20 de junio de 2008

EL NIÑO QUE FUE A VER ROBERTO CARLOS.

Tiene por propio un macuto roído, unos ropajes gastados y un cromo de Roberto Carlos que pegó a un Kalashnikov prestado por la milicia. No sabe de donde le viene la admiración por el jugador pero desde que tiene conciencia quiere ser como él. Lo imita regateando arbustos, dando furibundas patadas a frutas podridas y sonriendo como en su estampa. No lo parece pero la alegría sale forzada, hace una semana su amigo murió en una emboscada. Su familia fue hasta hoy un recuerdo vago escondido por su mente de niño. Sabe que están muertos e intuye que la milicia en la que está ahora ha sido la responsable de su desaparición pero la supervivencia y el calor humano, incluso cuando se muestra con crueldad o depravación, le mantienen unido al grupo.

Ha sido su jefe, un chico mayor de dieciseis años, el que les dijo que la imponente montaña del fondo se llamaba Bintumani.

- ¿Bintumani, Bintumani, donde escuché ese nombre? - se pregunta, sin apartar sus ojos brunos de la cima azul.

Esa noche el hachís es liberiano. No traga el humo. Finge alegría y alienta a sus compañeros a beber más. Al amanecer una fina lluvia cae sobre el cobijo de palmas donde todos los cuerpos desperezan la modorra. Todos menos uno. Ninguno advierte que a su abandonado Kalashnikov le falta el cromo.

Una piel infantil, más oscura que el azabache, atraviesa corriendo la jungla. Sabe que si le atrapan le amputarán las extremidades pero ahora no le mueve el miedo sino la ilusión de unas frases recuperadas por la memoria. Las repite una y otra vez como lo más sagrado.

"Pasando el Bintumani hay tierras donde no existe nuestra guerra y en ellas comienza un desierto de arenas casi infinitas. Atravesándolo, siempre hacia el norte, se llega a una estrecha lengua de mar. En la otra orilla hay un pudiente reino de fútbol y en su capital juega Roberto Carlos, nuestro ídolo. Un día, hijo mío, te llevaré a verlo."

Sus pies devoran la distancia y, de vez en cuando, toca la estampa y sonríe, confiado, al horizonte.

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Esta es una de las mil maneras peregrinas en las que nace un asilado. Precisamente hoy es el Día Mundial del Refugiado.

Todavía tardaré un poco en regresar así que aprovecho para dedicarles a todos esta
entrada y darles las gracias por sus comentarios.

8 de junio de 2008

SEMBRAR HISTORIAS

Amapolas

Gustaba de sembrar flores, susurrar a las nubes e imitar el canto de los pajaros. De esa forma, aseguraba, la Naturaleza no le era ajena, comenzaba en su misma piel y se desplegaba hecha maravilla ante sus ojos.

Así le nacían historias con las que solazarse o entretenerse.

Voy a ser él.

Y espero que la pausa, que tomo ahora, sea fructífera y regrese con más.

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Foto propia, recomiendo ampliar.