Author: Goathemala
•viernes, diciembre 11, 2009

Calas

Esta foto es una aberración, una imagen fantasma. No puede entenderse de otra manera la concurrencia en una diagonal del letárgico mundo otoñal y en otra del naciente verde de la primavera. ¿Cual está fuera de sitio? Como fue tomada este diciembre en un paraje de clima continental podemos afirmar que es la planta verde, una cala (del gr. kalos, bonito). Ésta, debiera estar exangüe, resiste mal los fríos.

Hace pocos días un hombre de campo al contemplar una perfecta flor sentenció "rosa en diciembre, espina en mayo". Quería decirme que el frío vendrá más tarde: cuando no debe y hace daño. El refrán esconde toda una filosofía mediante la cual la naturaleza tiene sus propios mecanismo de aclimatación y regulación, algo en lo que estaba de acuerdo hasta la irrupción del ser humano en el clima.

Decía W. Benjamín que el refrán era el jeroglífico de un cuento. Más allá de la belleza del colorido me invade el desconcierto de que esta vez la máxima fuera una errática profecía que se tradujera no tanto en un cuento de terror como en uno de suspense donde el frío no llegue y las plantas o cultivos pierdan su ciclo definido.

Author: Goathemala
•domingo, diciembre 06, 2009

Finisterre

El brazo le dolía con intensidad cuando llegó al fin del mundo. En el roquedal salino que comenzaba al expirar las aguas destacaba un promontorio desde donde en días claros se avistaban los atroces monstruos del Mare Tenebrosum. Allí rezó una oración por su padre y durante unos minutos regresó el recuerdo de Astorga, la enfermedad, la promesa de llegar a Santiago y la tumba a los pies del Teleno. El vocerío de unos peregrinos le sacaron del ensimismamiento, se conminaban a reconocer entre los olores salitrados la peste a azufre de una serpiente marina que soltó su fumarola cerca de la costa. Algunos llevaban en el pecho una concha de vieira que certificara que había cubierto el camino.

Una ráfaga gélida llevó la convulsión a las nubes cenicientas. Al anochecer le llegó el velo translúcido de la lluvia y el muchacho comprobó que se quedaba solo en el paraje. Sin miedo y exhausto busco cobijo bajo un carro destartalado y colgó del eje su zurrón y en los rotos radios por donde flagelaban las gotas extendió su carcomida pelliza. Unas raíces de heno como flácidos tentáculos del mundo silvestre le rozaron la cara. Eran semillas humedecidas y encajadas en fisuras de la madera. Encorvado en ese improvisado techo dispuso sus viandas: dos manzanas, tocino reseco, un mendrugo y cortezas que un lejano día fijaron el límite de un queso. Reservó la fruta y dio buena cuenta del resto.

Se extendió barro en las picaduras del antebrazo y tomó del suspendido zurrón el lienzo pegadizo por el que las había recibido. Apartó la cera y se resguardó por completo bajo la frazada. Pese a que afuera el mundo parecía acabarse, más por el fragor del cielo que por aposentarse en la frontera de la tierra, se sentía seguro bajo ese carro y esa manta como si le resguardaran de las inquietudes del mismo modo en que lo hacían del temporal y de las densas aguas del mar último.

Rememoró los tonos alegres de la chirimía, la extrañeza del vuelo de las aves en esos confines pues lo hacían con el mismo despreocupado afán de su lejano Flandes, el propósito de acompañar a algún trashumante por el camino que llamaban de la plata que le conduciría a unas tierras donde le afirmaron que el sol rara vez se oculta y la simiente se vuelve espiga en dos meses. El sueño mezcló los pensamientos y acabó desvaneciéndole la razón.

Otra vez las criaturas marinas quedaron sin salir esa noche y la nueva claridad que llegó a la anegada costa encontró al muchacho oculto y rígido, con un paño de miel de beleño en la boca.

Author: Goathemala
•sábado, noviembre 07, 2009

Atardecer con tormenta

Un amago de tormenta que lava el aire. Nubes negras que dejan un leve olor a mojado, a caña seca de maíz y ozono reprimido. Tierra que recupera de inmediato la sed, hojas de álamo perdiendo con el amarillo la última savia. El viento cabeceando las copas cada vez más despobladas, llevando a la libertad y a la muerte a la hojarasca, estremeciendo los elementos fijos: batiendo cristales en su presidio helado, señales de tráfico en balanceo, toldos que se hinchan imaginando, acaso, historias de gloria marinera. Botones abrochándose, lamentaciones por abrigos olvidados.

El viejo otoño archivando la vida fatigada, escondiéndola a la primavera que la encontrará - siempre lo hace - y jugará con ella como algo nuevo, como la vez primera en el génesis de los tiempos, sin que sepamos nunca si lo hace por desmemoria o por contemplación de su tierna criatura.

Author: Goathemala
•martes, octubre 20, 2009
Castañas gallegas

Soy una castaña, dijo el pequeño tras darle una lametada a su helado de trufa, una castaña dura y grande.

- Las castañas son para el otoño; ahora no las hay y si las hubiera tendrían gusanos, respondió la madre.

Al volver a casa el pequeño se acomodó en la sombreada esquina de las aspidistras y terminó de zamparse el cucurucho diciendo.

- Esto último para el gusano.

Uvas portuguesas

"Tomo la uva de los labios de mi novio, no vendimio bocas ajenas."

Cincuenta años más tarde aún quedaban energías en el anciano para reconcomerse con aquella frase arrojada por una pueblerina a la que acosaba con coplillas y encuentros que pretendían ser casuales.

Al cabo, pensaba, el desengaño me sirvió para tener más tacto y tratar de igual a las mujeres. Lo que no perdono a aquella muchacha es que desde entonces al ver un racimo no imagine otra cosa que un grupo de labios colgando.

Author: Goathemala
•lunes, octubre 12, 2009

Nieva en la antesala de la muerte. El poderoso dice “Rosebud” y su mano deja caer la esfera de cristal que se rompe escalones abajo. Expira. Sus sirvientes intentan encontrar el significado de tan misteriosa palabra. Así comienza una de las mejores películas, Ciudadano Kane. En su transcurso descrubriremos todo lo abyecto e influyente que era el personaje inspirado en el magnate William Randolph Hearst, y, si estamos atentos, comprobaremos que Rosebud era el nombre del trineo con el que jugaba en su niñez.

El hombre que todo lo tuvo, frente a la muerte, rememora el nombre de su trineo como el trono perdido de la niñez, el espacio de tiempo donde se quedaron sus sueños pues cuando todo se tiene o todo se puede comprar no se sueña con nada.

No hace falta ser poderoso o rico, también los problemas cotidianos se solapan al mundo puro de lo onírico enflaqueciéndolo, comiéndole el terreno. Son diversas las inquietudes laborales que atan de cadenas mis sueños. No quiero perderlos baja la cenicienta patina de las preocupaciones, quiero intentar decir “Rosebud” en vida, ahora.

Es obvio que en mi caso, el atajo a ese mundo no es un trineo, es un bosque, con eso me basta. Incluso con la frondosa copa de un solitario árbol.

Author: Goathemala
•miércoles, septiembre 23, 2009

El perro Lican tiene un cartero dentro. Sólo de esta manera me explico su mirar confuso como de enredarse con códigos postales y efectos timbrados.

Laika, como la ilustre predecesora, parecía haber venido a este mundo para sufrir la crueldad humana, así lo atestiguan las cicatrices de su cuerpo. A ella me resulta más difícil adscribirle un humano aunque, por lo dicho, no debe estar lejos de una mujer maltratada. Laika, tuvo la fortuna de encontrar a otros dueños, Lish y Lou, infinitamente mejores que le presentaron a Lican. Ahora viven juntos en una granja y tienen por compañeros a muchos animales más, entre ellos al gatito de la entrada anterior.

Esta es la historia de su amor y su progenie. Por una vez, sin que sirva de precedente,  las fotos no están retocadas y ocultan mensajes si pasan el ratón por ellas.

Laika fatigada por su preñez. Lican impresionándola.
La playa tenía muchos restos de algas de ahí su color. La última foto de Laika antes del parto.
Diez, fueron diez, esta es nada más que la primera hornada y eso que Lican sólo tiene un testículo. Venir al mundo para competir, una pena.
Apoyo a los más retrasados que esto es un Estado Social. Mira que son feos pero de tan tiernos hasta pasan por guapos.
Author: Goathemala
•jueves, septiembre 17, 2009

Sé querido minino que la rata descabezada que me ofreces quién sabe si como despedida vacacional o como presente por el tercer aniversario del blog, lleva emparejado el esfuerzo de su captura y como tal aprecio tu original detalle. Espero disculpes mis reticencias a participar en tan suculento festín pues me disuaden las moscas verdes que peregrinan a su panza y los escrúpulos culinarios que los humanos acumulamos de unos siglos a esta parte.

Déjame hacerte una foto a ti y no a la decapitada,  que deberé enterrar con mucho asco para que no te la zampes, como recuerdo de vacaciones, en especial, por aquel atardecer que me acompañaste al trigal para recoger almendras e higos mientras nos llegaba la brisa marina.

Por último, puede saberse en qué lugar pusiste su cabeza.

Oh, mejor no quiero imaginarlo.

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Foto propia y ampliable, como todas.

Author: Goathemala
•miércoles, septiembre 02, 2009

 

Muy bien podemos irnos a la casi despoblada comarca del Matarraña, a Mazaleón y una vez allí visitar la cárcel del pueblo, anexa al consistorio, conservada con escasas modificaciones desde el XVII. Si así hiciéramos, veríamos espantados el calabozo subterráneo, excavado en roca, donde los reclusos permanecían encadenados, a un cepo que se conserva intacto, entre la oscuridad y el silencio más absolutos.

La planta superior alberga una celda donde los rigores de la Inquisición y la Justicia fueron menos severos. En ella existe un panel de siete metros repleto de viejas inscripciones de sus moradores, una caótica amalgama de garabatos. Toscos grabados de arcabuces, dagas, barcos o manos: sueños de convictos.

Uno de ellos intenta representar un libro abierto. La poca pericia y la ramplona herramienta hicieron que pareciera más una golondrina batiendo alas, bella metáfora carcelaria. Otro grabado, mejor rematado, nos presenta un libro anónimo, el Quijote, la Biblia o la Pepa. Cualquiera. Todos.

A falta de más datos he convenido que la persona que lo dibujó era un preso político sediento de letras y que esos torpes trazos, escondidos en una comarca aragonesa, son el más puro y sufrido homenaje al mundo del libro y a los que disfrutamos con la lectura.

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Foto propia, puerta de mazmorra, se puede ampliar.

Author: Goathemala
•sábado, agosto 15, 2009

Cuando el peregrino abandonó el pueblo, se llevó consigo el olor de las rosas.

Alcanzó nuestra abadía una brumosa mañana. Venía de Flandes, con sus magras carnes y su andar rengo, guardaba el cabello crespo y el mirar verde de musgo seco. Le hacía mañas a la alquimia y al cincel. Solicitó fonda y sustento unas semanas, a cambio se ofrecía a tallar una rosa mística en un capitel de piedra. Sería un cirio de amor permanente por Nuestra Señora. El abad rechazó el ofrecimiento alegando su deseo de no contrariar al tallador principal; aunque en la abadía, sabíamos que pesó más su recelo por la nueva corriente que representaba de esta forma a María.

Tuvimos el añadido infortunio de que el caminante fuera encomendado al racionero, de conocida tacañería que regateándole los mendrugos, lo mantuvo con avena y agua como si fuera jumento y no una criatura de Dios.

Dos días más tarde, apenas recuperado de las llagas, emprendió su peregrinaje. Educado pero con gesto adusto, casi solemne, se despidió de nosotros lanzando una última plegaria al cielo, portaba un zurrón que exhalaba una singular fragancia.

Tras su partida el jardinero nos alertó que las rosas tenían la color desvaída y el tacto rugoso de pergamino reseco. No tenían aroma ni maneras de vegetal. Aguardamos a los nuevos capullos por si estas habían sido dañadas por un gélido viento del norte o una repentina helada, mas desde aquel entonces crecieron como material inerte.

Han pasado cinco años. Nuestro anterior abad recibió cristiana sepultura y un compañero ocupa ahora su cargo. Ordenó pintar rosas místicas en honor a la Virgen Santísima en el artesonado del claustro. Hemos traído vástagos de Roma y esquejes de Valencia, han realizado variados injertos los mejores jardineros, pero año tras año hemos criado descoloridas rosas, apagadas velas de amor, mustias señales de devoción.

Cada mañana tras el oficio de maitines oteamos el camino a Santiago. Anhelantes y deseosos, suplicamos el retorno del peregrino que porta un zurrón con la fragancia de nuestras rosas dentro.

Publicada en La tierra de los árboles el13.12.2006. En breve, por las vacaciones, espera Santiago de Compostela y quise rescatar este escrito que siempre fue de mis preferidos. Agradezco a todos los que es su momento me comentaron. La imagen es de Frondosidad.