31 de diciembre de 2007

LA NOCHEVIEJA DEL “TONTO”

Decían que era tan tonto que sería incapaz de diferenciar lo salado de lo dulce. Así pensaban sus compañeros y superiores, por eso desempeñaba el peor trabajo: vigilante nocturno de una entidad financiera. El aspecto oblongo, laxo, como de fruta pasada, el cabello escaso, mal peinado, las gafas de pasta y el habla dubitativa hacían poco por ponerle en el grupo de los inteligentes, ni siquiera en los normales.

Cada vez que le relegaban a los peores turnos como las noches de lo festivos mostraba unos dientes de subnormalidad y acatamiento simplón. Como era habitual que ni siquiera le pagaran extra por esos horarios fue fácil imponerle trabajar veinticuatro horas desde la tarde de Nochevieja a la del primer día del año nuevo. Así tendrá tiempo para digerir las uvas comentaron, entre risas, sus camaradas.

El compañero que le reemplazaría, además del llegar dos horas tarde, se permitió la gracia de asustarlo, motivo por el que se colocó una máscara de mono, un gorrito de Papa Noel y entrando sigiloso a la garita de vigilancia gritó ¡IAAAAAAA!

El alarido rebotó por los estancia vacía, por los espacios ausentes de huellas, por la caja fuerte desvalijada, trepó a las cámaras opacas y bajo a los suelos sin pisadas.

Fue un tembloroso simio navideño el que se llamó a sus superiores diciento con voz de falsete “nos han robado”. Al poco tiempo éstos tranquilizaban a la policía y a los de la aseguradora, “verán, nuestro empleado no está sobrado de luces y dejará pistas para ser atrapado”.

Y fue cierto, dejó tantas que los investigadores se quedaron atolondrados y sin medios para cubrir la treintena de destinos para los que compró boleto de avión y tren aquella primera mañana del año. Todo el personal de los transportes, azafatas, revisores, expendedoras, estaban demasiado desvelados o resacosos como para recordar si lo habían visto.

Al ritmo al que leen estas líneas, en una playa caribeña un señor rapado y un poco fofo apura un margarita y pide el segundo. Mientras el solícito camarero se aleja se pregunta ¿qué sabor tenía, era dulce o salado?

De cualquier modo, se tranquilizó pensando:

– Tengo dinero de sobra para comprobarlo.

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Foto propia de una mesa de aluminio mojada por la lluvia (sin nada que ver pero me gusta).

¡¡¡FELIZ 2008!!!

24 de diciembre de 2007

CUENTO DE NAVIDAD PARA UN EMIGRANTE

Hielos Le dio la providencia un rostro aindiado y un razonar próvido pero le exigen tres euros para pernoctar bajo el puente. Al no tener la certeza de tenerlos se acurruca al raso, en una plaza, protegiéndose por cartones y el ramaje de un abeto. Vive de lavar algún auto y rebuscar en las basuras lujosas.

Cuando la escarcha maquilla de lividez la ciudad, el frutero Pascual regresa de comprar género en el mercado provincial, observa el vaho que se escapa del cartonaje amontonado frente a su negocio y recela. Hace meses le robaron en la tienda pero el señor avejentado que duerme allí no parece de ese tipo de gente. Le mira desentumecerse bajo el enclenque sol y abandonar el lugar de sus sueños impecable. Pascual suele afrontar sus temores y aunque sea por pura curiosidad decide realizar el atrevido acto de regalarle una piña.

Tras una breve charla recibe un cúmulo de sorpresas sobre la fruta: se llama anana, es desintoxicante, vermífuga y en decocciones es idónea para la faringe. Para colmo Genaro, que así le dice llamarse, afirma que tomándola se aseguran veinticuatro horas de buen humor. Regresa Pascual con la certeza de que el extraño indigente mezcla realidad y fantasía, en cualquier caso se lo contará a Doña Julia, clienta melancólica, que con los fríos se queja de la garganta.

La mañana siguiente encontró la acera barrida y a cambio le entrega unos melocotones que Genaro llama duraznos. Le asegura que en China son símbolo de inmortalidad pues en tiempos del Emperador de Jade existían personas inmortales que se alimentaban con ellos. Sostiene Pascual que le vendrán bien a la señora Aitana que padece achaques de vejez.

Cada mañana se intercambian frutas por conversaciones donde la magia y la propiedades científicas se entrelazan. Conversaciones que, en cualquier caso, son hábilmente divulgadas en la tienda.

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En poco tiempo, la frutería aumenta la clientela y Pascual, desbordado, acaba contratando a Genaro y se persuade de presentar la documentación para regularizarlo apenas pasen las fiestas. El emigrante por su parte, con un anticipo, alquila un cuarto humilde en un piso compartido. Tras dos meses de intemperie, una crema que alivia sus sabañones y una cama le trae una certera idea de lo que debe ser la gloria.

¿Observaron ustedes el silencio contenido que se adueña de las calles en Nochebuena? Durante unas pocas horas la ciudad ronronea como un gato gigante.

Quiero que sepan que en la de este año, unos niños tomarán por primera vez plátanos para garantizarse buenos sueños y resistencia con los juguetes, a tres calles una señora malhumorada prueba piña porque tampoco se pierde nada por no hacerlo, medita gruñendo; a su lado, su marido mastica una manzana fantaseando que los leves ácidos le hacen ser un intrépido navegante de los mares. En el otro extremo de la urbe una soltera se ríe de la edad probando naranjas antioxidantes ante un espejo y el vecino de arriba, que la ama con pasión y secreto, disuelve su timidez saboreando granadas.

En la quietud de los hogares, sobre las mesas suntuosas donde nada falta se tejen telarañas de magia y aromas frutales. Todas nacieron de un emigrante que no tenía tres euros para dormir bajo un puente.

Ahora mismo. Esta noche. En este preciso instante, paladea en soledad una chirimoya, fruta que como todos ustedes saben, atempera la melancolía por la lejana tierra.

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Fotos propias, si amplían la de arriba verán que es hielo lo que cubre las hojas y no nieve. Lo utilizamos en otra computadora como fondo de pantalla.

20 de diciembre de 2007

RUMBO AL SUR

Campiña En unos días bajaremos al pueblecito blanco de Jaén donde nací. Está en ese valle de la foto, oculto, casi comido, por los olivares. Allí pasaremos las fiestas con la familia en un ambiente bastante relajado. Subiremos unos días la semana próxima para volver a bajar a finales de año. No podré visitarles bien pero publicaré aunque sea un magro "¡Feliz 2008!".

Estaré en una breve pero deliciosa incomunicación. Espero aprovechar para pasear, leer y escribir. Me calentará una lumbre de leña de olivo y paladearé pan con aceite de oliva virgen extra y tomate.

Hasta inicios de año, repliego mi mente en pensamientos positivos que sé que tienen la cualidad de contagiarse. Destierro los noes y esos malos rollos que a veces se adhieren en el trabajo y cuesta mucho desprenderlos. Si eso significa aislarse, con gusto me aislo que ya vendrá de bruces enero con sus fríos, sus rebajas y su eterna pendiente. Si significa ser niño, me infantilizo con gusto, que eso me cuesta poco esfuerzo y, además, ¿acaso hay una mejor época para hacerlo?

Les deseamos tanto mi esposa Nahuyaca como yo una Feliz Navidad.

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Foto: propia.

15 de diciembre de 2007

EL ESPEJO CHINO

PB183404-2 [1024x768] Un campesino chino se fue a la ciudad para vender su arroz.

Su mujer le dijo

- Por favor, tráeme un peine.

En la ciudad, vendió su arroz y bebió con unos compañeros. En el momento de regresar se acordó de su mujer. Ella le había pedido algo, pero ¿qué? No podía recordarlo. Compró un espejo en una tienda para mujeres y regresó al pueblo.

Entregó el espejo a su mujer y salió de la habitación para volver a los campos. Su mujer se miró en el espejo y se echó a llorar. Su madre, que la vio llorando, le preguntó la razón de aquellas lágrimas.

La mujer le dio el espejo diciéndole:

- Mi marido ha traído a otra mujer.

La madre cogió el espejo, lo miró y le dijo a su hija:

- No tienes de qué preocuparte, es muy vieja.

Jean-Claude Carriére. Historias mínimas. Ed. Austral Narrativa Nº 527. Pag. 371

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No es lo habitual en mí pero en ausencia de tiempo y hasta que me decida a escribir algo subo esta corta historia llena de significado y humor.

Foto propia, Laguna del espejo (Zaragoza) ¿Donde está la ermita?.

7 de diciembre de 2007

LA FOTOGRAFÍA (y yo)

Lo que sé de fotografía se debe al año en que estuve mitad enfermo, mitad ocioso y me dediqué a aprenderla a golpes de manuales, compras y experimentaciones. Como es habitual en mí, lo inicié con un entusiasmo febril, era habitual verme entonces cargado con cámara y trípode o no verme en largas temporadas por encontrarme sumergido en el cuarto oscuro tanteando emulsiones, controlando relojes y temperaturas como un alquimista medieval.

Guardo buenos recuerdos de aquellas experimentaciones: el revelado y positivado en color de manera manual que es muy complicado, las noches tendido al raso fotografiando estrellas con el obturador abierto para captar el movimiento del planeta o las capturas de las avejentadas y brillantes manos de mi abuela meses antes de que muriera.

Subyugado por lo fotográfico realicé una inversión en un equipo de 35 mm justo en el momento en el que nacía la fotografía digital. Hoy cualquiera con una cámara sencilla y alguna experiencia en informática puede conseguir fotos que eran antes patrimonio de profesionales. Es evidente que con una cámara más avanzada el resultado sobresale pero con el advenimiento de lo digital se ha perdido parte de elitismo. Por ejemplo una técnica como el bracketing puede hoy hacerla cualquiera.

Aún así, en ocasiones extraño la artesanía fotográfica, la planificación exhaustiva, las largas tardes a oscuras perdiendo las huellas dactilares manipulando ácidos. Otro mundo que la tecnología echó a perder.

Esa que ven es mi cámara digital, una Olympus C-500. Cámara muy asequible, con ella realizamos todas las fotos de este blog y del otro blog más fotográfico que apenas he anunciado.

Todas las fotos de ambos son de libre distribución y están:

- Reducidas a 1024x768 pixeles.

- Muy comprimidas, me puse un tope máximo de 400 Kb, por ello recomiendo ampliarlas.

Por lo general algunas fotos:

  • Quedan bien al editarlas.
P9052707[1024x768]
  • Otras son fruto de la perseverancia.
P9042639 [1024x768]
  • Y otras se hace lo que se puede y gracias.
p4211805_lzn [1024x768]

Fotos propias y de Nahuyaca.

1 de diciembre de 2007

EL PRÍNCIPE BARRENDERO

¡¡¡¡Zasssssss!!!!

Los hielos duermen en el empedrado al ritmo de Mozart. El barrendero observa el clarear del cielo por encima de los edificios cenicientos y la escena le recuerda el abrir de ojos de un bebe. Se vuelve a colocar el gorro con cuidado para que los auriculares no resbalen y vuelve a agarrar fuerte el rastrillo.

Las hojas se estremecen al armónico rastro de su acero, la escarcha brinca despertada de una gélida pesadilla. En un montículo de tierra unas hojas rebeldes se amotinan y el rastrillo hiende el terreno para agruparlas.

Un brillo o un tacto extraño le detiene. Un anillo de oro y diamantes, aún con arena, sale de su sepultura. Al ser soplados los diamantes compiten con la escarcha por el primer sol.

La imaginación del barrendero vuela a su lejana ciudad, penetra a su casa por un resquicio de la puerta y sorprende por la espalda a su esposa, "mi querida has de saber que tu concertista hecho emigrante primero y barrendero después retorna ahora como príncipe azul para agasajarte con este anillo de hielo y fuego".

Sonríe y su carcajada blanca se empareja a los acordes de un oboe. Como tiene muy medidas sus flaquezas llama a su encargado que recibe con asombro el anillo. El superior promete llevarlo a objetos perdidos pero apenas da la vuelta piensa en un tasador y un fajo de billetes pulcros. El barrendero retorna a su rastrillo y lo sujeta con temple. Sube el volumen y por los auriculares regresan los violines de Mozart. Las hojas bailan el allegro de la buena conciencia y el trabajo duro.

¡¡¡¡Zasssssss!!!!

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Foto mía o de Nahuyaca, hoja atrapada en hielo. Tela el frío que pasamos para tomarlas.