24 de abril de 2014

Aristas de la tarde




De repente bajas a tirar la basura descubriendo que la enorme bolsa es sustentada por el brazo diestro y ese acto inconsciente al que se incorpora, a lo cotidiano, un miembro hasta hace nada inútil, rígido, dos veces quebrado, transfiere más luz al atardecer por mucho que le amenacen todo tipo de nubes turbias por el horizonte de Toledo y convierte las aristas de esta primavera tan dura en salientes de reposo para mariposas.

Cada círculo, a partir de ahora, se asemeja a las ruedas de Blanquita 2, mi bici, que me aguarda adormilada en un trastero. Irremisiblemente, cada paso, cada segundo me acerca a ella y a mi normalidad.

8 de abril de 2014

El bebé rechazado



El embozado lleva el paso largo y decidido, en sus manos sostiene un canasto de mimbre con una toquilla desaliñada. Se detiene ante un soportal, durante un momento duda si subir las escaleras, llamar, y dejarlo allí junto al manuscrito antes de salir corriendo. En la duda lo deja bajo el limonero y rompe el escrito, la negrura de la noche arrebuja su huida. Sevilla aún no tiene colores que mostrar.

El bebé es mulato y no llora. En sus mofletes apenas una pincelada más pálida. Cada cuando frunce los labios subiendo uno sobre el otro.

Ampliando la escena, ecos de taconeos confundidos con el rodar de los carros arrieros, una galera virando parsimoniosa en el río, gritos lejanos de rufianes en las dársenas, olores a malandrín y azahar despuntando en un alba indecisa, por la plazuela agua estancada con boñigas flotando, empedrado con relente y cinco limoneros. Bajo uno, el bebé rechazado.

Por dentro la novicia ya soltó su primera oración y, a la luz de un candil, se aseó sin mirarse con agua de una palancana, abre la trasera del convento, prepara el trapo, el barreño y el agua. De rodillas friega con vigor.

Advierte algo por dentro, algo peregrino, una comezón, un pálpito, por un segundo lo llama hambre, mas el hambre no afecta al corazón. Observa la puerta barnizada, los escalones desgastados y húmedos, los limoneros, el charco hediondo, un canasto.

Entonces se sorprende, algo del panadero, piensa. Lo sube, abre la toca. Le ve.

No siente que ha encontrado un bebé rechazado, no piensa en una madre humilde, un padre temeroso, una familia necesitada, menos incluso en un milagro.

Lo que siente es más como una escisión de su alma, como si de inmediato el amanecer la hubiera partido en dos, y sus brazos acurrucaran ahora la fracción más valiosa.

El amago de un lloro fulmina el voto de silencio.


Horas más tarde, sosteniéndolo aún, lo alimenta con leche tibia de vaca, su mirada quema a quien pretenda arrebatárselo un segundo. La madre superiora, sus compañeras, le hacen arrumacos al bebé e intentan tranquilizarla como conociendo el designio de una maternidad satisfecha.

2 de abril de 2014

Nostalgía




Un mes exacto. El despiste de un auto, la maniobra arriesgada para evitarlo y la caída. El radio roto, el del brazo, no el de la bici, :-) . Me adapto lo que puedo. Manejo la zurda, ando e incluso corro pero no puedo escribir casi nada, ni fotografiar y por supuesto no puedo montar en bici. 

Un cambio tremendo, por fortuna tengo tantísimo trabajo que el tiempo pasó volado.

Sé, lo dijo Dante, que la excesiva nostalgia por lo bueno del pasado es una modalidad del infierno mas cómo se evita.

Se piró el mes procurando no desesperarme, buscando una paciencia que nunca tuve para estas cosas, sabiendo que queda mucho para mi normalidad.