26 de octubre de 2008

EL HOMBRE REPUDIADO

Rara vez el ajedrez, arte del equilibro, síntesis de la existencia, esconde azar en los movimientos. Cuando lo hace obliga a nuevos algoritmos.

Una mañana en que la bruma devoraba los contornos fue a la consulta. El doctor afirmó rotundo la temida expresión: "no podrá tener hijos". Aalima la recibe en silencio. En sus ojos de pulida pizarra aparecen dos oasis que anegan las mejillas y empapan el hiyab . No atiende a la demás terminología médica.

Llega al trabajo con la mano en el erial de maleza de su vientre. Limpia la casa y se consuela con la señora, su amiga. Hay técnicas nuevas - le anima -, tienes papeles, podrás incluso adoptar, me tendrás a tu lado.

Regresa al hogar. Lo ordena. Prepara la cena. Suena el teléfono. No, les dice. Decide no acompañar a sus amigas para recoger sus hijos del colegio. A Aalima le entusiasma el cálculo. La pasión cuajó en una licenciatura en matemáticas con la que no obtuvo trabajo en su país y que no homologaron en España. Por ese motivo se distrae de la aciaga noticia practicando ajedrez con una máquina portátil, le encanta. Llega Omar, la besa. Pregunta por el médico. Él cree que fue para una menudencia - Aalima no quiso preocuparle -. Lo sienta y le sirve junto al té mentolado la verdad abrasiva de la infertilidad. La suaviza con la esperanza de la adopción, la nueva medicina. Omar interrumpe, grita que la adopción impide que sea su sangre la que mueva a los vástagos. Amenaza que con ella está predestinado a ser carne yerma, infecunda. El enfado es tan grande que por primera vez le niega dormir a su lado. Aalima, encogida en el sofá, con los oasis desbordados, teme ser repudiada pronto.

El gambito de dama es una de las aperturas más espectaculares del ajedrez. Se sacrifica un peón al inicio. Es un falso sometimiento. Movimientos más tarde se recupera la desventaja y la dama, con el camino expedito domina el tablero, controla, ataca, vence.

Cuando Omar despierta no encuentra a Aalima en casa. Habrá bajado por el desayuno asegura tranquilizándose. En la cómoda, doblados, descansan los hiyab. No falta uno.


Alberto, opositor y tenaz optimista, toma el autobús sin saber que en segundos le cambiará la vida. Ocupa un asiento de los últimos y se ajusta los auriculares del MP3. Entonces la ve. Concentrada en las piezas, embebida en la partida. A veces un rizo de la chica escapa del oleaje de la cabellera y la delicada mano, con un compás grácil, lo conduce al remanso. Al levantar la cabeza y dedicarle una fugaz sonrisa, Alberto, siente el corazón por libre, más rápido que el autobús. Años más tarde, a su lado, describiría ese momento como el encuentro con la fuente primigenia, el primer manantial cristalino tras atravesar una aridez infinita.

Eso sería, como decimos, años más tarde con la mente lúcida y poética, no con la obnubilada de aquel entonces. Esa, sólo permitía dos cosas, averiguar el modo de acercársele y babear.

--

Foto propia.

20 de octubre de 2008

La torre de las calaveras

Torre de las calaveras Podría convenir que nací, como ustedes, de las entrañas de una mujer mas no sería cierto pues lo hice en las de una galera cristiana. Allí dieron mis huesos por ayudar a Jeireddín Barbarroja; y allí, encadenado cuatro años a un remo, defecándome encima, con latigazos diarios por el cruel cómitre, se forjó el diablo que soy.

Alcanzada la libertad por el pago del rescate negué obediencia a Jeireddin a sabiendas de que fueron suyos las ducados que sellaron mi nueva condición. No fue difícil hacerme con un puñado de incondicionales, cegados de ambición y hambre, ni arrebatarles a unos pescadores una jábega que pronto trocamos por la galeaza con la que afirmar nuestra reputación pirata. Para hacer de la isla de Djerba nuestro bastión fue preciso regalarle al rey de Túnez una muchachita llorona de catorce primaveras, bella y pálida, que tomamos en Nápoles y a la que fue difícil mantener virgen hasta que formara parte de su harén.

A mi yugo se adhirieron otras embarcaciones hasta formar una escuadra efectiva y rápida. Arrasamos Reus y Tarragona y en el saqueo de Cullera colmamos los navíos de esclavos, en especial, los más valiosos, niños y mujeres. Tocado en su orgullo el Imperio me envío a Doria al frente de una flota muy superior que nos arrinconó en nuestra isla. ¡Cuánto hubiera dado por ver su mentecata cara al saber que escapamos por el otro lado, ahondando los secanos y arrastrando por tierra los barcos engrasados!

A sabiendas de que los cristianos me buscarían con mayor ferocidad y diligencia, establecí lazos con el Turco y mientras esperábamos su acometida asaltamos Trípoli y la isla de Gozzo donde hicimos seis mil cautivos.

Fue en invierno cuando nos llegaron noticias de una descomunal armada, al mando del Duque de Medinaceli. Al ser temerario abordarlos de frente, ordené dispersar mis galeras, fortificar las bases y urgir auxilio a Constantinopla. Los retrasamos lo suficiente como para que los otomanos los doblegaran. Cometieron el error de separar sus fuerzas al dudar en acometernos por tierra o mar. Con todo conquistaron Djerba y ocuparon nuestro castillo con unos miles de soldados. Esta vez los cercados fueron los españoles. Envenenamos los pozos, abrasamos los trigos y noche y día los bombardeamos.

Al rendirse por sed, tres meses más tarde, respeté la vida de su raquítico capitán, Álvaro de Sande, mas corté la cabeza del resto. Mezclando los cráneos descarnados con adobe y cal formé la Burj al-Rus, la torre de las calaveras, la que estremece a Roma, la que afianza el desasosiego en los tronos y el espanto en los navegantes, la que esparcirá mi fama por los mares y llevará el escalofrío a las generaciones venideras con sólo escuchar mi nombre, Dragut el que nunca se somete, Dragut el invencible.


Queda claro que me basé en datos históricos. Llevo un mes con la isla de Djerba dado que allí emplazaron la tierra de los lotófagos.

Amplío algunos datos por si interesa conocer el trasfondo :

Dragut, ideal del pirata, despiadado, soberbio, apátrida (entre los mismos turcos tenía muchos enemigos), murió en 1565 durante el asalto a Malta por metralla de piedra.

La torre de los cráneos permaneció en pie hasta 1848 cuando por presiones diplomáticas fue destruida y los restos enterrados en un cementerio cristiano en la misma Djerba. Hoy puede visitarse el lugar en que estaba asentada, donde los franceses levantaron un monolito funerario que reza “Emplacement de l’anciênne tour des cranes, 1560–1848”. La gran mayoría eran españoles, se afirma que pudo albergar cinco mil cráneos. Algunas de las calles de la ciudad más importante de Djerba, Houmt Souk, lleva el nombre de los soldados que resistieron el asedio.

La victoria de Djerba, la caída de la isla cruzada de Malta (1565, donde murió Dragut) y la misma torre, como macabro símbolo, representaron la cima del dominio naval otomano en el Mediterráneo. La derrota, llevó el pánico a España y Nápoles. Algunas ciudades costeras se despoblaron y las cimas de las montañas levantinas se llenaron de torres vigías. Se tomaría a los turcos como invencibles.

En 1571 se formó una Liga Santa para batallarlos en Lepanto, la derrota significaba la pérdida total del Mediterráneo. En la galera Marquesa iba un mozo de 24 años, de nombre Miguel, que luchó valiente al ser herido en el pecho y brazo. Escribía como nadie y acabaría cambiando la espada por la pluma para solaz de todos y enaltecimiento de nuestro idioma. Esa, ya es otra historia.

--

Imagen de la torre de las calaveras según un antiguo grabado. Escrito dedicado a mi amigo, el Pirata cojo.

13 de octubre de 2008

EL ÁRBOL DEL OLVIDO

Azufaifos con frutoLa entrada anterior vino sugerida por el recuerdo de un pasaje de La Odisea donde Ulises alcanza la isla de los lotófagos, en África, donde envió tres exploradores para comprobar qué comida podía comprarse. Los exploradores, tras comer unos cuantos frutos del loto ofrecidos por los agradables nativos, olvidaron, inmediatamente, dónde estaban, qué hacían allí e, incluso, sus propios nombres. No querían nada más que pasar el resto de sus vidas comiendo lotos. *1

El árbol del loto, que da la amnesia íntegra, es descrito por Polibio como “árboles africanos de poca elevación, retorcidos y espinosos. (…) Su fruto “tiene sabor parecido a los higos silvestres y a los dátiles.” *2. Para el mayor especialista en el historiador griego, F. W. Walbank, esa planta es el zizyphur lotus, cuyo nombre común en español es azufaifo.

Cualquiera que me conozca sabrá que mi objetivo a continuación sería encontrar un azufaifo puesto que en España, aunque escasos, los hay. Tras una búsqueda de unos días, cerca de donde trabajo, en un terraplén encontré unos con frutos.

No es que uno pretenda borrarse la memoria - arnés que sostiene lo que somos – pero soy un siervo de la curiosidad: probé, como los marineros de Ulises, los frutos del loto.

Sabían a dátil y a manzana asada, se oxidan muy deprisa y las pasas son más sabrosas. Arriba dejé la imagen de ellos.

¿Qué si olvidé algo? Seguro que sí aunque no sea consciente de qué, quién soy yo para contradecir al gran Homero.

--

1.- Debemos distinguir entre la flor de loto que es una ninfeácea del árbol del loto.
2.- Polibio. Historia Universal bajo la República Romana II, capítulo II.
Imágen propia.

5 de octubre de 2008

AMNESIA

Flotando por la estancia del hospital, el alma, observaba el lugar al que ha pertenecido. Acababa de abandonarlo y se extraña que esa masa lívida y encogida fuera su casa. "Vuelve", suplicó el cuerpo en su último hálito. El alma lo pensó un instante y afirmó "si vuelvo quiero el control de la memoria. Tal vez, sea preciso hacer cambios". El cuerpo no tuvo energía para oponerse. En su regreso alcanzó oír una voz gritando "pestañas, las mueve".

Lechugas

Despiertas. Fijas la vista. Te invade de inmediato la angustia. No sabes donde estás, ni quién eres, tampoco la razón por la que tienes un tubo en la garganta y una sonda en tu muñeca. Enfrente, una televisión sin volumen, muestra un agricultor con lechugas. Lo miras atenta y haces ejercicios de respiración para serenarte. Al poco, un señor entra gimoteando. Se sienta en la cama. Te toma la mano. Te dice "no debieras haber llegado a este extremo, te salvaste por poco. Nunca dejé de amarte, la dejaré, volveré contigo".

Algo que no sabes qué es - con los meses descubrirás que lo llaman educación - te hace callarte pero no dejas de repudiar al mal afeitado que vino a soltarte cosas sin sentido, a llenar de mocos la cama y a impedirte ver el minucioso trabajo de un agricultor sembrando lechugas.