Braman en su último aliento los vientos del norte, el desgarrador bóreas, el pesaroso mistral. Cuando cesen, la lluvia empapará la tierra fértil con encantador afecto, en una divina languidez de despedida. Después se definirá el verano, regresará el canto de la chicharra y sobrarán las prendas.
El fotógrafo, cansado, dispara sin enfocar ni bajar del auto. Luego, en noches intranquilas recuerda para relajarse ese campo de labranza exhalando bruma y se imagina en el mismo desplegando las brazos para que las vaharadas de vapor atraviesen sus dedos.
No puede evitar enojarse por no dedicarle más tiempo a la última niebla.