23 de febrero de 2016

Videmus nunc per speculum in aenigmate


Hace unas noches, con la ciudad apaciguada y quieta, releí a Borges. Todo, cada persona, cada cosa puede ser un símbolo y en cuanto a esa capacidad representativa tiene una exuberancia de vidas aguardándole, una multitud de significados distintos de las formas ordinarias que lo componen. Esa es una de las ramificaciones del Aleph. Los sentidos, por sí solos, nos permiten ver a través de un espejo en la oscuridad. Poco más. Todos los cielos se rasgan de señales de humo, de acepciones e interpretaciones diversas incluso divergentes.