1 de julio de 2018

El manantial de la alegría





Del mismo modo que todas las hadas del norte, Irasmín, se encargaba de la custodia de un manantial. El suyo nacía entre arbustos, originaba unas charcas azules, brincaba un poco entre rocas y se despeñaba formado una cascada que por su sonoridad era conocida como de la alegría. Pero, como los torrentes imitan los acordes de las risas de las hadas, estamos convencidos de que era Irasmín el origen de toda esa dicha.

Una mañana luminosa llegó un joven a sus aguas para refrescarse. El hada, escondida, le observó curiosa. Sabía que los mortales eran prisioneros de un cuerpo que con los años envejecería y, llegado un momento, dejaría de acompañarles. Tal vez por eso siempre imagino que las extremidades abotargadas, los rostros arrugados y el temperamento cascarrabias de los viejos mercaderes, que muy de cuando en cuando pasaban por allí, era el envoltorio natural de los seres humanos. No ese ejemplar tan joven y pálido que trasmitía una sensación de fragilidad que el hada no sabía si la extraía de su cuerpo delgado o era una manifestación de su propio corazón que se ruborizaba al contemplarlo. Se presentó ante el joven.

- Hola humano, soy Irasmín, protectora del bosque y responsable de estas aguas que te alivian.

El muchacho se asustó. Percibió que la voz provenía de las hayas o del viento entre los robles. Le costó unos momentos distinguir la iridiscencia del hada.

- Ufff, disculpe que me sacie en ellas sin permiso, llevo días extraviado sin alimentos, imaginaba que los trolls tenían algo que ver. Menos mal que escuché entre la espesura el sonido alegre de esta cascada.

- Al contrario, para eso están y permanecen tan cristalinas. Eres libre de quedarte el tiempo que necesites hasta que recobres las fuerzas.

Cada amanecer le dejaba una provisión de bayas silvestres y fruta. Jugaban y hablaban sin cesar durante el día y, al ponerse el sol seguían haciéndolo junto a una hoguera que exhalaba chispas ascendentes que se confundían con las estrellas. Supo Irasmín que era hijo de un humilde labrador, llamado a formar parte de los ejércitos del rey y que esa era, en realidad, la ruta que le había llevado hasta allí. En la noche profunda acompasaba los sonidos del bosque para que el sueño le llegara tan plácido como una brisa. El muchacho nunca se sintió tan resguardado, aquél pequeño claro junto a la cascada era su verdadero hogar. Muchas veces al despertarse intuía la presencia de Irasmín al lado y un suave roce de musgo en sus labios.

Llegó el momento de irse a engrosar las tropas regias, de no hacerlo serían implacables con su familia.

- Volveré pequeña hada, si una vez me orienté por el salto de tu agua, lo podré hacer de nuevo y regresar así a tu lado con nuevas historias que compartir.

Apenados se despidieron, el joven encontró la salida por pequeños guijarros resplandecientes que el hada extrajo de las aguas y colocó en el sendero.

Sabemos que, en un lejano páramo, un joven soñador fue a una batalla, que en un lance se vio tendido mirando las nubes y aprisionando en su puño la humedad de la hierba.

Los primeros días de su ausencia el llanto de Irasmín se hizo lluvia, el bosque se anegó, su caudal bramó y sólo se detuvo para salvaguardar la vida de los animales. Decidió dedicarse a esperar a su amor, tenía una inmortalidad para hacerlo.

En Laponia en invierno se congelan todos los manantiales.

Excepto uno que por muy gélido que sea el aire o muy grueso el manto de nieve permanece líquido y estruendoso como mandando misteriosas señales de orientación.

11 de mayo de 2018

Señales de humo



Retuerzo imágenes a veces palabras indagando ángulos con intención.
Pero al buscar descanso tan marchito como la espuma que abandona el mar sólo regresan imágenes sencillas de lo vivido como misteriosas señales de humo.

14 de enero de 2018

La anciana que derrotó a un ejército

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La colina amanece regada de vómitos, ensangrentada y el cielo negro de cuervos, una milicia sin oponente se ha masacrado a sí misma desparramando los campos de cadáveres desnudos y mutilados. Los compañeros, que días atrás porfiaban un futuro, se sacaron las tripas por diversión más que por odio, algunos se han despeñado detrás de luciérnagas imaginarias, el general, antes de expirar, maldice "merde d'Espagne. C'est une terre de fous".

La tarde atrás la guarnición atisbó, en la llanura mísera, una calamitosa aldea sitiada de pedregales y tochas donde únicamente moraba una vieja de las que el tiempo ha doblegado de tal manera que andan encorvadas. La abordaron y tradujeron lo que querían:

-Oro, mujeres, vino.

La anciana al responder alzó las arrugas al hombre a caballo que le dirigió esas palabras.

-    El oro no sé qué es, escuché que reluce como el sol y la gente mata por tenerlo, poco más puedo deciros, las mujeres jóvenes escaparon hace tiempo, lo más de mujer que podéis ver lo llevo yo, por decir algo, pues hay en mí más parte de muerte que de juventud. Ahora bien, vino, si queréis vino y comida sois afortunados. Antes de abandonar el pueblo me dejaron tanto y tan excelente que no podréis beberlo todo y, si me permitís os lo puedo acompañar de pan y guisos de tres cerdos ibéricos de matanza que es carne que le acompaña al caldo como ninguna.

Comieron, bebieron.

A los cánticos de la soldadesca acompañaba la brisa con vestigios de imperios caídos.

Dos días más tarde una octogenaria pactaba a escondidas, en el mercado de Ágreda, la venta de caballos, sables, condecoraciones, casacas y botas de Montauban.

Después regresaba a su puesto de venta de cada domingo y a aquellas mujeres  que sabía de confianza susurraba:

- Tengo belladona, la mejor, recolectada en el Moncayo, te enseñaré a cocinarla, cambiará todo.

6 de enero de 2018

El reto

No abandono el reto diario de una foto y algunas impresiones.

Lo que sí hice fue sacarlo de aquí para llevarlo en:

http://frondosidad.blogspot.com.es/

Allí estaré y regresaré aquí con alguna historia algo más extensa.

5 de enero de 2018

Arranca motores

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05.01.2018

Sopeso la posibilidad de cargar la cámara durante algunas semanas y colocar aquí fotos frescas del mismo día. Con la bici será posible. Todo como un juego.

4 de enero de 2018

El ánimo

Un querido amigo dice que el otoño es un estado de ánimo. Todo puede serlo como los seres volubles que somos. La fotografía concede densidad a los recuerdos. En todo cuanto tenga de recorrido del pasado, de instantes entresacados a la penitencia del tiempo, es un estímulo o una rémora a nuestra disposición de espíritu.

04.01.18 – Foto tomada al Mar de Barents, uno de los mejores días del 2017

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3 de enero de 2018

La pequeña bruma

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03.01.2018

En el amanecer de los los días fríos emana por las riberas del río una gasa de niebla, que reclama un pasado acuático. Hay tal sutileza y abandono que parece indicar los vestigios de una derrota de las aguas a manos de las tierras emergentes. Cuando puedo me detengo unos instantes desprocupado para verla flotar en el meandro como un fantasma galante. No la veo, la respiro.

2 de enero de 2018

Anémona

Dicen de esta flor que vive un romance con el viento y desde entonces se estrechan por los campos en un juego eterno. 02.01.2018

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Helechos

¿Podré? Lo dudo. Vamos a intentarlo. Tratará de una foto diaría, con algunas letras esbozadas si me es posible. Se permiten los retrasos si consigo recuperarme.  Smile

01.01.2018

El helecho sabe a pinar y acelga. Es una planta misteriosa e inacabada, un bosquejo que la flora hubiera abandonado antes de acabar. Era un árbol en Sierra de la Minas. Recuerdo las gotas resbalando por sus hojas y haciéndolas oscilar al desprenderse. Parecía hecha de lluvia. Al llegar la noche el bosque entero se repletó de luciérnagas que desplazaban sus trazos de luz entre ellas.

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