2 de febrero de 2012

El sendero confuso




Bordeaban el camino piedras de mundos distantes, la escarcha fijaba el polvo y la rueda la despegaba en minúsculas hebras alguna de las cuales alcanzaban al rostro. Frío intenso de vapores en la boca y en el horizonte.



Partí temprano, en la oscuridad vibraba la intermitencia del faro de la bici, la ciudad se desperezaba, llevaba el empeño de perderme o al menos de descentrarme; así que, de camino al trabajo tomé ese sendero confuso.

Plantas resecas tamizaban la luz que quería abrirse paso en el este, alcauciles quebrados, mazorcas desperdigadas con sus zuros vacíos, achicorias, coles, lombardas, matojos helados y extrañas matas cristalizadas y de color de mandarina y arcones de óxido, refugio de aperos de labranza, y un tractor abandonado recitando penurias agrícolas, y al fin los primeros haces de sol puliendo el cobre de los plátanos y toda esa quietud desolada y grandiosa guardando una historia por contar. Una historía, sí, acaso de gélida melancolía y espera.