26 de noviembre de 2007

Nuevos estereotipos masculinos del cine actual

Los hombres nunca hemos sido buenos exteriorizando sentimientos, controlando afectividades. El cine dejó y creó escuela de imperturbables patrones masculinos: vaqueros hoscos, taimados hombres de negocios, amargados detectives o galanes de baja estofa. Pocos, muy pocos padres responsables como si el mundo familiar le fuera ajeno.

En el mundo actual en el que las relaciones cambian tanto, en buena medida por el papel cada vez más importante de la mujer, como también por sus mismos cambios intrínsecos, se requiere una revisión de la masculinidad, una adaptación al nuevo mundo de afectos que va naciendo.

Y desde esta óptica dos películas recientes me han maravillado:

Bajo las estrellas, que auna magistralmente humor y drama, ópera prima de Félix Viscarret basada en la novela El trompetista del Utopía de Fernando Aramburu. Un músico de jazz chuleta, un vencido carismático que regresa a su tierra natal para enterrar a su padre. Entre encuentros y desencuentros con su familia le nacerá de forma natural un enorme cariño por una niña a la que considerará su hija sin serlo.

Después de la boda, de Susanne Bier, película cercana al movimiento dogma y al melodrama. Un voluntario danés de un orfanato hindú regresa a su país a solicitar financiación. Desde ese momento su vida dará un gran vuelco. Es muy complicado escribir más sin revelar una trama que se basa en una sorpresa.

Películas recientes donde la masculinidad es capaz de asumir afectos que van más allá de la familia tradicional.

20 de noviembre de 2007

CHOCOLATE Y DINOSAURIOS

A este feo y lúgubre lugar, tiznado por humos de siglos, llegó en 1534 Fray Jerónimo de Aguilar con sacos de una semilla venerada por las civilizaciones más antiguas de América.

Por primera vez en Europa se preparó la emulsión conforme a la receta azteca. Atemperaron su amargor con especias y el resultado fue empleado como reconstituyente del mal melancólico tan habitual en frailes.

Faltaría todavía unos siglos para que las monjas - qué primordial siempre la mano femenina - añadieran azúcar y leche dando lugar al chocolate, placer culinario tan irresistible que estremeció al mundo entero.

A mí no me sienta demasiado bien pero me encanta.

Foto: propia, cocina del Monasterio de Piedra.

 


 

 

Cuenca debió nacer en una batalla carnal entre el agua, el viento y la roca. Replegadas las dos primeras quedó la piedra atestiguando su orografía de cama deshecha, el amor al precipicio del que hizo su símbolo.

Ahora descubro, como sucede tantas veces, que las obras del tren de Alta Velocidad, dejan al descubierto el mayor yacimiento de fósiles de dinosaurio de Europa. Acostumbramos a frecuentar esa zona y la verdad es que el paisaje parecía gritarlo.

 

Fotos: Nahuyaca y mías.

Torca del agua Callejones de las majadas

13 de noviembre de 2007

LA PELOTA ROJA

Érase una pelota roja, lunareada de hexágonos blancos, que un niño pecoso golpeo mal y fue a caer a un barranco. El pequeño de inmediato despreció la idea de bajar. “No me importa, tengo otra mejor”.

Semanas más tarde un excursionista la encontró bajo un arbusto y se la llevó en su mochila con la idea de jugar fútbol con los amigotes pero su esposa al hacer limpieza dijo. “Otro trasto no, la regalaré”.

De este modo, como regalo de la mujer limpia del excursionista inquieto, fue a dar a un muchacho pobre que vivía frente a ellos. El chico sopesó abrirla para comprobar si dentro había aire y nada más. Como todo lo que encontraba era romo, la dejó de juguete a su perro.

El perro, que de todas las razas tenía algo, la disfrutó mucho manteniendo siempre un secreto disgusto por no abarcarla entera con la mandíbula. Una tarde, persiguiendo a la pekinesa Lucy la olvidó en la calle.

La pelota fue golpeada por diversos autos gozando de un derecho mecánico al juego. De rebote en rebote llegó a las manos de un chatarrero albino que la limpió y se la entregó como regalo a su hijo.

El niño pecoso la recibió sorprendido, salió a jugar y la golpeó mal yendo a caer a un barranco.

Así comenzará otro apasionante ciclo de dueños. ¿Acaso podíamos esperar otra cosa de una pelota redonda?

8 de noviembre de 2007

PARTE OTOÑAL

Testimonio que las aves miran al sur con pasión, que el frío acecha con hachas de cristal. Constato que al caminante le acompaña el leve murmullo de las hojas al caer y que su silueta se difuminará entre nieblas. Ahora que la luz escasea y los días son cortos, los árboles, a quien sepa verlos, nos ofrecen las luces y colores que este tiempo nos hurta.
Jarrón del Jardín del Parterre, a la izquierda un magnolio, detrás un árbol de Júpiter o Lagestroemia Ciruelo del Jardín de la Isla, filtrando los rayos solares.
Hoja de liquidámbar Liquidámbar arropando una farola
ólmos y chopos (álamos) Paseo fluvial por el río Tajo
Hojas de tilo en el Jardín del Príncipe Estatua de Apolo, Jardín de la Isla
Cortesana. Lateral del Palacio al fondo, un brazo del río transcurre por debajo.
Frutales en otoño, Jardín de la Isla
Fotos propias y de Nahuyaca. Recomiendo ampliar porque reduje mucho su tamaño. Tomadas esta última semana en mi ciudad. Espero que le gusten a Sofía que anduvo cerca y a Rafico al que le agradan los magnolios (en la foto del jarrón, el árbol que se ve a la izquierda es uno).

3 de noviembre de 2007

TARDE DE DIFUNTOS EN CHAJUL

Dicen y lo tengo por cierto, que al llegar a la aldea el día de difuntos rehuyó el cementerio donde podría encontrar nombres que le afligirían, que prefirió asentarse en la placita de la lglesia y recomponer con los rostros de los niños el tapiz de sus antepasados.

Adivinó los ascendientes de la chiquillería. “Vos que sos medio canche debes ser de los Quiroga y la naricita de tu amigo le delata como Pérez”.

Afirman y lo creo con firmeza que hubo un rostro cuyo rastreo le llevó a su progenie, a la congoja del recuerdo de su hijo muerto, al cálculo de la manera en que aquella niña con sus mismos ojos podía ser sangre de su sangre. Y recordó. Recordó el enredo de faldas de su vástago antes de que desapareciera para siempre, antes de cruzar más intimidada que asustada a México.

“¿Vos sos hija de Graciela?”

La afirmación la resquebrajó por dentro haciéndole imposible distinguir dolor de dicha, pesadumbre de esperanza. Se quedó con ella toda la tarde arropándola de abrazos, contándole cuentos, fabricando juntas juguetes.

Me contaron y estoy seguro de ello, que quienes la vieron regresar bajo la lluvia no supieron distinguir en su rostro donde comenzaba el agua y acababa la lágrima.

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Foto: http://flickr.com/photos/extremeboh/

2 de noviembre de 2007

La huella del hidalgo

Aún estando mejor cuidada y protegida por la primera, tiene la segunda página una huella dactilar que bien pudiera ser la del hidalgo. Atendiéndonos a ella podríamos atribuirle un carácter inquieto, un ánimo febril y apetito por el queso rancio .

“Sepa asimismo que los maravedís que me dio tan alegremente para mi sustento ni sirven para comprar aire, que por cierto es como de chiquero requemado, las monedas que obtuve fueron por dormir pues desperezándome de un sueñecito alguien tuvo a bien dármelas sin entender bien si es que aquí pagan por ello o que me tuvieron por limosnero o mendicante. Entregáronme asimismo un papel sobado en el que figuraba 5 Euro y que rompí y (huella) usanlo para todo como si fueran ducados de oro*.

Sepa también que algunos allí van poco menos que enseñando sus vergüenzas. Vi ombligos de mancebas de los que colgaban aretes de oro o zarcillos de plata, vi peludas piernas de caballeros que corrían como gamos sin nadie que los amenazara, vi, al fin, falsa licenciosidad, indolente ligereza porque permiten eso y no que aliviara mi vientre en un esquinazo. Me increparon como a ratero advirtiéndome que me fuera a un bar a desfogarme y por los ademanes comprendí que eso era para ellos la tasca en cuya esquina estaba.

Entré al cabo y no entendime con el tabernero hasta que no dije vino y me salió entonces con distingos de comarcas y colores que si Rioja, que si Mancha, que si clarete o tinto. Vino grité al cabo y aquí acabó la esplendidez porque sirviome una copa casi vacía dejándose para él la botella. Así que entendí que debiera haber gritado otra cosa.”

Hasta aquí alcanza la dos.

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Foto propia, callejón toledano con la catedral al fondo.

* El papel moneda comenzó a usarse en España dos siglos más tarde.