23 de marzo de 2008

LA MIRADA MAYA

F78-capas-fund

A Jcab, con afecto.

A todos sorprendió el viejo Ramiro Tecú cuando abandonó el aguardiente y las eternas promesas de su Iglesia y se dispuso a esculpir. Contaba su exigua propiedad con un roquedal apropiado para darle forma. Sería la mejor manera, pensaba, de resarcirme por todo lo que estas piedras me estorban en el cultivo de milpa.

Con infinita paciencia limó y moldeó durante muchos soles el pedregal con la idea fija de representar a su desaparecida familia.

"Madre que con su único ojo bueno encontraba todas las cosas; mi esposa, mi refugio hasta que el mal parto se la llevó; mi hijo que perdió la vida al meterse en política, mis hijas que marcharon para Estados Unidos y de las que nunca más supe..."

Una piña de semblantes poblaron las rocas y no se formó en el cielo ocaso que no le encontrara sumido en evocaciones junto a su familia de caliza.

Entre nostalgias se le fue la vida y cuando el recuerdo de Ramiro desapareció en sus vecinos, su obra escultórica recibió el segundo moldeo, el de la vigorosidad tropical. La lluvia pulió las arrugas de la madre hasta hacerla parecer púber, se hostigaron las expresiones al mancharse de una negra patina de hongos, los líquenes barbaron los rostros, enturbiaron las miradas y, al final, enredaderas y arbustos le hicieron compañía tan frondosa que podía pasearse a su lado sin advertir que allí hubo piedras.

---

La pequeña propiedad y varias más que la rodeaban pasaron a mano de una familia de empresarios de reconocido apellido. Cerca de donde Ramiro descansaba junto a su familia de piedra se extiende ahora un jardín inglés donde la señora Zury acostumbra a tomar el té de las cinco.

Con el ademán apropiado a su alto rango eleva la tacita de porcelana de Limoges atenta a la conversación de su compañera de golf y controlando que el meñique no se estire. El mismo escalofrío de siempre, no hay forma, piensa. Llama a su marido que asustado por las voces asoma la cabeza por el ventanal.

- Vos, no me haces caso, pero te juro que aquí se agria el té y lo peor es que tengo la certeza de que siempre me miran.
---
Escultura antropomorfa Finca la Concepción, período pleclásico medio-preclásico tardío (600 a.C.-250 d.C.). Escultura de 112 cms de diámetro. Laboratorio de Etnología, Museo del Hombre, Paris.

15 de marzo de 2008

EL BARRIO DE LAS LETRAS

Cuando mi familia dejó Andalucía para mudarse a Madrid lo hizo a la calle Cervantes. Contaba trece años y el enmarañado barrio atesoraba las huellas de algunos autores que forman la cumbre de nuestro idioma. Carezco estos días de tiempo; así que como si se tratara de una visita virtual, les acerco algunas con breves notas.

P6162000 [1024x768] P6162002[1024x768]
Plaza de Santa Ana, Lorca Calderón, Plaza de Santa Ana
Cervantes P6161995_lzn [1024x768]
Casa donde Cervantes vivió y murió. Aquí se escribió la 2ª parte del Quijote. Calle Cervantes. Convento de las Trinitarias Descalzas, donde reposan los restos de Cervantes. Calle Lope de Vega.
P6161999_lzn [1024x768] P6161991 [1024x768]
Valido para todas las patrias. ¿Nacería de esa convivencia los problemas entre Góngora y Quevedo?
P6161998_lzn [1024x768] P6161997_lzn [1024x768]
Versos de León Felipe. C/ Huertas. Fuenteovejuna, verídica historia de una sublevación popular contra un tirano.

Quince años más tarde dejé ese barrio en el que viví mi juventud y al que sigo llamando "mío". Algo de melancolía tengo por esas calles pero me contento sabiendo que el auténtico barrio de las letras lo forman las obras literarias.

Y su visita es tan sencilla como desplegar las páginas de un libro.

2 de marzo de 2008

LA ARDILLA SOÑADORA

A Nahuyaca, con todo mi amor.

En la profundidad de un pequeño bosque de robles unas ardillas trabajan afanosamente. Al final de la jornada desentierran los frutos que recolectaron y escondieron durante el día y los reúnen todos. Una de ellas, la ardilla soñadora, siempre aporta menos y es increpada por el grupo.

- No tomas en serio tu trabajo. ¡Tenemos pocos árboles y no podemos permitir vagos!

La ardillita trabajaba tanto tiempo como las demás pero su gran imaginación la distraía. Fantaseaba con bosques inmensos y variedades misteriosas y entre sueños olvidaba donde enterraba las bellotas. De esta manera allí donde otras entregaban cien frutos en una mañana, ella llevaba cuarenta.

La situación fue empeorando y la ardilla más vieja, al comprobar la hostilidad de la comunidad, decidió desterrarla un invierno a una apartada encina que estaba fuera de los límites del bosque. Allí debería esforzarse mucho para sobrevivir.

Aquel invierno fue muy severo. Pasado el deshielo llegó una radiante primavera y las ardillas al despertar de su letargo comprobaron con asombro que el bosque había cambiado. Al lado de los centenarios robles había muchos brotes nuevos, futuros árboles, uno por cada fruto que la ardilla soñadora dejó olvidado. El bosque crecía y resultaría más fácil agrupar provisiones para los próximos fríos.

Cuando fueron a buscarla costó encontrar la encina porque un denso matorral de chaparros que no estaban la pasada primavera ocultaba la copa. Estaba muy flaca y feliz de regresar al grupo.

Reunida toda la comunidad expresaron su agradecimiento a la ardilla soñadora y decidieron, todas juntas, trabajar el mismo tiempo que hasta ahora pero sin agobiarse por la producción pues había quedado demostrado que contaba más el esfuerzo diario que los resultados.

Y desde aquellas lejanas épocas las ardillas se hicieron distraídas y fantasiosas. Los bosques les quedaron eternamente agradecidos y una especie que se considera muy superior les tiene una extraña mezcla de admiración y envidia.

--

Foto propia, es la misma de Cuento para despertar princesas.