20 de diciembre de 2014

Basker y Willy

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Eran gatitos recién paridos abandonados al frío invernal en una caja de cartón en la Calle Cervantes. Los recogimos. El que no sobrevivió fue enterrado en un parterre pegado al Museo del Prado.

Willy fue adoptado por Baskerville, nuestro perro. Le enseñó a ser noble, a soltar babas de gusto al oler comida, a encontrar las mejores posturas de descanso y a dar interminablemente la pata para recibir caricias. Willy, a cambio, le mantenía las orejas impecables con lametones que le extraviaban la mirada.

Solían descansar juntos el uno junto al otro contándose viejas historias, efusiones y trasiegos de camaradas. La foto, de mis comienzos con esto de la fotografía, refleja uno de esos reposos. Es de finales de los 80, la conversión de un negativo de 35 mm.

Cuando Baskerville murió su aplomo vivió mucho más tiempo en la imitación de Willy. Ocupó sus mismos espacios, simuló las formas, la actitud. Quiero creer que, en cierta forma, extrañándole.

16 de diciembre de 2014

Strómboli

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Menciona volcanes, Solfatara, Teide, Arthur’s Seat. Dice que los conoce todos, que no hay secreto que se le escape entre cráteres, fumarolas o puzolanas. Se acaricia el sombrero que desde eso instante imagino de piedra pómez. Sonríe sabiéndome cautivado.

Me toma el pelo, pienso en silencio. No imagino a este portugués de experto en esa materia, le veo más con una baza de cartas entre sus manos o paseando a un perro enano. Pero la cosa me divierte y continúo. ¿Como é isso?

- Por una mujer, naturalmente. ¿Usted sabe lo que es subir al descender la tarde al Estrómboli en los sesenta nada menos y ver a una chica solitaria y ensimismada tomando muestras de magma? Era la primera vez que veía a una mujer trabajar alejada de una cocina. Aún distingo los tonos naranja en su vestido sobre el azul oscuro del Egeo. Desde aquel momento les dije a mis compañeros marineros que bajaran ellos y que en lo sucesivo conmigo no contaran.

- ¿Y qué paso? Pregunté.

- Pues que no me enteré de nada siendo inglesa pero me hice con cuántos libros pude para impresionarla. Eso, acompañarla por esas montañas y mi atractivo hizo el resto.

Advertimos el frescor de diciembre en las risas.

- ¿Y ahora?

- ¿Quiere conocerla? Venga conmigo a casa y recuerde que si le habla de volcanes a una geóloga, por muy jubilada que esté, verá nacerle chispas en la mirada.

Nos despedimos.

Una brisa fresca escoraba el humo de las chimeneas y las escasas hojas de la arboleda titubeaban si desprenderse. También a él le centellearon los ojos y de regreso, mientras conducía, imaginaba que sentimiento sacaba esos destellos.

13 de octubre de 2014

Las rejas relajantes

No lugares

Estaba hastiado de los espacios transitorios, que nada aportaban, vacíos de personalidad, anodinos, sin alma - como decía él - o sin posibilidad de relaciones como afirmaríamos nosotros. Autopistas interminables, restaurantes caros, transportes, salas de espera, controles y hoteles de aeropuertos.

Le explicó al juez que el robo en el banco para el que trabajaba no había sido por el dinero; no, fue por establecer un vínculo afectivo, poderoso y definitivo con un lugar nuevo llamado Maldivas. Un lugar con todos los componentes para agregar a su personalidad ricos matices.

Su Señoría tuvo al menos, reconoce, el decoro de mandarlo a la sombra, un ámbito entre rejas que si bien no era todo lo estético que podría desearse sí ofrecía un amplio espacio de relajación y formación personal, un ámbito para estar de una vez por todas, además de una variada posibilidad de relacionarse.

4 de octubre de 2014

Los viajes al pasado

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El mismo año que se descubrieron los viajes en el tiempo, en la Sociedad Internacional, los países que poseían la tecnología se comprometieron a no usarla nunca. Pero para las naciones más potentes la tentación de vencer en guerras perdidas, de anexionarse antiguas colonias o afianzarse en la distribución de los recursos naturales, era demasiado incontenible sabiendo que los cambios producidos serían indetectables.

De manera oculta se mandaron equipos al pasado.

Las espadas abrieron orificios nuevos, nacieron estirpes que no debieron ser, sagas enteras no se engendraron, ciudades sin nombre irrumpieron flamantes en lugares no destinados a ellas, amores eternos quedaron sin conocerse y esos labios se fueron a bocas distintas, las patrias se hicieron humo en el sol de una tarde.

Como la insatisfacción es una cualidad del hombre se emborronaron los siglos de nuevas versiones hasta que, en una de ellas, una bala separó la carne de un hombre que quedó sin ser padre. Y el inventor de la máquina del tiempo no tuvo infancia ni fue persona ni vino jamás.    

Quedó entonces un mundo detenido, falseado de intentos, impostado, donde la naturaleza se desmoronaba, y la pobreza mataba de hambre resaltando la riqueza de unos pocos, en el que se mataba por cualquier causa, religión, ideas o sexo. Una época absurda, réplicada, corrupta, desigual. Acaso, muy conocida.

Y a ese tiempo se le sublimó, se le llamó el único importante, y se le denominó por siempre presente.

23 de septiembre de 2014

Flora intestinal

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La inspectora Bargas al despertarse no pudo ni tampoco quiso evitar el encuentro con el reflejo del baño. Allí aparecían, sinceros y despiados, los cuarenta en una demacración que creía una retorcida venganza, y que en realidad, más que un severo castigo del tiempo, mostraban la falta de amor, la privación de horas de sueño, el exceso de las angustias y las comidas desajustadas y escasas.

La luz del amanecer, todavía una ligera emulsión de gelatina, mostraba su habilidad para resaltar las arrugas cercanas a los ojos momentos antes de que fueran embozadas por una capa de maquillaje. Las yemas de sus dedos recorrieron las costillas marcadas, los perfiles del pecho cansado, la comisura agria. Ensayó sonrisas fingidas y no recordó los cielos violetas de su infancia.

La inspectora Bargas al despertarse no sabía ni tampoco quiso esquivar aquel día que le cambiaría la vida. La llamada de sus ayudantes nerviosos, las sirenas policiales incluso para recogerla en casa, la sucesión de infinitas hileras de olivos que parecían la flora intestinal de algo perverso y al final el cortijo entre luz mortecina, anquilosado en un cerro rojo con la obra del mal dentro.

16 de septiembre de 2014

Vendavales secos



Septiembre se retuerce fuera en un vendaval de polvo. La vida en la meseta se encorva en su anhelo de agua. El sol aún encuentra orificios para alcanzarte y su potencia se antoja ya impropia. De camino al trabajo he visto plantas huyendo frenéticas con su humedad succionada. El viento ha formado montoncitos con las primeras hojas cansadas. La luz sesgada del atardecer parecía querer prenderlas.

Y yo, rastreo atisbos de cambio. Algunos amaneceres naranjas, la frenética actividad de los insectos, el tono de algunas nubes.

No cambio, es igual por estas fechas. Espero la lluvia, el repiqueteo de las gotas, la dulce caricia del agua bajándonos la vida.

24 de julio de 2014

La gripe en las galaxias.



Sala de espera del ambulatorio.  Respiro por la boca y mis ojos se apaciguan del fulgor de la tarde. Aire acondicionado poco soportable. Música latina a buen volumen que dice  "pintaré mil mariposas y un atardecer sobre tu piel", conversaciones apocadas. En la puerta de la doctora estampas con flores desecadas  y una desiderata. Al leerla reconozco que, sin citarle, se trata de una versión en prosa de la famosa poesía de Ehrmann. 

Los bellos versos terminan diciendo que somos criaturas de universo como las estrellas y los árboles, recalcando, pese a todo, la belleza del mundo y la validez del esfuerzo por ser feliz.

No puedo ver la felicidad como un fin. Me frustra pensarla así o realizar esfuerzos por ella, la considero mejor un medio para las cosas, la compañera de camino que algunas veces se nos hace la distraída y se pierde y, entonces, esperamos bajos los álamos que regrese pues sabemos que ella hace todo fácil.

Lo que realmente me sorprende y me hace divagar es esa mención del universo.

Allá afuera y aquí mismo, en mí que formo parte, esa vastedad sin horizontes, con leyes ignotas, constelaciones iridiscentes, estrellas recónditas cuya luz pudiera ser un tributo del pasado, inconcebible inmensidad anónima en falso caos. ¿Qué más maravilla que esa?

Cuando me llama la doctora gravito aún por esos mundos y debo descender al instante para hablar de congestión o aguantar una regañina por no darme de baja con lo del brazo.

La luz que entra por la ventana es cegadora pero yo sé que allí mismo, en ese cielo tan sobreexpuesto que oculta los astros, comienza la incógnita y el asombro.

16 de julio de 2014

Oro en el tiempo



En esa calle me caí, muy cerca de este punto, podríamos, en realidad, decir que fue un atropello por un descuido.

Nada queda de aquello. El dolor del brazo desapareció, el trabajo salió adelante sin la diestra. En breve, estaré menos liado, y el esfuerzo realizado se diluirá. Nadie recordará.

Qué lejos queda todo. El tiempo aporta una dimensión necesaria y extraña. Como puntos de luz convertiría estrellas en hogueras. Y las apagaría después.

Estos días de calor fiero, paso por esa bella esquina donde un aspersor roto rocía oro a la hierba, me dejo salpicar breve, sin bajar de la bici, como cerrando el círculo en una travesura que podría servir de burla y definición.

23 de junio de 2014

Avistar ballenas




Arrastraba por entonces el viento promesas de imperios caídos. Cualquier risco, cada escombrera era una atalaya por conquistar y podías ser mil personas en cada juego. Éramos felices por una cuestión semántica: la alegría, polimórfica, alcazaba mil sinónimos. Los gusanos de seda formando capullos como guirnaldas del color de azufre, el premio de un higo negro con su gota de almíbar al alcance de la mano, el sonido del pan de leña estallando en costras doradas, el olor del humo de los sarmientos, la tarde extendiéndose como una llanura de hierba.

Los años nos expulsaron de esa patria que era la niñez y este escarnio, este ostracismo perpetuo toma ahora cara de responsabilidades, facturas, plazos, listas de tareas pendientes arracimándose.

Sólo queda irse al acantilado más alto, desde donde se atisban las ballenas, para aguardar la venida de las ráfagas de asombro, vestigios de aquella tierra prometida.