Decían que era tan tonto que sería incapaz de diferenciar lo salado de lo dulce. Así pensaban sus compañeros y superiores, por eso desempeñaba el peor trabajo: vigilante nocturno de una entidad financiera. El aspecto oblongo, laxo, como de fruta pasada, el cabello escaso, mal peinado, las gafas de pasta y el habla dubitativa hacían poco por ponerle en el grupo de los inteligentes, ni siquiera en los normales.
Cada vez que le relegaban a los peores turnos como las noches de lo festivos mostraba unos dientes de subnormalidad y acatamiento simplón. Como era habitual que ni siquiera le pagaran extra por esos horarios fue fácil imponerle trabajar veinticuatro horas desde la tarde de Nochevieja a la del primer día del año nuevo. Así tendrá tiempo para digerir las uvas comentaron, entre risas, sus camaradas.
El compañero que le reemplazaría, además del llegar dos horas tarde, se permitió la gracia de asustarlo, motivo por el que se colocó una máscara de mono, un gorrito de Papa Noel y entrando sigiloso a la garita de vigilancia gritó ¡IAAAAAAA!
El alarido rebotó por los estancia vacía, por los espacios ausentes de huellas, por la caja fuerte desvalijada, trepó a las cámaras opacas y bajo a los suelos sin pisadas.
Fue un tembloroso simio navideño el que se llamó a sus superiores diciento con voz de falsete “nos han robado”. Al poco tiempo éstos tranquilizaban a la policía y a los de la aseguradora, “verán, nuestro empleado no está sobrado de luces y dejará pistas para ser atrapado”.
Y fue cierto, dejó tantas que los investigadores se quedaron atolondrados y sin medios para cubrir la treintena de destinos para los que compró boleto de avión y tren aquella primera mañana del año. Todo el personal de los transportes, azafatas, revisores, expendedoras, estaban demasiado desvelados o resacosos como para recordar si lo habían visto.
Al ritmo al que leen estas líneas, en una playa caribeña un señor rapado y un poco fofo apura un margarita y pide el segundo. Mientras el solícito camarero se aleja se pregunta ¿qué sabor tenía, era dulce o salado?
De cualquier modo, se tranquilizó pensando:
– Tengo dinero de sobra para comprobarlo.
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Foto propia de una mesa de aluminio mojada por la lluvia (sin nada que ver pero me gusta).
¡¡¡FELIZ 2008!!!

