31 de marzo de 2013

Melancolía

Ahora toca evocar desde la misma cama la caída con imprevista dulzura de la última noche y como los objetos dejaban escapar su particulares sombras que extendidas en la tierra conformaron una única tiniebla.

El canto del río, las miradas contenidas en su curiosidad de los pocos viandantes, las melodías en el auto que parecen alargar sus últimas notas, el ambiente de las plantas en el aire, la crepitación de la leña, las palpitaciones pausadas de los espacios. Todo, viene impregnado de las cosas que acaban y dejan tan sólo regueros de su melancolía.

19 de marzo de 2013

Descabalgado



Tal día como hoy, en la oscuridad y bajo una lluvia pertinaz y sigilosa, mientras disfrutaba regresando del trabajo, mi bicicleta expiró. Desoldó su cambio con la gentileza de no dejarme caer. Llevaba desde la juventud conmigo compartiendo batallas y aventuras, me acompaña desde mi primer salario.

Siento la bicicleta como algo más que un medio de transporte, como una manera de ver el mundo y apreciar la vida misma. Por ello tengo claro que debo reponerla pronto.

Pero de momento quedo descabalgado y algo triste por mi vieja amiga.

3 de marzo de 2013

Un camino sin alma



Influido por las palabras del párroco que afirmaba que el alma de su abuelo ascendería al cielo nada más recibiera sepultura, acudió al entierro pese a que sus padres lo desaconsejaron. La brisa infundía falsa vida a las arboledas que desasían su hojarasca para crepitar bajo los pies de los asistentes y la quietud de la escena era quebrada tan sólo por la salmodia ahogada, por las caras tristes y por los cuerpos balanceando el peso entre las piernas. 

Cuando el féretro bajó, y la tierra le fijo un nuevo hogar, nada ascendió, se aseguró bien, ni alma ni cosa alguna. No preguntó, sabría que le dirían que era imperceptible y cosas similares. ¿Cómo entonces podían estar tan seguros de lo invisible?

Desde aquel momento, con malestar, se le quebró parte de su cándida alma y, años más tarde, siendo ya estudiante universitario, cuando conocía lo que era la glándula pineal y había leído a Descartes, recordaría aquél lejano enterramiento como el inicio de su duda y la fijación sincera de que somos nada más que materia, física y química interactuando, que no habrá mayor trascendencia que el que nuestras obras y nuestro amor fijen en las personas a las que influyamos y que más allá de ese margen sólo reinará el silencio, el vacío, la confusión.