18 de enero de 2015

El ángel exterminador

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Érase una princesa que parecía tallada en mármol, suave como una tormenta y esbelta como un junco. Lejos de las atribuciones supuestas a su rango y género se dedicó a practicar arco. En torno a su castillo, asentado en unos riscos, florecieron aldeas de labriegos que sembraban los campos de trigales que ondularían en el viento. Algo de ganado paciendo alegre, un molino cadencioso y pobladores que silbaban felices al regresar de los campos. Todo era armónico hasta que desde el norte, superando las montañas, unas hordas bárbaras acabaron con todo. Quemaron las casas, cada habitante conoció la espada y la princesa fue emboscada y asesinada sin piedad.

Después nevó en el final de una era.

Esto no puede ser más gritó Doña Flora y del sofocón no comió en dos días. Se puso a ello haciéndose con cuanta información pudo, tomando notas  dibujando esquemas como en su época de costura y calceta.

Érase una princesa de jade, agria como una ventisca que pica como un mal escorpión, escoltada por dragones comprados en las remotas tierras de la lava. Los campesinos cultivan dentro de empalizadas, el molino lo custodian lanceros curtidos y los cánticos bélicos de los guardias sustituyeron silbidos ingenuos.

De manera lenta, mientras le pone un par de campurrianas a su marido para que se duerma y le prende la tele para que, al despertar, cualquier partido de segunda regional lo embobe, Doña Flora, desde la mesa camilla, con su gato Caruso en el regazo, enciende el regalo de su hija y se hace, en el juego, con un nombre y un Imperio a la manera de las grandes potencias: combinando tecnología y ausencia de escrúpulos para confiscar recursos.  Si las hordas superan las montañas, pobres de ellas.

Algunas veces por el chat interno del juego algún crío coquetea:

- Hola, soi Luis , tengo 14,  soy alto y wuapo, eres rubia? ke haces

- Soy gorda, de pelo blanco y lo que haré será masacrar tu civilización como un ángel exterminador. 

4 de enero de 2015

Las estaciones en estratos

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Ya es casualidad, el último día del año pinché la rueda trasera de la bici. Estando la goma tan gastada me serví de la ocasión para cambiarla hoy y aproveche para limpiar la suciedad que se mete entre los piñones.

Con las manos engrasadas rasqué con un palillo de dientes una capa de barro congelado por el invierno, bajo ella había otra apelmazada de hojas coloridas desgajadas en otoño y al fondo una nueva de espigas secas, pasto y polen.

El año entero agazapado entre engranajes, dispuesto en estratos como queriendo decir algo.

 

La foto está realizada con el móvil, precisamente lo tengo en el mismo como fondo de pantalla.