11 de mayo de 2018

Señales de humo



Retuerzo imágenes a veces palabras indagando ángulos con intención.
Pero al buscar descanso tan marchito como la espuma que abandona el mar sólo regresan imágenes sencillas de lo vivido como misteriosas señales de humo.

14 de enero de 2018

La anciana que derrotó a un ejército

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La colina amanece regada de vómitos, ensangrentada y el cielo negro de cuervos, una milicia sin oponente se ha masacrado a sí misma desparramando los campos de cadáveres desnudos y mutilados. Los compañeros, que días atrás porfiaban un futuro, se sacaron las tripas por diversión más que por odio, algunos se han despeñado detrás de luciérnagas imaginarias, el general, antes de expirar, maldice "merde d'Espagne. C'est une terre de fous".

La tarde atrás la guarnición atisbó, en la llanura mísera, una calamitosa aldea sitiada de pedregales y tochas donde únicamente moraba una vieja de las que el tiempo ha doblegado de tal manera que andan encorvadas. La abordaron y tradujeron lo que querían:

-Oro, mujeres, vino.

La anciana al responder alzó las arrugas al hombre a caballo que le dirigió esas palabras.

-    El oro no sé qué es, escuché que reluce como el sol y la gente mata por tenerlo, poco más puedo deciros, las mujeres jóvenes escaparon hace tiempo, lo más de mujer que podéis ver lo llevo yo, por decir algo, pues hay en mí más parte de muerte que de juventud. Ahora bien, vino, si queréis vino y comida sois afortunados. Antes de abandonar el pueblo me dejaron tanto y tan excelente que no podréis beberlo todo y, si me permitís os lo puedo acompañar de pan y guisos de tres cerdos ibéricos de matanza que es carne que le acompaña al caldo como ninguna.

Comieron, bebieron.

A los cánticos de la soldadesca acompañaba la brisa con vestigios de imperios caídos.

Dos días más tarde una octogenaria pactaba a escondidas, en el mercado de Ágreda, la venta de caballos, sables, condecoraciones, casacas y botas de Montauban.

Después regresaba a su puesto de venta de cada domingo y a aquellas mujeres  que sabía de confianza susurraba:

- Tengo belladona, la mejor, recolectada en el Moncayo, te enseñaré a cocinarla, cambiará todo.

6 de enero de 2018

El reto

No abandono el reto diario de una foto y algunas impresiones.

Lo que sí hice fue sacarlo de aquí para llevarlo en:

http://frondosidad.blogspot.com.es/

Allí estaré y regresaré aquí con alguna historia algo más extensa.

5 de enero de 2018

Arranca motores

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05.01.2018

Sopeso la posibilidad de cargar la cámara durante algunas semanas y colocar aquí fotos frescas del mismo día. Con la bici será posible. Todo como un juego.

4 de enero de 2018

El ánimo

Un querido amigo dice que el otoño es un estado de ánimo. Todo puede serlo como los seres volubles que somos. La fotografía concede densidad a los recuerdos. En todo cuanto tenga de recorrido del pasado, de instantes entresacados a la penitencia del tiempo, es un estímulo o una rémora a nuestra disposición de espíritu.

04.01.18 – Foto tomada al Mar de Barents, uno de los mejores días del 2017

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3 de enero de 2018

La pequeña bruma

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03.01.2018

En el amanecer de los los días fríos emana por las riberas del río una gasa de niebla, que reclama un pasado acuático. Hay tal sutileza y abandono que parece indicar los vestigios de una derrota de las aguas a manos de las tierras emergentes. Cuando puedo me detengo unos instantes desprocupado para verla flotar en el meandro como un fantasma galante. No la veo, la respiro.

2 de enero de 2018

Anémona

Dicen de esta flor que vive un romance con el viento y desde entonces se estrechan por los campos en un juego eterno. 02.01.2018

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Helechos

¿Podré? Lo dudo. Vamos a intentarlo. Tratará de una foto diaría, con algunas letras esbozadas si me es posible. Se permiten los retrasos si consigo recuperarme.  Smile

01.01.2018

El helecho sabe a pinar y acelga. Es una planta misteriosa e inacabada, un bosquejo que la flora hubiera abandonado antes de acabar. Era un árbol en Sierra de la Minas. Recuerdo las gotas resbalando por sus hojas y haciéndolas oscilar al desprenderse. Parecía hecha de lluvia. Al llegar la noche el bosque entero se repletó de luciérnagas que desplazaban sus trazos de luz entre ellas.

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22 de diciembre de 2017

Vitela

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En su viaje a Túnez, el señor, compró al vendedor no el juego de té sino el tapete de vitela sobre el que reposaba. Era piel de cordero curtida, de color hueso y su tersura debía acercar a los hombres del desierto la suavidad helada de la tundra.

Durante meses decoró un dintel en un patio castellano. Un día de finales de primavera una gota de cal lo veló y el enjuague en agua le regresó la tonalidad. Aquella anécdota varió su uso.

En las tardes escribía a pluma en él. Versos sueltos, recados, oraciones rimbombantes o simples emociones. La noche metido en agua desleía cada sílaba como el viento apartando las hojas. La mañana, mientras trabajaba, la piel limpia se estirada en un marco que recogía el sol y al regreso, si le había dado fuerte, adquiría la textura rugosa del asteroide. Las palabras de tinta regresaban cuando la luz mostraba cansancio y se esfumaban en un ciclo que parecía indicar que la oscuridad era tinta licuada.

No consideraba, el señor, que sus textos requirieran mayor recorrido ni menor gloria que la esfumación por humedad, pero sabía que en pieles como esa se habían erigido los textos de viejas religiones, testamentos funerarios de dinastías, cartas de amor, puede que algún cuento de las mil y una noches. El lomo de un cordero joven que una vez pastó en la meseta de Chemlali y se maravilló, arrancando entre grietas un diminuto helecho, con la filigrana que la humedad lograba de las plantas.