23 de septiembre de 2009

Laika y Lican

El perro Lican tiene un cartero dentro. Sólo de esta manera me explico su mirar confuso como de enredarse con códigos postales y efectos timbrados.

Laika, como la ilustre predecesora, parecía haber venido a este mundo para sufrir la crueldad humana, así lo atestiguan las cicatrices de su cuerpo. A ella me resulta más difícil adscribirle un humano aunque, por lo dicho, no debe estar lejos de una mujer maltratada. Laika, tuvo la fortuna de encontrar a otros dueños, Lish y Lou, infinitamente mejores que le presentaron a Lican. Ahora viven juntos en una granja y tienen por compañeros a muchos animales más, entre ellos al gatito de la entrada anterior.

Esta es la historia de su amor y su progenie. Por una vez, sin que sirva de precedente,  las fotos no están retocadas y ocultan mensajes si pasan el ratón por ellas.

Laika fatigada por su preñez. Lican impresionándola.
La playa tenía muchos restos de algas de ahí su color. La última foto de Laika antes del parto.
Diez, fueron diez, esta es nada más que la primera hornada y eso que Lican sólo tiene un testículo. Venir al mundo para competir, una pena.
Apoyo a los más retrasados que esto es un Estado Social. Mira que son feos pero de tan tiernos hasta pasan por guapos.

17 de septiembre de 2009

La rata sin cabeza

Sé querido minino que la rata descabezada que me ofreces quién sabe si como despedida vacacional o como presente por el tercer aniversario del blog, lleva emparejado el esfuerzo de su captura y como tal aprecio tu original detalle. Espero disculpes mis reticencias a participar en tan suculento festín pues me disuaden las moscas verdes que peregrinan a su panza y los escrúpulos culinarios que los humanos acumulamos de unos siglos a esta parte.

Déjame hacerte una foto a ti y no a la decapitada,  que deberé enterrar con mucho asco para que no te la zampes, como recuerdo de vacaciones, en especial, por aquel atardecer que me acompañaste al trigal para recoger almendras e higos mientras nos llegaba la brisa marina.

Por último, puede saberse en qué lugar pusiste su cabeza.

Oh, mejor no quiero imaginarlo.

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Foto propia y ampliable, como todas.

2 de septiembre de 2009

El libro del calabozo

 

Muy bien podemos irnos a la casi despoblada comarca del Matarraña, a Mazaleón y una vez allí visitar la cárcel del pueblo, anexa al consistorio, conservada con escasas modificaciones desde el XVII. Si así hiciéramos, veríamos espantados el calabozo subterráneo, excavado en roca, donde los reclusos permanecían encadenados, a un cepo que se conserva intacto, entre la oscuridad y el silencio más absolutos.

La planta superior alberga una celda donde los rigores de la Inquisición y la Justicia fueron menos severos. En ella existe un panel de siete metros repleto de viejas inscripciones de sus moradores, una caótica amalgama de garabatos. Toscos grabados de arcabuces, dagas, barcos o manos: sueños de convictos.

Uno de ellos intenta representar un libro abierto. La poca pericia y la ramplona herramienta hicieron que pareciera más una golondrina batiendo alas, bella metáfora carcelaria. Otro grabado, mejor rematado, nos presenta un libro anónimo, el Quijote, la Biblia o la Pepa. Cualquiera. Todos.

A falta de más datos he convenido que la persona que lo dibujó era un preso político sediento de letras y que esos torpes trazos, escondidos en una comarca aragonesa, son el más puro y sufrido homenaje al mundo del libro y a los que disfrutamos con la lectura.

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Foto propia, puerta de mazmorra, se puede ampliar.