7 de octubre de 2017

Las tumbas secretas de Kåfjord

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El sol de costado proyecta sombras de abedules en la Iglesia de Kåfjord. En las afueras del cementerio que la acorrala existen dos tumbas ocultas.

En 1852 en Kautokeino una revuelta sami acabó con la vida del tendero de licores y del Sheriff. Los vendedores y el sacerdote, al que creían en connivencia, fueron azotados. Se trataba de la primera revuelta violenta de esa comunidad. Estaban fuertemente influidos por las prédicas de Lars Levi Laestadius, un carismático líder que adaptaba la mitología tradicional sami al cristianismo y estaba muy opuesto al alcohol que hacía auténticos estragos y se usaba como medio de control social.

El ejército noruego contuvo la revuelta. Las mujeres y los hombres fueron separados a prisiones muy distantes. Los dos líderes principales, Aslak Hætta y Mons Somby, fueron decapitados en la ciudad de Alta, sus cuerpos serían enterrados a las afueras del cementerio por creer que no merecían la bendición cristiana. Las cabezas acabaron en la colección del Instituto Forense de Oslo.

Tras peticiones de las familias y del parlamento sami pudieron recuperar finalmente los cráneos en 1997 y ser sepultados junto a sus cuerpos.

Cuando aparecen, la sombra de los árboles, las mece el viento y acarician un instante la madera blanca de la Iglesia. Las lápidas, en lugar de flores cortadas o de plástico, tienen una pequeña planta de brezo o violetas o las hojas que abandona el otoño.

Fuera de su contorno no apreciamos las tumbas de Hætta y Somby. Tal vez mejor no insistir, que sigan veladas, continuar nuestro camino, que todo lo quede aquí sea su aciaga historia.

27 de julio de 2017

Memoria de lo calcinado

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He salido a correr y he visto hormigas esconderse y cagadas de perro resecas, espigas perforando calcetines y forraje cociéndose bajo un sol desalmado.

He visto una pintada sobre otra pintada y un garabato al lado desplazado de la escena abstracta, unos railes de tren con efluvios de fuego en sus vías.

Un sendero de polvo para abandonar sudor, he sentido el frescor del agua en mi garganta y una ráfaga de viento solitario. Las espaldas de un polígono industrial que agrieta con su ronroneo el silencio de la tarde en la meseta. Tomillos, retamas, salvias y demás vegetación retraída. Los coches en una gasolinera haciendo turno, un niño en la sombra sorbiendo un helado y un padre abriendo pipas.

El girar de un perno en el portal y, antes de entrar a casa, el riego con el agua sobrante a una planta que revivo. El verano avanza, sobre todo se soporta.

19 de junio de 2017

Efervescencia



A estas horas imponderables, en las que el azul y el gris buscan resquicios en este ocre tan devorador de final de primavera, distrae llevar el pensamiento a una meditación nimia que reduzca la transparencia de la luz cegadora, la vibración ardiente en los asfaltos y anhele ese recuerdo de torrentes en las cúspides, el crujir de la nieve al correr en ella, los faroles en la noche alumbrando el aliento del corredor. Aquella efervescencia.

19 de enero de 2017

Si el amanecer más frío…

 

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Si el amanecer más frío del año os diera por correr hacia el trabajo y llevar la intención de un explorador polar descubriríais cosas sorprendentes.

 

Como ejemplo, una acera inundada de hojas escarchadas trituradas y entre ellas, descollando como un islote, una hoja verde, veréis un perro de ojos entristecidos mejor abrigado que su dueña que tirita bajo la pelambrera de un pinar y una señora con ojeras y tinte rubio fumando junto a la Delegación de Hacienda. Al aire helado agitando banderas.

 

Si nos fijamos en las palabras veremos una pintada que dice “Todo me male sal” y “Sad boys” y un carpintero llamado Oli que se ofrece en las farolas mediante un papel rasgado. Sólo observar, repito.

 

Observar al tráfico formando hileras que buscan Madrid como desesperados cetáceos con humo y un río color boreal emanando vapores y mostrando raíces secretas en su fango.

 

Cuando os alcance el primer rayo de sol que nacerá bajo una nube jabonosa no hará falta. Habrá sudor para ese entonces, pero gustará el tono almendrado que deja en las marañas de zarzas.  Observaréis que carece de la potencia necesaria para arrancar un atisbo de primavera pero los patos de la orilla lo saludan. Y en semejante hielo, aunque intentamos no juzgar, creeremos que significa mucho la manera en que lo reciben, con ese desplegar de alas y esa elevación grácil de cuello.