"La luna resplandecía líquida en las aguas mansas del Mediterráneo. Los amantes se citaban entre las olas. Se bañaban desnudos jugando e imaginando que la mar era una placenta salina. Ella era hija de un pescador y tenía los ojos verdes; él, un norteamericano vigoroso que la introdujo a los salutíferos baños nocturnos. Cada noche se encontraban a escondidas. Así los describe Anaïs Nin en su cuento Mallorca."
Frida es una locuaz alemana jubilada que tiene la cara roja por el sol. Nos narra la historia de los amantes paseando descalzos por la playa.
- Entonces tiene un final feliz, afirmo.
- Sí, contesta, pero mueren.
- ¿Qué?
"Anaïs debió conocerlos y los dejó amándose en las arenas. El 21 de septiembre de 1942, con ella ya fuera de la isla apareció una nota luctuosa en el Correo de Mallorca: unos jóvenes aparecieron ahogados en la cala de Deyá. La noticia la asoció la escritora Carme Riera."
- ¿Qué les pudo pasar?
"Tal vez un golpe de mar como dice la escueta noticia pero existe un extraño silencio encubridor, como si la mojigata España de entonces no quisiera dar más detalles, quién sabe si para no avergonzar a la familia o espantar al turismo. Yo quiero creer que fueron descubiertos y prefirieron ocultarse juntos en la profundidad antes de ser reprendidos o avergonzados."
Frida cambia de tema, narra a Nahuyaca algo acerca de un agricultor mallorquín - Andreu creo escuchar - que le gusta pero no se entera "el tio éste, los hombres no se dan cuenta". Dejo de prestar atención.
Miro el mar e imagino un inmenso líquido amniótico que arropa en su seno tantos misterios e historias. Ahora uno fue arrebatado al celo encubridor de las algas, a las profundas e inhóspitas corrientes de donde venimos.
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Fotografía propia.
