una zanahoria terrosa? Retiene, sin embargo, lo consejos de su madre para escapar a la mendicidad y la prostitución, las normas básicas para agradarlas, el porte sereno, la reverencia honesta, la palabra contenida, el delantal limpio, la mano discreta que tape el zurcido.

Prendidas de los brazos de sus maridos las señoras entablan parcas conversaciones con las fámulas. Nadie repara en ella, hay quien la ve demasiado bella para meterla entre las mismas paredes del esposo; otras la miran desaliñada, sin cofia y temblorosa.

Cuando daba todo por perdido una vieja elegante y achacosa se acerca y apoyándose en un bastón de plata repujada le planta las narices en su pecho.

- Hiedes a col hervida - le asesta -.

- Es cierto señora pero no es mi natural olor, sino la consecuencia de mi trasiego.

- Y bien, qué sabes hacer. ¿Prepararías una asado de pavo ahumado?.

Tiembla. No conoce a ese animal, una epidemia mató a todos los de su condado.

- No señora. Podría aprender si alguien tuviera el gusto de instruirme, además soy diestra desollando liebres – balbucea -.

- No hay hombre en mi casa que nos provea de caza. Así que aquí quedas chica.

Suspira. Unas agujas se le clavaron en el paladar. Cuando el bastón de las señora resuena alejándose se sorprende a sí misma exclamando.

- ¡Y poseo la extraña habilidad de pelar cebollas sin llorar!

La señora se vuelve intrigada y divertida.

- ¿Sí? Tendremos que verlo. Esta es mi ama de llaves, quedas a su disposición. Lo primero que harás será asearte, no permito que entre nadie en mi cocina sin estar pulcro.

Van en un carro repleto de hortalizas del que tira un buey adormilado, la señora ha partido antes en una calesa con cortinillas rojas impulsada por dos alazanes enjaezados. Mientras frota una calabaza se estremece imaginando el placer del agua limpia y el jabón espumándose por su cuerpo. Sabe el alborozo que sentirá su madre y rememora el día en que, apilando estiércol, se le infectaron los ojos y, ni las friegas de agua con sal, ni los baños de manzanilla, le restituyeron la inflamación de los conductos acuosos.

En su despedida el sol dora los campos, suaviza los rudos rasgos de los campesinos, difumina los contornos de los bosques y, con su último brillo, trepa al carro y en el cabello de la nueva sirvienta trenza una caricia de luz hecha garabato.

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Cuadro: Madame Ingres (Madeleine Chapelle). Ingres natural de Montauban, tras varias relaciones fracasadas, contrajo matrimonio con la señorita de la imagen, una sencilla costurera y sirvienta. Fue su inspiración y apoyo.

EL SUEÑO DE LA ESPIGA.

Era una hogaza

en la boca de un niño

le despertó el agua.

Foto: propia, en HDR, una de mis favoritas, se trata de un trigal dañado por una tormenta. Recomiendo ampliar (177Kb).

23 de junio de 2007

LA NOCHE DE SAN JUAN

En esta precisa noche en los bosques más alejados, allí donde la sombra de las hayas impide el paso del sol y los robles ciñen las peñas, diminutas criaturas abandonan sus escondrijos para celebrar el imperio del sol, la noche más breve del año.

Aún perdura el recuerdo de los tiempos lejanos en los que la tierra les pertenecía, recolectaban frutos, ayudaban al parto de los animales, danzaban y dialogaban con los árboles. Por entonces el hombre, recién llegado, les respetaba y celebraban juntos la noche mágica. Pero pronto la poderosa criatura bípeda abandonó las cuevas y comenzó a dominar el campo con la agricultura. Los bosques fueron esquilmados y las criaturas descubrieron su impureza.

La mayoría se refugió en las montañas más altas pero otras se negaron a abandonar su espacio y optaron por la invisibilidad. Son las mismas que nos extravían los papeles y ocultan las llaves.

La mayoría del género humano olvidó. Son fantasías pueriles, piensan hoy. Los ojos puros de los niños, y de algunos adultos adiestrados en la fortaleza de la inocencia y la bondad, siguen viéndolos o intuyendo su existencia, por eso su recuerdo no ha desaparecido.

Las hadas saben que no todo está perdido. Sin conocer el motivo, cada año el hombre celebra la noche más corta, el cenit de la luz. Forma hogueras, recolecta hierbas para que el rocío las fortalezca o se baña a media noche junto a ninfas de cristal.

Queda un recuerdo atávico de que el mundo no es de ellos.

Si se internan esta noche en un bosque y se guían por la fragancia arbórea llegarán a un claro donde verán estelas de luciérnagas. Síganlas y alcanzarán la fiesta de los gnomos, elfos, faunos, trasgos, ninfas, hadas y duendes. Les acogerán con regocijo.

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Foto propia.

13 de junio de 2007

LA HISTORIA DE AMOR DE YUSAKU Y TERESA

Para Blanca y Andrés por su fuego.

Decían que su amor era tan intenso que el tiempo se detenía a acunarlos y que cada minuto, suspendido, les rendía homenaje.

Llevaban cinco años saliendo. Miguel era un decidido y joven empresario informático, Teresa, soñadora e inquieta, terminaba Ingeniería Técnica en Topografía. Tenían todo planeado, la boda, los hijos que tendrían, sus nombres, pero antes, por indicación de su novio, ella ampliaría en Japón sus estudios en la especialidad de cálculo de distancias con trigonometría.

La distancia avivó, aún más, su amor. Por lo demás, Teresa se adaptó rápido a la vida en Osaka, a los horarios intensos, la comida frugal y a sus compañeros de todo el mundo. Incluso un chico japonés de clase, Yusaku, la pretendía escribiéndole a diario una poesía haiku en español. Le gustaba su rostro que parecía un bosquejo apenas definido como si le correspondiera a ella completarlo con los rasgos que habilitase su fantasía; también, agradecía sus versos mínimos con los géneros cambiados y términos ininteligibles pero nada tenía que hacer, su amor por Miguel era infranqueable.

Así se lo expresó una mañana grisácea, no había futuro para ellos. Teresa atisbó una expresión de honda tristeza en Yusaku, nunca fue consciente de la inagotable paciencia de los habitantes del país del bonsái.

Por navidades tuvo una semana sin clase y decidió regresar inesperadamente a Madrid. Con una botella de sake para la celebración, una espada samurai como obsequio y un desajuste horario adormecedor, se presentó ante la casa de Miguel encontrándola cerrada. Intuyó su presencia cerca y se ocultó en un seto para acrecentar la sorpresa. Regresaba muy elegante entrelazado a una chica con traje de noche. Ante la puerta cuchichearon confidencias, se besaron y, al entrar en casa, apagaron la luz.

Nunca supo cuanto tiempo permaneció oculta ni tampoco como regresó a Japón y sobrevivió perdida por las costas sin alimentarse pero sí deseo con todas sus fuerzas que las gaviotas le arrancaran lo ojos, que el mar abriera sus carnes y que sus últimos despojos erraran náufragos hasta encallar y deshacerse en arrecifes coralinos.

Se hubiera abandonado a la voracidad de su desconsuelo de no ser porque cada amanecer junto al periódico recibía un haiku que debía recomponer. “No es otoña, tampoco flor de almendra, qué significará triszeta”.

Se ocultó para ver a Yusaku dejar el periódico. Su imaginación le dibujó un bigotito de galán de los veinte en el esbozo indefinido de su cara. Comenzó a prenderle cicatrices que atestiguaban un pasado turbulento, a poblarle las cejas o ensancharle la nariz hasta que, en una sonrisa trivial, su rostro tamizado y desnudo, le tocó el corazón. De esta manera trazando y borrando su aniñada faz se dio por perdida o por recuperada.

Rastrearon sus cuerpos buscando milímetros no hollados por besos anteriores, rozaron sus pieles hasta crear un sudor que les definiera. Todo les parecía nuevo y sencillo como si su naciente amor hubiera bruñido mercancías, paisajes y personas.

Juntos, terminaron aquella maestría calculando bien las distancias con fórmulas trigonométricas pero son mejores en el cálculo de proximidades mediante fórmulas epidérmicas de caricias y dulces susurros.

Dicen que cuando están unidos el tiempo se les esfuma y los minutos ni existen.

Foto 1: Castillo de Osaka http://www.trapagon.com

Foto 2: propia. Hojas de acer japonicum.

9 de junio de 2007

BREVE APUNTE SOBRE VIOLENCIA

“No hay malas hierbas, ni hombres malos, sino malos cultivadores” Victor Hugo

Hablamos tan poco del origen de la violencia por qué quizá asumimos que está inserta en nuestros genes desde el comienzo de los tiempos. No es así. Lo que portamos desde nuestros albores es agresividad, la misma que se encuentra presente en los animales y les lleva a enfrentamientos casi nunca mortales, que acaban en retirada y doblegación del rival más débil. La agresividad es un recurso evolutivo de protección de especie.

La violencia, por el contrario, es un producto cultural. Una interacción en la primigenia agresividad para acomodarla a territorios, credos, ideologías o creencias personales. Es multifacética, brutal e ilimitada. Todos conocemos ejemplos.

Queda claro que la mejor forma de minimizar la agresividad innata es la educación y el mejor periodo, la infancia.

Para erradicar la violencia no es preciso aguardar una nueva evolución ni que dos insectos provenientes de lugares remotos se vislumbren sin luchar.

Foto propia. La considero mi mejor macro, recomiendo ampliarla. Villatobas, Toledo.

1 de junio de 2007

EL BOTÍN DEL PIRATA

“Cada acto tiene su explicación, todo lo que hacemos guarda un sentido.”

Aunque no le gustaba la serie comprendió esa frase del detective bigotudo. Todo tenía un significado. Miró a su hermana que estaba absorta frente al televisor, mordisqueandose el pelo sin perder detalle. Pensó que no tendría ganas de jugar con él.

Decidió jugar a los piratas. El lóbrego piso sería la Isla Oscura, la que tiene los acantilados imantados para desviar el rumbo de las naves corsarias y, así, impedir que encuentren su codiciado tesoro. Sería un pirata náufrago, último superviviente de una fragata cañoneada por los franceses.

Buscaba el tesoro entre una maleza de sillas pero en la isla traicionera no encontraba nada más que desolación, soledad y hambre. Con sus fuerzas menguadas el joven pirata trepó al armario porque sólo le quedaba revisar las oquedades de ese acantilado que enloquecía a las brújulas. En la parte superior encontró los caramelos prohibidos, la pistola de papá y una caja metálica de galletas.

- ¿Por qué esconden aquí todo esto?, se preguntó.

Recordó la frase del detective con mostacho y se dispuso a hallar una explicación.

Con los caramelos, sin duda, querían protegerlo para que no se empachara. Los dejó donde estaba y sólo guardó en su bolsillo diez como mínimo derecho de pillaje. Atrapó la pistola y la sopesó entre sus manos. Noto que se ponía tan nervioso con ella que el corazón le subía a la garganta. Decidió dejarla. Pensó que su padre, aún siendo muy valiente, tenía miedo y que por eso ocultaba el arma. Le funcionaba la lógica del detective.

Al abrir la caja metálica encontró gran cantidad de viejas fotografías. Desconocía las personas que le sonreían desde lejanas épocas, atrapadas en un desvaído blanco y negro. Se estremeció al verse él entre ellas. “Soy yo pero a la vez no lo soy, estoy raro y no conozco a nadie”. Siguió pasando fotografías hasta que descubrió una en la que aparecía junto al abuelo cuando éste tenía sombrero y era más alto. Reconoció a su progenitor. “Es papá con el abuelo. ¡Pues era idéntico a mí, que copión!”

–¿Por qué oculta papá estas fotos, qué explicación daría el detective de la tele?, se preguntó mientras bajaba del armario.

En la plácida quietud de aquella calurosa tarde, el joven pirata comprendió que había mayores que decidieron esconder al niño que una vez fueron, creyendo que sería mejor afrontar la vida adulta con la infancia atrapada en cajas metálicas ocultas en cavidades de un acantilado maldito que confundía a los navegantes.

UN CULTIVO Y UNA TORMENTA

Lo de arriba es un cultivo de pimiento recién plantado. Como apreciarán la tubería de goteo va entre dos líneas de plantas y está resguardada por un plástico para que la raíz esté caliente y la planta crezca deprisa. De hecho, antes del desastre ya tenían el doble del tamaño de lo que se aprecia en la fotografía.

Ante ustedes los restos de la tormenta que dejó cerca, en Alcázar de San Juan la cantidad de 240 litros por M2 (cantidad idéntica a lo que les llovió en todo el 2005). Aquí fue menos intensa pero tuvo granizo. La foto fue tomada aproximadamente a las 15:30, en plena tarde.

Este es el aspecto que tiene ahora, afortunadamente ni la tubería ni los plásticos fueron afectados pero los pimientos perdieron las hojas y casi la totalidad han muerto. La buena noticia es que el cultivo estaba asegurado y será replantado en los próximos días.

Fotos mías, recomiendo ampliarlas para apreciar los daños, especialmente la de la tormenta.