25 de junio de 2015

Vendedora de sardinas entre lavandas

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Vendía sardinas que parecían plata en Ponte de Lima. Sus manos hacendosas no paraban, en su mirar fogoso había un recelo del mundo, una desconfianza con las notas tiernas de una infancia sin cariño ni descanso.

La vi tres años. En los sucesivos por la puerta entreabierta resaltaba una báscula de bronce en la penumbra. Bolsas plásticas, el viejo aparador acaparando polvo. Su ausencia.

En las fijaciones de turista todos paseábamos por aquel arco medieval, ascendíamos al torreón y merodeábamos en su portal.

Las lavandas siguieron floreando.

Todo parecido.

Casi.

A mí aquel rincón me pareció desde entonces definitivamente huérfano.

7 de junio de 2015

Avena loca

DSC_7292-Editar

Sabemos que la avena no se hizo loca en una tarde y que llegó a la demencia por el sofoco de las lindes. Para loco - piensa ella - ese sol alborotado que les roba sus últimos jugos para treparlos a las nubes y formar lluvias con reminiscencias silvestres: chaparrones de romero y malvavisco, aguaceros de menta y salvia, que caerán a miles de kilómetros y se emboscarán a las mentes lógicas o demasiado ofuscadas y serán, sin embargo, muy perceptibles a los que se absortan mirando la llama de una vela o creen que la realidad es un retazo de sueños por venir.

Sencillo será pensar así que esas gotas colmatadas en el paraguas que forman regueritos fueron una vez la savia que hizo verde a un manojo de avena fatua que un chico vio en uno de sus paseos por Aranjuez.