El perro Lican tiene un cartero dentro. Sólo de esta manera me explico su mirar confuso como de enredarse con códigos postales y efectos timbrados.
Laika, como la ilustre predecesora, parecía haber venido a este mundo para sufrir la crueldad humana, así lo atestiguan las cicatrices de su cuerpo. A ella me resulta más difícil adscribirle un humano aunque, por lo dicho, no debe estar lejos de una mujer maltratada. Laika, tuvo la fortuna de encontrar a otros dueños, Lish y Lou, infinitamente mejores que le presentaron a Lican. Ahora viven juntos en una granja y tienen por compañeros a muchos animales más, entre ellos al gatito de la entrada anterior.
Esta es la historia de su amor y su progenie. Por una vez, sin que sirva de precedente, las fotos no están retocadas y ocultan mensajes si pasan el ratón por ellas.

