20 de octubre de 2009

CASTAÑAS Y UVAS

Castañas gallegas

Soy una castaña, dijo el pequeño tras darle una lametada a su helado de trufa, una castaña dura y grande.

- Las castañas son para el otoño; ahora no las hay y si las hubiera tendrían gusanos, respondió la madre.

Al volver a casa el pequeño se acomodó en la sombreada esquina de las aspidistras y terminó de zamparse el cucurucho diciendo.

- Esto último para el gusano.

Uvas portuguesas

"Tomo la uva de los labios de mi novio, no vendimio bocas ajenas."

Cincuenta años más tarde aún quedaban energías en el anciano para reconcomerse con aquella frase arrojada por una pueblerina a la que acosaba con coplillas y encuentros que pretendían ser casuales.

Al cabo, pensaba, el desengaño me sirvió para tener más tacto y tratar de igual a las mujeres. Lo que no perdono a aquella muchacha es que desde entonces al ver un racimo no imagine otra cosa que un grupo de labios colgando.

12 de octubre de 2009

Rosebud

Nieva en la antesala de la muerte. El poderoso dice “Rosebud” y su mano deja caer la esfera de cristal que se rompe escalones abajo. Expira. Sus sirvientes intentan encontrar el significado de tan misteriosa palabra. Así comienza una de las mejores películas, Ciudadano Kane. En su transcurso descrubriremos todo lo abyecto e influyente que era el personaje inspirado en el magnate William Randolph Hearst, y, si estamos atentos, comprobaremos que Rosebud era el nombre del trineo con el que jugaba en su niñez.

El hombre que todo lo tuvo, frente a la muerte, rememora el nombre de su trineo como el trono perdido de la niñez, el espacio de tiempo donde se quedaron sus sueños pues cuando todo se tiene o todo se puede comprar no se sueña con nada.

No hace falta ser poderoso o rico, también los problemas cotidianos se solapan al mundo puro de lo onírico enflaqueciéndolo, comiéndole el terreno. Son diversas las inquietudes laborales que atan de cadenas mis sueños. No quiero perderlos baja la cenicienta patina de las preocupaciones, quiero intentar decir “Rosebud” en vida, ahora.

Es obvio que en mi caso, el atajo a ese mundo no es un trineo, es un bosque, con eso me basta. Incluso con la frondosa copa de un solitario árbol.