2 de mayo de 2011

Carta a Da Vinci

(…) conociendo su intelecto me extrañaría que fuera el caso pero bien pudiera ser que la atroz mordedura del tiempo le hiciera olvidar a este su fiel lacayo pero sepa bien, vuesa merced, que por mi parte, jamás deslustrará los años que a su servicio estuve en Milán y Florencia (…)

Cómo olvidar aquellas noches al raso aguardando que el favor de las tinieblas nos permitiera brincar el muro del cementerio sin menoscabo para el desentierre de cadáveres, cómo olvidar aquellas plegarias por los finados que Ludovico siempre terminaba con su “L'anima a Dio, ma il corpo per fare una notomia!”. Aún recuerdo las inmersiones en vinagre para mitigar la fetidez de los cuerpos y como era tanta la abundancia en su compra que por la cantina di Manuela, creyendo que era para baño de pies, nació la extrañeza de que debiendo tener las extremidades más limpias de la Toscana, hedíamos sus sirvientes y usted mismo, a nido de abubilla (…)

No ha mucho que su Signoria Francesco di Giocondo me preguntó por usted, le acompañaba tan comedida como siempre su esposa Lisa Gherardini, a la que tutea ahora como Mona Lisa, y si bien no pude darle buenas nuevas recordamos los viejos tiempos de aquel retrato cuando no había manera de sacarle la sonrisa a la señora que tan melancólica andaba por quedarse casi calva con el nacimiento de Andrea. ¿Recuerda que ni con chanzas ni con alardes de laúd le arrebatábamos el ensimismamiento hasta que Ludovico, desesperado, se bajó las calzas y le mostró el trasero y como ella rompió a reír y desde entonces era verle y encenderse en risas su rostro y cómo su discípulos especulaban después que si significaba esto o aquello, que si dicha sonrisa trascendía al ser o a la materia. ¡Y cómo se divertía usted y se hacía el pícaro para no decirles que todo el misterio provenía de unas posaderas!

(…) o aquella vez que me dio numerosos vellones y las instrucciones de gastarlos en todos los pájaros del mercado con la condición de subir a la colina de Maiano y dejarlos de inmediato libres y quemar allí mesmo las jaulas y como lloré sin haber motivo que no fuera el regocijo de la algarabía de trinos que me sobrevolaban libres o las prisiones de mimbre hechas cenizas (…)

(…) los años me mancillaron, señor, no me quedan fuerzas ni descendiente que me mantenga, habito bajo el Ponte Vecchio y, si bien, esta misiva nace de la nostalgia de los tiempos felices no me vendría mal que su conocida magnanimidad me otorgara una consideración en forma de algunos escudos de plata para pasar mis últimos días alejado de la indigencia, pues la vejez me llegó sin aviso previo o fui sordo a sus indicios y ciego a los cálculos de su daño. Su gratísimo por siempre fámulo, Giuseppe Rusconi, en Firenze a 05/07/1519.

Fragmentos de carta muy deteriorada descubierta en el archivo de la Biblioteca Ambrosiana de Milán. Nos consta que nunca llegó a su destinatario pues fue retenida por la censura y, además, escrita unos meses más tarde del fallecimiento de Leonardo.

Foto.- Hombre de Vitrubio, tomada de http://blogs.grupojoly.com/elprisma/2009/01/30/se-alza-el-telon/

(Pese al tono burlesco, escrito desde mi admiración plena al genio del que, precisamente hoy, se cumplen 492 años de su muerte).