29 de diciembre de 2008

20 de diciembre de 2008

Cuento de navidad para tristes solitarios

Acebo (Ilex aquifolium). Con su ojo vivaz, su pelo cano y su espíritu indomable, la Sra. Olsen, se vuelve aún más excéntrica en estas fechas. Lleva todo diciembre esparciendo mensajes navideños anónimos. Acaba de regresar de una residencia de ancianos donde colocó una postal en cada taquilla. La noche anterior empapeló las farolas con mensajes de paz. Algunos de ellos son cristianos - ella es creyente - otros sólo optimistas o vitales. Mientras soba a su gato anuncian por la radio vientos racheados para el día de Nochebuena. Podía aprovecharse ese mal tiempo, opina. Entonces, le viene la chispa. Se levanta y se dispone a pasar otra noche sin dormir, escribiendo mensajes diferentes e interrogándose si venderán globos en la tienda de los chinos.

Cuando el Sr. Gris llega a casa comprueba que en su minúsculo jardín, en el seto de aligustre, hay un globo medio desinflado. Lo desenreda gruñendo. Al entrar a casa lo abandona en el sillón. Prende la lumbre y se sienta enfrente de la chimenea, bien cerca de la incipiente llama. Esa noche será Nochebuena y piensa soportarla bebiendo en soledad. La visión del globo rojo en la butaca, que tanto tiempo ocupó su esposa, le trae la metáfora exacta de su propia alma: agotada, rendida y laxa como un globo abandonado. Se sirve una copa "somos absurdos, ni tú eres ya globo ni yo soy persona, brindo por nuestra asumida derrota".
Le despertó del sopor un petardo. Gritó a los gamberros de la calle. Pensaba servirse el segundo trago cuando quedó sorprendido por el estado del globo. Estaba hinchado, como si en su cabezada le hubieran insuflado aire. Al tomarlo extrañado comprendió que fue el calor del fuego el que lo había dilatado. Fue, entonces, cuando algo de su interior le llamó la atención. Lo desinfló con cuidado para no pincharlo y extrajo un papel de seda plegado con delicadeza. Al desenrollarlo leyó:

"Ves una estrella, la sigues, y te encuentras con un niño que te dice que todo es de otra manera.* La vida, el mundo, pueden cambiar. Feliz Navidad."

El Sr. Gris se impresionó. El recuerdo condujo humedad a sus ojos, a la luz de las brasas sus lágrimas se hicieron luceros extenuados. Así hablaba su esposa. Ella nunca perdió su fe, ni siquiera al final cuando la enfermedad de las seis letras se la llevó. Siempre fue un surtidor de vida, poseía el preciado don de contagiar la alegría a su paso, tras su pérdida él se abandonó.
Para el Sr. Gris la vida es un sortilegio de casualidades. Nada más. No hay espacio para el destino o la predestinación. Es muy posible que ya nada le haga cambiar esa opinión tan materialista. Sin embargo, está convencido de que el mensaje del globo es una explícita señal de aliento de su amada. "No sé la manera pero esta Nochebuena has regresado a mí". Aún más, entendió, que su alma como el globo necesitaba calor, calor humano para recuperarse. Esa noche tuvo un sueño plácido: un baile con su esposa entre cúmulos blancos al cadencioso son de su melodía favorita.
Por primera vez en muchos años la claridad del amanecer sorprendió, al Sr. Gris, con una sonrisa ajustada al rostro.

A esa misma hora a varios kilómetros de distancia, el agotamiento rinde a la Sra. Olsen. Amodorrada y un poco desanimada, se pregunta. ¿Servirá para algo todo mi esfuerzo, provocaré alguna ilusión o todo serán ideas estériles de una vieja chiflada?

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* Esta frase tan repleta de significado pertenece a mi estimado amigo Gonzalo Gutiérrez.

Foto: Blanca Fernández.

13 de diciembre de 2008

Viernes, 12 de diciembre de 2008

Nieblas rasantesArranco, salgo del garaje, la calle está mojada, doblo a la derecha y aprovecho que cedo el paso a tres madres musulmanas que llevan al colegio a sus hijos para poner un CD. Con la música de Loreena McKennitt de fondo contemplo a los niños que avanzan aletargados, exhalando mucho vaho. Minutos más tarde conduzco entre los sotos históricos levantando a mi paso miles de hojas. De soslayo veo que las aguas del Tajo tienen un intenso color esmeralda. Sobre la tierra, arada y húmeda, flota una neblina rala. Al fondo, entre la imponente muralla de árboles del Jardín de Príncipe vislumbro mucho humo. Supongo que los jardineros del Patrimonio se calientan quemando hojas y ramaje.

Aparco. En la fachada de mi trabajo hay algo negro, parece un animal. Los gatos al verme levantan la cola de alegría. Minis, les digo con voz aguda. Entro a la oficina, la temperatura marca 8º dentro, donde una Daikin se retuerce en vano. Me pongo el gorro hasta casi los ojos. No hay ADSL, lo habitual a estas horas. Arranco el ordenador. Mi compañero que encalaba fuera viene a saludarme con un cariñoso “Pedrito”.

- ¿Has visto el murciélago? Me pregunta.

- ¿Lo de la fachada? Sí. Pobre, con el frío que hace.

- Hoy hace menos que ayer. ¿Conoces el chiste de la ratita presumida?

- No, le digo.

- Estaba la ratita presumida con una amiga a la que le dice. ¿Sabes que tengo novio? No, le responde la amiga. Mira te enseño la foto y le muestra una foto de un murciélago. ¡Qué feo! Exclama sin poder reprimirse la amiga. ¡Pero es piloto! asevera la ratita presumida.

Windows saluda. Entre risas comienza la jornada. Es viernes, hay un júbilo soterrado.

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Foto propia; aprovechando que estos días apenas tengo tiempo para escribir me valí de la última entrada de Charles de Baltz para ilustrar el entorno en el que movemos nuestras rutinas diarias. Convencido, quizás, de que a los lectores les parecerá cualquier cosa menos rutinario.

5 de diciembre de 2008

Los escondrijos verdes

Seta

Acompaño la calidez de mis sueños con el gorgoteo de los manantiales, con lagos invisibles y florestas apartadas para que mi inquietud encuentre paz con su refugio, se disipen los miedos y la fantasía juegue con cada milagro que acontece en los escondrijos verdes.

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Fotografía mía sin retoques, lo que hubo que retocar fue mi columna.

1 de diciembre de 2008

El cumpleaños

IMG_2313No le gusta mirarse en el espejo. Cuando lo hace, condena la orografía en que se ha convertido su rostro. El reflejo, de hiriente coquetería, lo alargará hoy varios minutos aplicándose una crema. Al hacerlo opina que su faz, tersa antaño, se convirtió en un mar encrespado primero y en una sierra después. Ahora ya es toda una cordillera telúrica con desfiladeros, quebradas y movimientos sísmicos. “Me hago tierra, seré tierra pronto” dice reprimiendo una sonrisa de asumida derrota.

El esfuerzo de verse merece la pena, no en vano hoy es su cumpleaños y su hermana vino a celebrarlo desde la capital. Recibe como regalo una cartera bordada que coloca junto al jarrón con gladiolos que ella misma formó a primera hora. La mesa parece otra con las flores, el regalo y el ayote en dulce encima. No le puso hule, le gusta ver sus desconchones y ralladuras, le traen a la memoria su pasado y piensa que los estragos son los mismos de su cara.

Se reparten, golosas, el dulce. Entonces su hermana le hace la pregunta:

- ¿Qué espero de la vida a estas alturas? Apurarla. Hasta la última gota. ¿Qué otra? La muerte me asusta pero supongo que cuando lleve un tiempecito enterrada le pillaré el gusto, como a todo.

Ríen y brindan mojando los labios en un aguardiente rebajado con agua. Un gato meloso se frota entre las piernas de las viejas. Esa noche las hermanas comparten la única cama como cuando eran niñas y se hacían confidencias de romances y seductores sueños.

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Foto: Fiamma (gracias), que está regresando.