30 de julio de 2007

NATURALEZA ÍNFIMA

Acabó el equilibrado brillo del melón y esperó al secado de su obra maestra mientras se limpiaba, pulcro, con esencia de trementina.

El resto de la tarde transcurrió suspirando de cansancio e imaginando su nombre.

Al ocaso decidió llamarla Naturaleza muerta.

En las cordilleras de las pinceladas, por los vastos manglares del barniz, millones de ácaros y otra diminuta fauna estaban en franco desacuerdo.

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Cuadro: Willem van Aelst - Naturaleza muerta con frutas

27 de julio de 2007

MIS PRIMERAS HORAS EN GUATEMALA

Agotado como sólo se está tras una boda a la española y una semana de nervios y desvelos, así estaba en Barajas, esperando un vuelo que partiría a Guatemala a las 5:00AM, el único cancelado. Mi esposa, que vale un Potosí, lo trocó por otro horas más tarde. Así que intentaba dar una cabezada en uno de esos bancos diseñados para no darlas.

En la maleta portaba un diseño de prejuicios europeos junto a unas reputadas frases de Séneca para que mi reciente familia comprobara que era hombre de luces. El vuelo fue cómodo, unos excesos bravucones de los cubanos miamizados y una sala ínfima para hacer escala. Lo normal.

Al pisar suelo guatemalteco percibí una vaharada de humedad. Anochecía, la ciudad era acariciada por una mansa y tibia lluvia. Conocí a mi nueva familia. Adoro la lluvia, de modo que tras los saludos me separé para mojarme un poco. Respiraba frescor hasta que una indígena con una criatura me sacó de mi ensimismamiento con el delicado método de removerme las posaderas con su paraguas y ofrecerme lo que entendí que era una incitación a la pederastia. Más tarde entendí que la frase "quiere chuchitos señor" no tenía nada de procaz, ni es diminutivo alguno; que en realidad se trataba de un tipo de comida que me quedé con ganas de probar. Sucia mente de europeo urbanita.

En el camino a casa vi un cartel de una señora fea, se llamaba Betty y me dijeron que era una telenovela de gran éxito. Pensé que jamás pegará esta serie en España. Exactamente un año después, rudos camioneros y bravíos albañiles demoraban con disimulo su almuerzo para seguir los desvelos amorosos de Betty y su cuadrilla.

Hubo una animada charla pero por cansancio no saqué a Séneca de la maleta. La noche fue especial. Anteriormente me advirtieron que por la casa solía verse el espectro de una niña pelona. Eso favorece mucho la continencia urinaria nocturna. Si a ello añadimos el desajuste horario, los petardos, unos gallos emocionados en la alborada y un grito de "está ardiendo el Empire State", comprenderán que dormí poco o nada.

Subí las escaleras para comprobar que le pasaba al emblemático edificio. Era el World Trade Center, contemplé estupefacto y acongojado la tragedia. Desvié un momento la vista de la televisión y fijé mis ojos en una enorme iguana. Hasta ese momento mi relación con los saurios había sido olímpica: uno de los dos corría. Pero el bicho verde estaba en sus dominios y se escoraba no se si como desprecio mayúsculo o para arrearme un coletazo. Acabaron presentándomela y hasta me atreví a tocarla.

Abrí una ventana para espabilarme. Y lo hubiera conseguido de no ser porque el volcán Pacaya en lontananza exhalaba ceniza. Decididamente el mundo se iba al garete y yo, como de costumbre, fuera de juego. En casos similares uno recurre a sus padres y el mío es pura magia. Llamada a España, Andalucía, Jaén.

- Hola papá, hemos llegado bien. ¿Estás viendo lo de la tele o estoy soñando?

- Sí, se han caído, que barbaridad. He preparado un gazpacho muy rico.

Esperanza. A pesar de las amenazas, los vuelos suspendidos, la incertidumbre y el hipo histórico. El gazpacho simbolizaba el fluir cotidiano, una brecha al apocalipsis. Desayunamos y fuimos a un mercado donde el cansancio acumulado y, sobre todo, los colores exultantes consiguieron casi mi desmayo. ¡Qué fogosidad visual!

Aquella luna de miel estuvo rebozada en un aire cataclísmico. No se hablaba de otra cosa que del once de septiembre y sus consecuencias. Anduve todo el viaje con el pie cambiado, quería invitar a mi familia a mesones que eran burdeles, y lo que yo creía lascivos lupanares eran exquisitos puestos de venta de tamales. No me pudieron conocer bien.

Así y todo, la tierra café, sus variadas etnias, el gracejo de su entonación, los paisajes con lagos y volcanes, penetraron mi poros de manera tan profunda como para sentirlos propios. Es posible que me hubiera pasado igual si otro hubiera sido el país que visitara pero Guatemala me parece un exquisito resumen de lo que es toda Latinoamérica; por ello, en ella, sintetizo mi sentimiento por todas aquellas tierras.

El día quince, visto que del cielo no caían centellas, fuimos a Sierra de las Minas, donde la flora vive en continuo éxtasis y presiento la existencia de poblaciones aisladas de duendes. Allí, quizá, comenzó a forjarse Goathemala.

De regreso nos emocionamos cuando el avión, en su despedida, raseó las casas con tejados de fibrocemento y depósitos negros. Desde el aire vislumbré a unos chiquillos jugando al fútbol de mi niñez: con porterías de piedra. Despues nubes y violentos volcanes emergiendo en ellas.

Creíamos que regresaríamos al año siguiente, por causas muy diferentes no ha sido posible. Volvía con los ojos cuajados de verdes, sonrisas mayas y gratitud. Del equipaje llegaba un tono sordo. No me preocupé. Sabía que era Séneca roncando por falta de uso.

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Foto: http://www.flickr.com/photos/freddymurphy/

20 de julio de 2007

EL MULO TIZNADO

Arreciaba la tormenta, fulgurantes latigazos acuáticos encrespaban las monturas mientras el arriero maldecía su extravío por esa sierra del demonio. "Maldita la hora en la que desvié la ruta para tomar este atajo inútil". La oscuridad de café amargo ya ni siquiera interrumpida por relámpagos, acongojaba como un tormento. Deambulaban atados entre sí para controlar el pánico de las mulas, incluso él mismo había ceñido una soga a su cintura.

Dispuso remontar un altozano por si desde allí se atistaba una luz. Ascendieron entre lascas y jaras, temeroso de rayos y blasfemando. A media legua se vislumbraba un destello de venta u hospedería y hacia ella encaminó su reata.

Cerca estaba ya de alcanzarla cuando Carbonero, el viejo mulo tiznado, que encabezaba la comitiva, se detuvo y ni con palmadas ni con improperios avanzaba. El animal decidió no dar un paso más. No era la primera vez que se las veía con su terquedad pero aquella situación le rebasaba, la mercancía se depreciaría por la obcecación de la bestia. Presa de una turbulenta furia, el arriero, aferró su navaja y de un tajo profundo y circular degolló al mulo que se desmoronó con una cadencia hogareña como si entendiera que su última cometido era morirse.

Sería complicado distribuir la carga del animal muerto, por ello decidió pasar lo que quedaba de noche allí mismo y pedir posada al alba.

Clareaba una mañana sin lluvía. El arriero desentumecía las extremidades embotadas cuando contemplo estupefacto que estaba ante un abismo y que la terquedad de la bestia los había salvado a todos del precipicio.

Demudado alcanzó la venta, malvendió su mercancía y con ella erigió, como homenaje, una lápida que acabó siendo polvo a golpes de temporal y olvido.

Foto propia, Torca del Lobo

19 de julio de 2007

UNOS ENCANTADORES AMIGOS

El pasado fin de semana disfrutamos como pocas veces. A pesar del repunte de trabajo quisimos acompañar a nuestros amigos Max Estrella y compañera, a una exposición sobre el genial escultor Salzillo en Murcia.

Apenas un día pero nos dio tiempo para bañarnos en el Mediterráneo y en el Mar Menor, tomar unos baños salutíferos de lodo, zamparnos un delicioso caldero de arroz, disfrutar una siesta, cenar en un lugar encantador, pasear por Murcia capital. Y, por supuesto, ver la exposición.

Max, es un hombre de vasta cultura, nada extraño en una persona tan estudiada que siempre está enredando con libros y proyectos, pero lo mejor es que adereza su sapiencia con una humildad que asoma convertida en inocencia por sus ojos. Las horas vuelan con él, tratamos los temas más diversos, damos saltos con fruición y ninguna materia queda abandonada sin que Max exponga algo cautivante y razonado. Decididamente somos dos almas paralelas.

Y su compañera es natural, amable y muy generosa. Es una preciada amiga de mi esposa y gracias a ellas nos conocimos.

Quede esta nota como parco agradecimiento a vuestra cortesía y buena disposición. Esperamos volver a veros en unas semanas.

Al fin, regresamos el lunes con las cabezas despejadas.

Este sábado marcharemos a la bella Barcelona, la táctica de viajar el fin de semana, cuando se está muy ocupado de lunes a viernes, parece que da resultado: refresca la mente.

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Foto propia en clave alta.

13 de julio de 2007

EL HOMBRE QUE SILBABA

"Verán señores, si se adentran en el bosque han de saber que años atrás lo hizo un tal José Fresnedal, natural de Santa Elena, hombre cabal, meditabundo y quimérico, dicen que se refugió en la arboleda para olvidar unas penas amorosas y que, debido a su extravío o a lo extremo de su soledad, distrajo al dolor silbando.

Aseguran que eran tan lánguidos sus tonos, tan bellos sus acordes que los pájaros, confundidos, les hacen orquesta con sus trinos y que esa amenísima música no puede oírse sin perder la cabeza, de modo que ya no se desea salir de allí. Por eso verán dentro personas pálidas y como poseídas que deambulando lo buscan.

Así que advertidos quedan, espero que sea más abundante su precaución que su osadía"

Acongojados, sin discernir la clase de broma o de leyenda que acababa de contarnos aquel enjuto y aceitunado anciano, nos adentramos en la espesura con las manos enlazadas. En ellas aprisionábamos un retazo de tela áspera por si llegara el caso de ser necesario taponarnos las orejas.

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Foto: Nahuyaca.

12 de julio de 2007

LA MARIPOSA Y LA LAVANDA


Mezcláronse.

Ahora, la mariposa

huele a lavanda

y la lavanda a mariposa

 

Foto: propia. Se trata de un ejemplar del bosque de las mariposas. Recomiendo ampliar (153Kb).

9 de julio de 2007

EL NIÑO DEL MUSEO DEL PRADO

Traumáticos fueron mis primeros meses en Madrid en la Calle Cervantes. Durante aquel periodo, en que no conocía a nadie, exploré el nuevo barrio formado por un sortilegio de edificios adustos donde vivieron Cervantes, Lope de Vega, Quevedo o Góngora pero lo que realmente me impresionó fue conocer que a dos minutos tenía el Museo del Prado y que, además, en aquel entonces, la entrada era gratuita.

Lo visité cada tarde durante casi un año completo, la mejor hora era tras el almuerzo ya que apenas había nadie. Me animaba cierta petulancia y también un deseo fascinante de búsqueda de belleza. Sentado, ante una obra cualquiera, la contemplaba absorto mucho tiempo. Extraña era la ocasión en la que tenía información de la misma, salvo unas semanas en las que, con un libro prestado, descubrí la mitología de las obras de Rubens.

Con un total desconocimiento me fui haciendo una lista de obras y pintores favoritos. Los que más me gustaban eran los pintores flamencos porque estaban en una estancia casi independiente y porque su cromatismo era muy vivo, diferente del tenebrismo español (que con el tiempo también me acabaría gustando mucho).

Quizás las obras a la que dediqué más tiempo fueron El triunfo de la muerte de Pieter Bruegel, espeluznante obra maestra, atemporal, que recalca tanto nuestra mortalidad que abruma. En ella, en la esquina inferior izquierda, un esqueleto muestra un reloj de arena a un rey. "También a ti, oh poderoso, te llegará el momento en que estaremos a solas y todo tu dinero y poder no valdrán nada". Recuerdo esa esquinita cada vez que compruebo a un todopoderoso obrar por encima del bien y el mal. Acabará siendo un personaje de este cuadro.

El triunfo de la muerte. El descendimiento de la cruz

La otra es El descendimiento de la cruz de Roger van der Weyden, un formato extraño que preside Cristo en el centro y que dos figuras retorcidas enmarcan formando un curioso paréntesis, son San Juan y María Magdalena. Las dos figuras diagonales son María y Cristo. Ni imaginar quisiera lo que disfrutaría Dan Brown. Lo que más me llama la atención es el contraste entre la profunda señal de abatimiento de todos los rostros y el colorido de sus ropajes, la palidez del desmayo de María, aún mayor que la de su hijo. Tan grande es su dolor que aparenta estar más muerta, su mano inerte casi roza una calavera. Gólgota en hebreo significa calavera, conforme a la tradición es la de Adán porque de esta manera, con la muerte de Cristo, se lava el pecado original. ¿Existe una forma más exquisita y dulce de decirlo que con la mano de su madre desfallecida?

Acabé conociendo cada recodo del museo, cada obra. Sin entender nada de arte impresionaba vacuamente a cada acompañante que venía a visitarnos. Entiéndanlo, tenía trece años. Cada vez que regreso me incomoda que muevan las obras de lugar porque me confunden; ahora sé que debo volver pronto porque hay una exposición de Patinir, mi paisajista favorito.

Mi frágil naturaleza hace que no pueda evitar sentir mío ese museo y, con él, todo el Barrio de las Letras. Uno pertenece a donde vive su infancia y su juventud.

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Mi amigo Tanino me citó hace unos días para que expusiera algo de mí. He preferido saltarme las reglas del meme en favor de este pasaje autobiográfico. Creo que lo disfrutará más.

8 de julio de 2007

LA ACHICORIA

La achicoria

harta de tomar café

bebe su raíz.

Foto: propia, en HDR. Una de las escasas flores azules, la achicoria, planta cuya raíz molida y tostada es un sucedáneo del café. Es muy común en la Península Iberica. Recomiendo ampliar (78Kb).