27 de febrero de 2008

EL REGRESO DE LAS GRULLAS

grullas [1280x768] Al salir del trabajo para almorzar mi auto produjo un sonido extraño. Paré el motor creyendo que era asunto de las correas pero el ruido no ceso. Fue entonces cuando descubrí que me sobrevolaban miles de grullas que gritaban alborozadas en su regreso de África formando letras en el cielo. Al intentar hacer una foto percibí las limitaciones de mi cámara y para el caso dio igual porque se agotó la batería de inmediato.

Me quedé mirándolas sorprendido por su bulla estridente y casi metálica.

Notando su alegría sentí auténticos deseos de volar sin valerme de artefactos y creo que ese anhelo ha sido una constante en la historia humana.

Foto: propia y penosa pero sirve para reflejar una décima parte del momento.

23 de febrero de 2008

EL PARAGUAS ROJO

A mi amigo Max y a ELLA

Fue en los tiempo en los que mi tío sufrió el accidente de moto que le hizo olvidar nuestro idioma y hablar el francés de su infancia que creía ya borrado de su cabeza. Le tomaron por bromista pues siempre prodigaba chanzas y dedujeron que eso de soltarles "au revoir" sería una excentricidad para presumir. Más tarde le consideraron demente y su mujer amenazó con dejarlo y el pobre se quedó como si nada porque no la entendía, que con el golpe se le fue también la comprensión. Y luego le retornaron nuestras palabras de aquella manera tan curiosa.

Sí. ¿Recuerdas? En aquellos días lluviosos te aguardaba en la puerta de tu casa para acompañarte a la escuela con el paraguas rojo que encontré abandonado. Sosteniendo el mango te protegía mientras apretabas los cuadernos junto al pecho y yo me empapaba fuera pues no daba para tanto su tamaño. No importaba, lo hacía convencido de que era el colmo de la caballerosidad . Cada mañana esperaba puntual para mojarme y así sucedió varias semanas hasta que, ausentes por fin las lluvias, me sorprendiste con aquella pregunta:

- ¿Por qué no vienes ahora?

Callé. No veía como decirte que ya no había manera de lucir el paraguas rojo. Fue tu primera mirada de mujer, tu primera mirada de mujer herida, la misma que debiéramos recordar como se recuerda el primer beso. Madurabas, te alejaste de mí aquel verano mientras yo jugaba a naves espaciales o prisioneros en fuga y el tiempo a contracorriente me dejo sabor a espigas en el paladar.

Sé que uno no se hace hombre de sopetón pero si ayudan ciertos alicientes y verte aquel septiembre gris coquetear con mi primo rubio, que además me ganaba a las carreras, me sirvió de mucho. Me entraron ganas de abatir las naves y fusilar a todos los reclusos ¿Qué hacer? Era más tímido, pequeño y feo que él. Era la sutil huella de un paraguas rojo que se desvanecía en la escarcha de tu memoria.

La desesperación y el tronar de la alborada me trajo el remedio. Junto al paraguas agarré las tijeras de cortar pescado de madre y fui a tu encuentro.

Llovía. Te esperaba con el paraguas cerrado. Al descender por mi rostro las gotas perfilaban mi pánico.

Atesoro tu sonrisa al descubrirme, el ademán contenido que me pedía cercanía y abrigo. Guardo tu gesto de sorpresa al verme desplegar un corazón rojo para guarecerte pero ante todo retengo el tacto de la mano que aferró mi brazo impidiéndome salir del cobijo corazonado. Esa leve y templada presión se convirtió desde entonces en el centro de mis galaxias, el cerrojo de las prisiones. Querida mía, por guardar hasta guardo los andares temblorosos y el recuerdo de aquella varilla loca del paraguas que no pude cortar y amenazó con saltarnos los ojos durante el recorrido.

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Foto: http://www.flickr.com/photos/twanvankeulen/

15 de febrero de 2008

LA LLEGADA A NIFLHEIM

 En Niflheim la niebla devora al caminante. Apenas al llegar ya son siluetas zambullidas en humedades, fantasmagóricas formas cercenadas por la llovizna y extenuadas por el cansancio del ascenso. Los habitantes de Niflheim no se miran a los ojos porque no tienen o si tienen son cavidades brumosas. En su lugar se mira con las manos, palpando formas que se adivinan formadas por líquenes gelatinosos.

Antes de arribar a Niflheim pregunte en el valle por su emplazamiento. Y el labriego sin soltar la hoz me respondió "allá en aquella nube, tendrás suerte si lo encuentras, sé de paseantes que todavía andan perdidos por sus bosques y suplican cualquier muerte antes que continuar con su extravío".

Aquí llegué hace una eternidad o eso me parece. Agotada me emplacé en un lugar despejado y grité: vengo por mi hija. Nadie respondió, mas advertí que me rodeaban jadeos, roces de brozas y ecos ténues de costras despegándose.

Quién quiera que seas, acércate. Dame tu mano, toca mi nuca ¿Adviertes el agujero tras el musgo? Entenderás que una vez no lo hubo, mi hija vivía entonces, la enfermedad la respetaba.

¿Por qué te aventuraste por estas sendas? ¿Acaso sabes si mi mirar es verde, negro o rojo? No comprendes que no ves mi rostro como yo no veo el tuyo. Has venido a ser forma como yo, has venido a errar para siempre. Hora es de asumir tu estado


Hace medio año Clarice me dijo que la foto de arriba merecía una historia. Sus Santidades debaten la existencia o no del infierno. Me sorprenden pero no tengo otra opinión al respecto que decir que literariamente da mucho juego. Siempre me ha llamado la atención la idea de un infierno frío, un inframundo de nieblas. Por nuestra tradición cristiana asociamos el infierno al fuego, herencia de los evangelistas porque si el infierno es dolor nada como el fuego para provocarlo. Eso sí, en el infierno se arde en compañía observen los cuadros clásicos llenos de multitudes padeciendo.

En la mitología nórdica existe también un infierno frío de soledades, brumas y aislamiento. Ese infierno frío, incomunicado y en soledad me atrae porque dice mucho del terror de los nórdicos al aislamiento.

De la propuesta de mi amiga y del conocimiento de Niflheim nació este juego imaginativo de una madre escandinava que se suicida para acompañar a su hija.

Foto propia.

14 de febrero de 2008

UN MEME Y UNA REFLEXIÓN SOBRE EL AMOR

Una cosa es que no sea muy dado a los memes y otra que reniege siempre. Quiero hacer uno que me remite mi amigo Bender y también Ideas Primitivas con una leve variación. Los agrupo y respondo reflexionando en el último punto.

¿Qué regalarías en San Valentín?

Una cena en un lugar en escasamente iluminado, bueno, y no muy concurrido.

¿Qué te gustaría que te regalase tu pareja?

Sin dudarlo, un libro.

¿Qué frase le dirías a tu pareja en San Valentín?

Que la vida a su lado es maravillosamente original y que quiero envejecer con ella.

¿Celebras esta fiesta, te parece un día romántico o sólo un negocio comercial para hacernos gastar?

Pura mercadotecnia, un montaje. Lo que menos me gusta de este día es que nos hicieron entender que es el día de las parejas cuando el amor es el sentimiento más versatil. Se puede amar a una tierra, a Dios, a un hijo, a una mascota y también éste puede ser el día de toda esa gente.

Lo que me fascina del amor es su burla a las reglas preestablecidas por lo que llamamos moral o costumbre y, también, su autoregulación. Amar es contruir un universo.

No hay mayor sed de amor y afecto descarnado que la que sienten los niños en un orfanato y, de otra parte, no encontramos mayor necesidad de entregar amor que en los padres adoptivos. Desafortunadamente entre la necesidad y el derroche afectivo suele colarse una burocracia lenta y, muchas veces, corrupta.

La adopción es un tema que nos toca de cerca, mi hermana tiene dos críos adoptados y otra de mis hermanas está abriendo un blog al respecto. Por cierto, si tienen alguna historia o comentario pueden colaborar abiertamente.

11 de febrero de 2008

BENEDETTI EN BREDA

Debiera haber sido fríamente metódico y no lo fue.
Al tierno calor de las palabras del hombre bueno se dijeron el "sí quiero". Insospechadamente afloró alguna lagrimita, los nervios se disiparon y les aseguro que hasta Goathemala abandonó los nimbos para estar presente.
Los versos de Mario encandilaron de magia el acto.
Fue un día que la primavera engañaba al invierno y el Montseny regalaba aromas de pino y mimosa.
Y esta bellísima historia de amor que se urdió con sueños y se recorrió a zancadas necesita ahora pasitos cortos y realidades palpables.

 

Te quiero

Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia.

Si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

Tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro.

Tu boca que es tuya y mía
tu boca no se equivoca
te quiero porque tu boca
sabe gritar rebeldía.

Si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice
y todo y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

Y por tu rostro sincero
y tu paso vagabundo
y tu llanto por el mundo
porque sos pueblo te quiero.

Y porque amor no es aureola
ni cándida moraleja
y porque somos pareja
que sabe que no está sola.

Te quiero en mi paraíso
es decir que en mi país
la gente vive feliz
aunque no tenga permiso.

Si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos...

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Poema de Mario Benedetti.

Foto propia, torre románica de Breda.

3 de febrero de 2008

EL DUELO

condesa_Vilches Don Marcial, corajudo comerciante y novio de la Srta. Agustina se vio obligado a retar en duelo a Don José, pobre pero poeta, dado que los versos de éste tenían a su pretendida zambullida en un mundo de ensoñaciones. Todo se precipitó con el descubrimiento de una carta en la que el lírico se declaraba herido de muerte por los ojos de Agustina. Ahora entendía Don Marcial las enfebrecidas ansias de lectura, sus suspiros ahogados ante cualquier menudencia.

Un bofetadita con un guante blanco y la recomendación de que buscara padrino porque era retado a muerte fue lo que recibió con asombro D. José al salir de desayunarse su habitual chocolate con churros.

Sin embargo los padrinos no encontraban fechas. A Don Marcial le disgustaba batirse de mañana porque era cuando más provecho sacaba a su negocio de telas, Don José rehusaba hacerlo de tarde o de noche porque era cuando le visitaban las musas. Como pasaron los días y el mancillado honor de Don Marcíal exigía reparación urgente acordaron contratar un intermediario experto en estos asuntos.

Así entró en escena el Don Máximo, militar minúsculo y cojo que los reunió y sentenció con vozarrón impropio de persona tan chiquita:

- Será el domingo al alba, cuando las musas duermen la resaca, el comercio está cerrado y hasta el mismo Dios descansa. Será tras la tapia del cementerio para no gastar esfuerzos moviendo el cadáver. Yo pondré las armas y se hará conforme al Code Duello de 1777. ¿Alguna objeción?

Por no ser menos y practicar con su escopeta, aceptó Don Marcial; por escapar rápido a escribir unos sonetos inspirados por el sórdido ambiente recreado por Don Máximo, asintió Don José.

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Clareaba el domingo, una neblina rala escapaba del cementerio. Encaramados a la tapia unos grajos presenciaban el lance.

A las órdenes de Don Máximo, dierónse la espalda el comerciante y el poeta, se distanciaron diez pasos, volvieron sobre sí y dispararon al unísono. El estruendo aventó a los córvidos que se alejaron protestones. Encogió el cuello Don Marcial, levantó la rodilla para proteger sus partes pudendas Don José pero ninguno estaba herido: habían fallado el disparo.

Ambos miraron a Don Máximo preguntando con los ojos fuera de las órbitas qué diantres hacer. No les respondió porque recogía algo en la gravilla.

- Vean, dijo, mostrando un metal achatado. Estas son sus balas que chocaron entre sí a mitad de camino, es raro pero ya se dieron un par de casos. El Código es tajante al respecto, en su artículo 30* asegura que en estos casos quedará el honor lavado. Ustedes deben seguir como hasta ahora señores, entendiéndose entre ambos sin pleitos de por medio. A no ser que quieran repetir, extremo este en el que yo me retiraría por contravenir el más estricto código de honor.

Los perplejos contendientes, en parte por no desairar al árbitro y en parte porque tenían trastocados los órganos internos, accedieron a entenderse rubricando su disposición con un apretón de manos.

Aquella misma mañana Don Máximo entraba risueño a la casa de Srta. Agustina. Quien le vio afirma que salió aún más risueño y con un nuevo tintineo en sus andares cojitrancos.

Fueron precisas unas escasas monedas de plata para que Srta. Agustina tuviera, mediante un discreto soborno, las delicadas y materiales atenciones de Don Marcial sin perder por ello los acalorados versos de Don José.

La astuta dama volvió a su diván donde un gato de angora se le enroscó exigiendo su rascada diaria.

- ¡Pero qué brutos que son todos!, le susurro al minino que, estrábico por las caricias, no le hizo ni caso.

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Cuadro: Amalia Llano, Condesa de Vilches de Federico Madrazo.

* El Code Duello tiene 26 artículos, no existe un artículo 30.