4 de agosto de 2008

SER AGUA

Agua helada Concluye un periodo de trabajo muy intenso. Una temporada desquiciada en la que incluso me he visto obligado a emplear la conexión ADSL de mi casa porque se perdió la de la oficina. Meses sin tregua que dejaron huella en las pocas entradas de mi bitácora y también en las escasas e inconstantes visitas que han recibido mías. Algo de desánimo ha cundido pero todavía sigo aquí.

En los momentos más absurdos y estresantes recordaba los versos del poeta "Yo amo los mundos sutiles, / ingrávidos y gentiles..." y me relajé imaginando que era agua. Nada más que agua. La exhalada por el aliento del lobo, la que en Sierra de las Minas escoge el océano al que resbalar, la que aprisionó en hielo la nervadura de una hoja como si quisiera llevarse al abismo del invierno un rastro primaveral.

En estos primeros días de descanso la obsesión permanece. Deseo recuperar la salud perdida y aprender a tomarme todo con mucha más calma. Los nervios tragados son, definitivamente, mi talón de Aquiles. Junto a mi esposa Nahuyaca voy a un Spa y reservamos unos días en un hotel rural de aire Zen abrazado por un río de aguas cristalinas. Equilibrarme, meditar, leer, escribir. Es posible – no sé – que no publique nada en las próximas semanas pero aprovecharé para visitarles.

Muchas gracias por su presencia constante en La tierra de los árboles.

--

Foto propia: hielo con la huella de una hoja. Molina de Aragón.