20 de junio de 2009

Los amantes de Mallorca

"La luna resplandecía líquida en las aguas mansas del Mediterráneo. Los amantes se citaban entre las olas. Se bañaban desnudos jugando e imaginando que la mar era una placenta salina. Ella era hija de un pescador y tenía los ojos verdes; él, un norteamericano vigoroso que la introdujo a los salutíferos baños nocturnos. Cada noche se encontraban a escondidas. Así los describe Anaïs Nin en su cuento Mallorca."

Frida es una locuaz alemana jubilada que tiene la cara roja por el sol. Nos narra la historia de los amantes paseando descalzos por la playa.

- Entonces tiene un final feliz, afirmo.

- Sí, contesta, pero mueren.

- ¿Qué?

"Anaïs debió conocerlos y los dejó amándose en las arenas. El 21 de septiembre de 1942, con ella ya fuera de la isla apareció una nota luctuosa en el Correo de Mallorca: unos jóvenes aparecieron ahogados en la cala de Deyá. La noticia la asoció la escritora Carme Riera."

- ¿Qué les pudo pasar?

"Tal vez un golpe de mar como dice la escueta noticia pero existe un extraño silencio encubridor, como si la mojigata España de entonces no quisiera dar más detalles, quién sabe si para no avergonzar a la familia o espantar al turismo. Yo quiero creer que fueron descubiertos y prefirieron ocultarse juntos en la profundidad antes de ser reprendidos o avergonzados."

Frida cambia de tema, narra a Nahuyaca algo acerca de un agricultor mallorquín - Andreu creo escuchar - que le gusta pero no se entera "el tio éste, los hombres no se dan cuenta". Dejo de prestar atención.

Miro el mar e imagino un inmenso líquido amniótico que arropa en su seno tantos misterios e historias. Ahora uno fue arrebatado al celo encubridor de las algas, a las profundas e inhóspitas corrientes de donde venimos.

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Fotografía propia.

1 de junio de 2009

Las letras indultadas

Las letras indultadas

Desde Andalucía tecleo el apellido de su exnovia en un buscador de Internet. El impulso masoquista le llevó a un tablón donde un grupo de personas buscaba amistad basándose en afinidades. Ninguna compartía con la persona que tenía idéntico apellido a su ex; sin embargo coincidía con una chica guatemalteca en el aprecio por la civilizaciones extrañas y el deporte.

La palabra hablada deja una huella liviana pues tiene alas, se desvanece o la memoria la trastoca. La palabra escrita pesa y puede perforar hasta lo más profundo de tu ser para hacerse elixir o veneno”

Los primeros correos electrónicos entre ambos derivaron de las maravillas mayas hacia unas confidencias que sanarían las heridas mutuas de sus relaciones anteriores. Con los meses el torrente de mensajes cuajó en un corto viaje y un encuentro por las empedradas calles de Toledo. Se besaron entre sinagogas, casas cristianas y barrios árabes como si lo que nacía entre ellos subvirtiera el afán de separar la humanidad. Después quedó el dolor, el regreso a los nueve mil kilómetros de separación y la promesa.

Tres meses más tarde la cumplieron. Los temores del inicio, la dura adaptación a una nueva realidad se resolvió años más tarde con un “sí quiero” cuando las adelfas prendían de vivos colores Sierra Morena.

Una década más tarde permanecen unidos, fiel a la promesa toledana, alimentando a diario su chispa. Diez años no es mucho para una relación pero sí para una computadora.

¿Qué hacer con ese viejo ordenador que inició la búsqueda, con el que se escribieron los mensajes? No funciona ni queda espacio en la casa que comparten.

El muchacho se deshizo de él salvando cuatro teclas que guarda en su mesita de noche. Letras indultadas que definen el sentimiento que les une, las que forman la palabra necesaria. La esencia. El remedio.

“Sé de reflejos que deslumbran al alma, de sonrisas femeninas que son la única materia nutricia que un hombre busca hasta el final de sus días”.

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Foto propia.