Esperando ser descubiertos, en una húmeda cueva de Toledo, unos legajos se descomponen.
Detallan el formidable viaje que realizaron a nuestros días tres hidalgos y del cual nada más retorno uno. En secreto se hicieron los planes y en secreto se destruyó el artefacto cayendo todo al olvidó pues aunque esperanzadores fueron los resultados, cierto rumor llego a quien no debiera y los brazos de la Inquisición eran largos y sus orejas estaban por doquier. El artífice de la idea, Juanelo Turriano abandonando todo el proyecto, se dispuso a diseñar su hombre de palo, maquinilla sorprendente pero inocua a ojos inquisitoriales. Antes exigiría al hidalgo que le describiera por escrito y sin mencionar nombre alguno todo lo visto en su corto periplo por si la ventura abría unos tiempos mejores en los cuales estos inventos no fueran considerados demoniacos.
No sabemos cuanto tiempo más perdurarán estos pútridos papeles en descomponerse del todo. Mirados a día de hoy y esforzando un poco la vista quizás podríamos salvar las siguientes frases.
"Sepa vuesa merced que no me fui a la esquina a atorarme de vino e inventar fabulaciones (ilegibre) la empresa que decía sin riesgo ha salido muy riesgosa ya que quedé yo conmigo mismo y vuesa merced escabullo dos cristianos en la negrura de los tiempos, haga sus calibraciones para traerlos (omito el insulto).
La villa la pueblan más unos carruajes metálicos guarecidos que los ciudadanos. No tienen animal ni bestia que tire de ellos que no sea un mozo o moza que en su interior aferra una rueda pues los que se mueven lo tienen y los quietos no. Son harto ligeros y ronronean (carcomido)
Las escasas personas que no montan este ingenio parecen escapar de la guerra de tan rápido caminan. Tienen alto el talle, la tez lívida de no conocer sol ni faenar los campos, van furibundos sin atender a saludos, no visten sayas, calzas ni capas sino ropajes extraños en los que no es fácil distinguir al señor del vasallo. Son pocos los barbados, menos los mendigos, por contra las damas son numerosas y tan desenvueltas y juiciosas que intimidan y, créalo, las hay que visten como varones. No vi jumentos, ni bueyes, ni chinches, mas sí gatos orondos y, extraña cosa, perros amarrados de cadenas que son paseados.
No existen huertas dado que toda la superficie de la villa es de materia negra para uso de los carruajes pues si uno la ocupa es imprecado de inmediato por ellos armando gran estruendo como de quejido de puerco en matanza. El idioma es el mismo y no lo es al mismo tiempo. Se grita más que se habla (manchado)
Traigo como presente un minúsculo cofre con números arábigos que debe ser cosa preciada por la oposición que se me puso al requisado puesto que tuve que mostrar mi puñal florentino. Los hay que le hablan y si lo observa con detenimiento vera preciadísimos colores como de gemas y las caracteres NOKIA cincelados con donosura".
Hasta aquí el primer pliego. Queda más pero la vista se me cansó y esto va quedando largo. Hay quien dice que aquel hidalgo murió al poco con las vísceras trastocadas, Juanelo asegura que se hizo rico aprovechándose de algo que vio y no quiso escribir y que se marchó a Flandes o a Cuba. A saber.



