26 de febrero de 2013

Emblemas




Hace un tiempo con una obstinación que no parecía propia me dio por correr a diario. Casi siempre escogía un pequeño pinar que se ubica en la parte más elevada de la ciudad, un terreno tosco, ceñido por un polígono industrial, tan pobre que, a excepción de los pinos, sólo se atreven a enraizar retamas y algunos almendros de fruto amargo.

Hice símbolos de parte de ese recorrido. La forma de una determinada curva, una rama tupida que parecía postiza en ese pino, un raquítico almendro colgando sobre un terraplén… Me animaba a verlos y así a continuar al sentirme agotado.

Han pasado años. El bosquecillo ha sido abandonado por un ayuntamiento que sólo valora la ecología por los votos que proporcione. Volví a disfrutarlo este fin de semana entre un viento serrano que cortaba, he buscado muchos de aquellos emblemas como viejos amigos que conocieran algo mío, disfrutándolos, casi excusándome por ir ahora por otros caminos, por hacer otras cosas.

Foto: Cielo, sol, nido, almendro.