4 de abril de 2010

La hierba para el fusilero

Cuando el fusilero Cifuentes escuchó el fragor del cañonazo hacía ya unos segundos que su boca probaba el sabor acre de una tierra distante. Doblo el cuello y respiró aliviado al ver sus piernas ilesas. Al intentar erguirse advirtió un dolor punzante en el vientre y su cuerpo dejó de responderle. La cadera esquirlada por la metralla, pensó.

Bocabajo e inmóvil, doblando con levedad el cuello podía ver sobre la hierba menuda un cielo sin nubes. ¿Cómo estoy aquí, en qué me equivoqué? Mi hermano estará sembrando campos como éste y en estas noches limpias el patio de madre estará coronado por la luna y junto al estanque deben percibirse ahora el aroma de las primeras flores.

Sus compañeros le encontraron y lanzando mensajes de aliento montaron el armazón de madera para transportarle al caserón que servía de improvisado hospital.

Al despertar reconoció en la penumbra una habitación espaciosa y mal ventilada. Unos cánticos militares en la explanada apagaron los gemidos ingrávidos de sus compañeros. Al anochecer, el capitán en persona le visitó para darle ánimos. En un gesto de confianza le colocó la mano en el hombro y le llamó por su apellido.

Por un instante el fusilero se emocionó de que el oficial le reconociera, después olvidó el mundo de las cosas y las palabras y, abstraído, ancló su mirada afiebrada en un punto impreciso de la pared. No pensó más que en el centro de su nueva realidad: unas simples briznas de hierba silvestre que había conocido unas horas antes.

21 comentarios:

  1. Esa hierba era lo único que merecía la pena en aquella guerra. Y en todas.

    ResponderEliminar
  2. Pedro Ojeda Escudero, o el regreso a lo simple, a la esencia, que tantas veces tapamos en un mundo de artificios de todo tipo. Gracias, saludos.

    ResponderEliminar
  3. Olvidó lo peor de la escena y se quedó con lo más pequeño y limpio y bello.
    Ojalá volviese pronto al patio de su madre a mirar con ella la luna.

    Abrazos a pares

    ResponderEliminar
  4. Que duro..la muerte...y al final no queda ni siquiera una brizna de hierba...saludos

    ResponderEliminar
  5. un gusto volver a leerte hacem ucho no pasaba por tu hermosa casita virtual y dejame decirte que el fachado de tu hermoso jardin me gusta, da una sensacion de tranquilidad, saludos

    ResponderEliminar
  6. Sin duda, se equivocó en marchase de esos campos en que podía sembrar y cosechar, para marcharse a otros campos a matar o morir....

    La historia de tantos pueblos, que en aras de no sé qué...sacriican a sus jovenes....
    Besios

    ResponderEliminar
  7. A veces la claridad está en el olor de la hierba.

    Un beso, otra vez...

    ResponderEliminar
  8. Subjetivo y entendible!

    Saludos amigo, me alegra volverte a leer.

    ResponderEliminar
  9. Son aquellas pequeñas cosas...

    Delicioso... relato

    ResponderEliminar
  10. Consigues emocionarnos con muy pocas palabras, querido amigo. Tienes un arte y una sensibilidad especial para hacerlo. Un abrazo muy fuerte.

    ResponderEliminar
  11. NO quiero ninguna guerra, ninguna.
    Amigo Goathe, te ha quedado precioso este relato con todo su dolor y su ternura.

    ResponderEliminar
  12. La foto es hermosa y si así estaba lo que vio, comprendo al hombre.

    Abrazos amigo.

    ResponderEliminar
  13. Un relato muy bello. Fue inteligente el fusilero, descarta lo feo y se queda con el mejor recuerdo, las briznas de hierba silvestre.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  14. Ya q hay q morir, q sea pensando en el campo.
    Precioso texto, amigo.
    Un besico.

    ResponderEliminar
  15. No hay nada que merezca la pena llevar a alguien a una guerra. Es realmente cierto, al fin solo queda lo elemental, lo único capaz de conmovernos.

    Espero que tu salud haya mejora.

    Salud, mucha salud

    ResponderEliminar
  16. Lizzie sigue enamorada de esa foto del gato.... en tanto yo pregunto ¿tienes alguna foto de un algarrobo europeo? pues paree que son distintos de las bestias que crecen aqui, y estoy punto de comprarme -un bonsai de- uno.
    Como para que no me metan mula ni mucho menos, o una hierba como al pobre fusilero.

    ResponderEliminar
  17. Para hallar la esencia hay que "elevarse" un poco de todas las cosas...efectivamente el regreso a lo simple es lo que nos convierte en humanos...
    Un fuerte abrazo.

    ResponderEliminar
  18. El algarrobo ya esta a bordo, Tio Goathemala. Como prometio mama, ni bien pudo lo rescato del vivero y ahora esta en casa, solo que a mi no me dejan acercarme mucho porque sus hojas son muy sabrosas y no quieren que lo coma. Pero si lo estoy podando!!! digo, pero no quieren saber nada que lo pode yo.

    ResponderEliminar
  19. En los peores momentos las mejores imágines de nuestra vida pasan ante nosotros. Hermoso relato, una gran sensibilidad. Besos.

    ResponderEliminar
  20. Muchas gracias. El fusilero Cifuentes soy yo. Con problemas de salud y alejado de la naturaleza.

    Gracias y saludos.

    ResponderEliminar
  21. El enla guerra, el hermano sembrando campos donde nacerán espigas. Elecciones; la vida es una constante elección, y cada elección tiene sus consecuencias. De todos modos, aún em los peores momentos podemos elegir recordar una espiga hermosa en medio de un erial.

    ResponderEliminar