15 de agosto de 2007

FÁBULA Y DESPEDIDA VERANIEGA

Propuso el hada del bosque regalar tiempo al animal que superara una prueba. Optaban al premio una liebre, un cuervo y una tortuga.

- Se deberá llegar al roble de la colina…

Intentó decir el hada sin poder terminar porque apenas fijó el objetivo arrancó el vuelo del cuervo y la estampida de la liebre.

Llegaron tan igualados que interrogaban, asfixiados, al hada "¿Quién ha ganado, quién ha ganado?".

- Es preciso esperar al otro contendiente, exclamó el hada.

- ¡Buah, la lenta! – exclamó el ave -.

- ¡Nos dormiremos esperando! – confirmó el mamífero-.

Ocho horas más tarde la tortuga alcanzó el roble de la colina. El hada despertó a sus oponentes y concluyo:

- Se deberá llegar al roble de la colina contando los árboles que hay en el camino de tierra amarilla. ¿Quién lo hizo?

La liebre se miró las patitas y si bien estaban amarillas no recordaba haber visto ningún árbol. El cuervo se sacudió el polvo amarillo de sus plumas y se estrujó, sin éxito, la mente recordando el número de árboles que sobrevoló.

La tortuga respondió:

- Tres encinas, cuatro castaños, el nogal en que dormí una siestecita y el roble bajo cuya sombra estamos. Nueve, en total nueve árboles.

- Queda claro que el ganador es la tortuga - aseveró el hada - ahora responded animalitos, en qué aplicarían el tiempo si hubieran ganado. La liebre saltó y exclamó:

- Si tuviera más tiempo buscaría un frondoso árbol bajo cuya sombra haría una madriguera fresquita.

El cuervo, grazno:

- De haber ganado emplearía el premio encontrando una rama ventilada para hacer un nido y pasar el verano sin calor.

El hada premió a la tortuga con más longevidad, esa es la razón por la que viven más tiempo que otros animales, pero no pudo evitar preguntarle en que invertiría el tiempo ganado.

La tortuga miró inquieta y asustada al hada.

- No sé. ¿En gastarlo?

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La moraleja queda para ustedes. El tiempo es una batalla perdida de antemano. Me inventé esta fábula como despedida estival basándome en la conocidísima de Esopo.

Quiero tortuguear un poco que ya liebreé y cuerveé lo mío en lo que va de año. Buscaré sombras, escribiré descalzo en las arboledas, fotografiaré hadas, animalitos o menudencias, leeré en las arenas mediterráneas y en los bosques del norte. También les visitaré aunque es posible que no deje rastro.

A mi regreso, en la segunda semana de septiembre, mi bitácora cumplirá un año. Es casi seguro que les reitere, en su momento, el agradecimiento que anticipo ahora: agradezco, de corazón, el tiempo dedicado a esta decantación de mí ser que es La tierra de los árboles .

Gracias por pasar, gracias por sembrar árboles en forma de comentarios y conformar un espeso bosque, gracias por aportarme consejos y ser siempre tan amables.

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Dibujos de los pequeños artistas: http://hall.gresham.k12.or.us/esl/lit1es.html

8 de agosto de 2007

EL ESCRITOR ANÓNIMO

Son tantos mis años que su recuerdo duele, así que, permitidme el eufemismo de decir que tengo la suficiente edad como para recordar el río que zigzagueaba mi poblado, los reflejos danzarines que dejaba en las casas de adobe cuando el sol le daba de determinada forma, los árboles que le recibían acurrucados, agradecidos, sin abandonar su curso hasta que, con los años, sus aguas menguaron y acabaron esfumándose y con ellas, la arboleda, como si vivieran una historia de amor de truculento desenlace; tantos años los míos, que recuerdo como, apartados de allí, resistieron más tiempo las albizias y los carambucos pero la guerra, que siempre mancilla estos campos, los hizo astillas en ejercicios de tiro con proyectiles de repetición y obuses que lanzaban contendientes cegados de odio y droga; los mismos que saquearon mi negocio de harinas y lo hicieron cenizas; los que amedrentaron a sus habitantes y me obligaron a huir amenazado media existencia, hasta que hastiados y quejumbrosos mis huesos vinieron a dar a esta sucia calle de Wagenia donde me importa ya una única cosa: escribir.

Quiero ser la conciencia verde de mi pueblo, la vaporosa memoria del equilibrio perdido. Mis textos, escritos entre inmundicias podrán ser palabras barridas por el viento pero me otorgan la más dulce de las sensaciones, evocar mi pasado, degustar recuerdos, llorarlos, habitarlos de nuevo, revestirlos de la dignidad perdida.

Ante todo, escribir me transporta a un estado superior e intuyo, que en este delirio que me arrastra, la soledad no existe.

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Es una ficcion inspirada en una historia real que me impresionó, la de un escritor indigente que escribe en un basurero de una calle africana de Kinshasa. He tenido el atrevimiento - diría que casi desvergonzado - de escribir sobre él porque necesitaba rendirle un homenaje y más desde que desapareció. Espero que continúe en otro lugar cualquiera con sus textos. Agradezco a Ale su bellísima entrada y cuantas noticias nos pueda dar del escribano anónimo. El mundo lo honran personas así.

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Foto: Ale (gracias). Pared encalada en la que solía escribir.

COMO FORJAR UN MARERO

Siempre que leo lo que escribe mi amiga Ana me queda la grata sensación de leer un periodismo comprometido que ya perdimos; un periodismo que no está pendiente de subvenciones, publicidades, influencias, ni halagos. Su espacio haría de inmediato acallar a todos aquellos que minusvaloran la utilidad del mundo de la blogosfera.

Lo que he leído esta mañana acerca de la formula prescrita para formar un marero no tiene desperdicio ni por la ironía y sensibilidad social que atesora, ni por la verdad que proclama.

2 de agosto de 2007

PARTE DE ESTÍO

Crepitan las plantas bajo un sol inclemente, tan sólo algunas afortunadas se mantienen verdes y sufren el asedio de sedientos insectos. Faltan semanas para que el siroco venga cargado de humedad marítima y rompa en tormentas, ahora es el mismo que unos cientos de kilómetros al sur moldea dunas y extravía nómadas.

Se cumple el ciclo. En este hemisferio, la vida eclosionó y los animales trabajan a destajo.

Avispilla inquieta
La flor de la avispilla.
campo reseco Naturaleza aparentemente muerta
Planta centarura el 01-08-2007 La misma centaura el 26-06-2007
Hormigas recolectando azúcares y savia Nos miran: avispa y pulga a su izquierda.


Y el ser humano, tan distinto, necesita ahora lo contrario, descanso. Como el reposo azul que nos aguarda unos días en el Mediterráneo y que después será verde y frondoso porque marcharemos a otro lugar del norte ibérico (de este último no tengo fotos). Será a finales de mes. Queda poco.

La hora azul del atardecer mediterráneo En reposo.
Ola rompiendo. Pinares y ensenadas



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Fotos propias. Ya saben, recomiendo ampliar porque son de escaso tamaño.