26 de julio de 2008

LA ALFORJA DEL SOLDADO

RododendroEl tirano lo tuvo claro al ganar la guerra. Los buenos recuerdos crean esperanzas y no interesan al gobierno. Al pueblo, esa inacabable masa de tontos, se le lleva con miedo y manipulación. Ardieron los libros, filones de sueños, los idealistas murieron en prisión, se prohibió toda forma musical, excepto la militar, y en las centrales térmicas una lenta combustión acabó con el millón de formas en que se envuelve la esperanza.

Por aquellos días las lluvias arrancaron el color de todo. Las gotas arrastraban el verdor de la vegetación, los ocres de los campos de labranza, el naranja de los atardeceres. Los ríos, incontenibles, buscaron el mar como arcoíris líquidos y las corrientes desterraron el cromatismo a lejanas tierras dejando una nación de grisura deprimente. Adecuada, pensó el dictador, para homogeneizar inquietudes.

Nadie supo que en la guerra que llevó al dictador al poder un soldado moribundo vagó por los montes y antes de bajar al pueblo a expirar, enterró entre pinares una alforja repleta de sus mejores momentos.

Décadas más tarde un pastorcillo miraba con asombro unas flores de tonos encarnados. Destacaban entre la apagada vegetación. Intentando averiguar el secreto encontró enterrada bajo ellas una alforja. La abrió.

Aquella noche, en la cena con su familia, levantó la memoria de un soldado, pocos años mayor que él, que amó a una muchacha de ojos verdes, a la besó tras bailar toda la noche. Tarareó música prohibida, recitó poesías y rubricó la euforia del amor correspondido. Más tarde desplegó el sabor de la fresa, historias de libros y la idea de un mundo nuevo.

Y cada palabra, al salir de su boca, llevaba un color que se fijaba a los presentes, tiñendo iris, sonrosando gestos, verdeando los arbustos.

La noticia de un valle de color verde no tardó en llegar al tirano que envío a sus mejores tropas para sofocar la revuelta. Regresaron asegurando el triunfo pero, en la intimidad de sus hogares, los tomates que saboreaban eran rojos.

Como cada amanecer, probando un café cargado, el tirano aparta las cortinas para deleitarse con la inmensidad de su poder. Un cielo fulminantemente azul le hace quemarse . Asustado, antes del desmayo, pudo balbucear a un escolta de mirada celeste "todo está perdido".

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Foto propia, flor de rododendro. Dedico la entrada a mi idealista, Atticus.

25 de julio de 2008

EL CAMINO DE PABLO CARRASCO

Gatito

A Charles de Batz, contador de historias, caminante ilustrado, escrutador de nubes y amigo.

Lo cierto es que Pablo Carrasco ya llevaba la semilla del cambio la mañana que acudió al trabajo. Detestaba su temperamento sanguíneo, le hastiaba lo que era y por encima de todo odiaba la carpintería a la acudía cada día para ser nadie. A casi todo había llegado a acostumbrarse en su trabajo. No a lo de hoy. En un rincón, entre serrín, le mostraron un minúsculo gatito negro que dormía enroscado.

- ¿Pero, qué hace aquí? - preguntó sorprendido-

- Se coló una gata el fin de semana pero le arrojamos piedras. Esa, ya no vuelve. Venga, mata a la cría o dale un curso de buceo – le ordenó el encargado señalando la pileta en la que humedecían la madera-.

Esa misma noche el encargado le contaba con estupor a su esposa la reacción de Pablo, aseguraba que torció el gesto y que, con ojos retadores, fumaría un pitillo y entre lentas caladas acercó el gatito tanto a su cara que temió que lo descabezara de un mordisco. Después, lanzaría la colilla lejos diciendo “el último” y añadiendo – eso lo oyeron todos - “al carajo”.

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Voy descubriendo placeres nuevos. Lavarme los pies cansados con agua fresca o partir antes del amanecer, siguiendo la Vía Láctea que cubre mi ruta como si fuera la misma. Entonces, en la oscuridad total, percibiendo en el refugio de mi cuello su tacto tibio, lo tomo. Habitan en sus ojos destellos de los astros y sé que en unas horas, con el alborozo de las aves matinales, esa mirada será cazadora. Ya tiene gracia que con lo que me aburren los dogmas me animara a emprender El Camino de Santiago con un gato en los hombros.

He constatado que, hasta ahora, mi vida la ha movilizado más los miedos que las motivaciones. Y esos temores, sentir dolor, perder el trabajo, quedarme solo, son estrictamente materiales e infundados. Provienen del terreno que nadie ha pisado, el futuro. Pero sí son aptos para generar angustia y modificar mi carácter.

Desde que comencé medito y vivo mi presente y eso no va mucho más allá de la hogaza que mastico o de la sonrisa que me provoca ahora mismo mi gato jugando con una espiga.

La única ilusión que permito al futuro es la propia del caminar, proseguir la ruta de las estrellas, la que lleva a Compostela, la que concluye en mi interior

Pablo Carrasco, Nájera, otoño de 2008.

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Foto de mi hombro junto con el gatito que inspiró la historia.

Cambio de imagen lateral.

Tiene razón Max, no todo deben ser campos achicharrados en el estío. Así que coloco una imagen marítima en el lateral. Efectivamente, en el escrito anterior la maldición existía nada más que en la mente repleta de prejuicios del duque.

15 de julio de 2008

LA MALDICIÓN HAITIANA

El duque Frechereau, opulento terrateniente y décimo tercero en el orden sucesorio al trono francés, sufrió la picadura de un avispón en sus nobles partes y, debido a la notable hinchazón, se desplazó en secreto a Turín para ser atendido por el más reputado urólogo. Mas, Adolfini a la vista del lastimoso estado de su miembro viril entendió que lo que allí había eran estragos de burdel, no de avispas y disculpó la falsedad como una manera de discreción desesperada. Dispúsose a aplicarle el método Fracastoro: emplastos de ácido sulfúrico y vapores mercuriales.

Emprendió el duque el retorno a París en peor estado en que lo abandonó. Nunca alcanzaría su lecho, agotaría sus días agonizando en una fonda de Dijon.

En sus postreros momentos de conciencia recordó entre sus numerosas amantes a la criada negra a la que tantos hijos no reconocidos había dado. Creo –se dijo- que al deshacerme de ella para mandarla a su tierra, desde la popa de aquel barco abarrotado, con toda la prole bastarda agarrada a su falda, sus labios trémulos no rezaban como pensé hasta ahora sino que me lanzaban una maldición.

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Foto propia, avispón libando un lilo.

6 de julio de 2008

EL CONCIERTO DE ARANJUEZ

Se casaron en Valencia en el año 1933. Sin dinero para ir a París de luna de miel, como era su sueño, tuvieron que apañarse con visitar los jardines de Aranjuez. Ella era una pianista turca y él un compositor ciego. Pasearon por las frondas amarrados del brazo, besándose con timidez. Ella le describía todo. Él adhería a las imágenes el olor de las magnolias, el murmullo de las fuentes, el frescor de la clorofila.

Meses más tarde, aunque perdidamente enamorados, se separarían unos años por falta de medios. Al poco de reunirse comenzó la Guerra Civil Española. Huyeron de la contienda estableciéndose en su añorada París tras un tiempo en Alemania donde los nazis acabaron sospechando de aquellos refugiados españoles. París, invierno de 1939. Sufren el trauma de perder al hijo que estaba a punto de nacer y comienza un periodo de desesperanza y enfermedades provocadas otra vez por la escasez. A ello se unieron las campanas de guerra que sonaban en Europa y las pésimas noticias que llegaban de España.

Hubiera sido fácil que el desánimo desembocara en dejadez o depresión. Pero los soñadores siempre encuentran vías de escape y él, ante todo, era un soñador inquebrantable. Con el método Braille compuso un concierto de amor y remembranza por los jardines en los que se sintió dichoso. Sería su testamento vital, puede que nunca regresara, que nunca sintiera algo similar. Tuvo además el arrojo de incluir en una composición de corte clásico el instrumento que muchos concertistas consideraban burdo, el que acompañaba los desgarros y euforias del pueblo llano que con tanta saña se mataba al sur de los Pirineos, la guitarra española. El resultado:

Concierto de Aranjuez, segundo movimiento. Compositor: Joaquín Rodrigo. Int.-Paco de Lucía.
En aquella lóbrega España de la posguerra los asistentes a los conciertos de estreno lloraban. Afloraron excelentes guitarristas como Andrés Segovia o Narciso Yepes que se honraban al representarlo. Recibió mil versiones, la mayoría mediocres, se ha incluido en la liturgia judía, en series de anime, en películas. Es la obra española que más derechos de autor reporta especialmente en Japón donde es venerada.
Hasta su muerte Joaquín Rodrigo y Victoria Kamhi nunca más se separaron ni tuvieron las necesidades de antaño. En la democracia, incluso, recibirían el título nobiliario de Marqueses de los Jardines de Aranjuez.
Hoy sus restos reposan juntos, muy cerca de donde escribo estas palabras, el mismo lugar donde fueron tan felices.
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Foto propia, Jardín del Príncipe.

2 de julio de 2008

REGRESO

Antes de que la desgana y la frustración por la falta de tiempo libre tejan más raíces, sería conveniente volver poco a poco. Luego vendrán las benditas vacaciones y será más difícil hacerlo.

Por una vereda de hojarasca escapó del hormiguero con una semilla en la mandíbula. Era su nuevo amor.

- Y cuando crezcas, le decía, me subiré a tu copa para otear el horizonte.