20 de marzo de 2010

Primavera

Más o menos así estaré de trabajo en las próximas semanas, por ello lanzo esta entrada de fotos que podría llamar descartes - no por el filósofo francés :-) - sino por la duda que me surge de qué hacer con ellas. Tiéndase la luz ahora que comienza la primavera, que pierdan el polvo o la timidez y hagan de puente hasta que vuelva a publicar esperando que para entonces esté recuperado del todo.

Las fotos quedan libres de derechos y a 1200 píxeles con sólo un clic, sin marca de agua, y pueden reproducirse con total libertad. Por ser, ni siquiera es necesario que se me cite si alguno decide usarlas. Puse sobre ellas impresiones que pueden verse al pasar el ratón.

Un almendro muy importante para mí, está en una loma arrasada como un símbolo de una era que se pierde.

Revoltijo de estaciones.

Acueducto de Segovia, quise darle un toque terroso.

Palacio de Aranjuez desde el Puente de Barcas.

¿Espuma de café? Lo parece pero no, en realidad tiene peor sabor, es espuma de hormigón.

Foto desenfocada de hojas de cercis siliquastrum (árbol del amor).

Playa de Muro, en HDR.

Un amanecer en un pazo. Un paseo y la forma del rocío en la telaraña.

Un gran modelo el gato, se puso tras una tela negra y aproveché.

Trigal descubriendo el sol.

Pintada simpática.

Al acecho de un sapo. Portugal.

Hojas de liquidámbar en otoñaje.

La Giralda y la luna en Sevilla y yo sin trípode.

Gracias y saludos.

8 de marzo de 2010

El ataque en el chino

Si bien es cierto que palidecí en prisión por ser amigo de lo ajeno no lo es menos que trato con corrección al paisanaje sin considerar lo abultado de sus bolsillos, el matiz de sus pellejos o los pensamientos almacenados en sus seseras. Si en algo soy celoso es en el respeto a las féminas pues, mientras que de los varones acostumbré a encajar golpes, favores recibí de ellas.

Por ese motivo, almorzando en el restaurante chino no encajé con agrado los insultos que el señor dirigía a la solícita camarera oriental. Se trataba de un joven encorbatado, engominado y egolatrado que la templaba con frases como "no te enteras china, que fea eres y sorda", "no pienso pagarlo, está frío o sea que me lo cambias ya mientras voy al servicio". Y así hizo, dejando balbuciente y temblorosa a la chinita.

Sabido es, no lo niego, que encaminé mis pasos tras él, apurando un chop suey, y que tirándole de la corbata con la izquierda le aliñé dos buenas hostias con la derecha para tornarlo razonable. Y hubo de dar resultado pues en lo que restó de velada fue todo un ejemplo de comedimiento y apetito.

¿Cómo dice Señoría?

Sí, le quité el móvil para evitar tentaciones de socorro mientras vigilaba el cumplimiento de lo acordado en los baños. ¡Qué al irme olvidará devolvérselo debe atribuirlo usted a mi poca cabeza!

El juez se mesó el cabello sorprendido por la osadía y el lenguaje de un acusado que decía haber leído a los clásicos "para atemperar la soledad carcelaria".

Dudaba del veredicto. Al final, dando un golpe con el mazo, determinó:

- "¡Qué decidan los comentaristas! ¿Culpable o inocente?".


Hará cosa de un año me encontré a un ejecutivo que trataba de esta manera a una camarera china. Me sorprendió tanto su desfachatez, el ataque al más débil, que por mi cabeza pasó hacer lo de mi personaje. Afortunadamente soy bastante pacífico. Eso aclara mi etiqueta personal.

Por lo demás, con titubeos y recelos, mejoro del sistema digestivo. La dieta y la aprensión me dejaron enjuto, demacrado y lívido. Nada que no se solucione con paseos soleados, buena mesa y tiempo. Del yoga muy bien, aprendiendo. Gracias a todos por su ayuda y empuje.

Como ahora me asomo tan poco a este mundo aprovecho para mandar un saludo de ánimo y esperanza al pueblo chileno y, en especial, a los amigos blogueros que he tenido la fortuna de conocer en estos años.