19 de abril de 2013

La inocencia



Aún me alcanza el recuerdo de que una vez tuve menos de cuarenta y siete tacos y las rodillas peladas de jugar por el campo, la delicia del tiempo estirando sus segundos y, en cada uno, agazapadas, mil posibilidades. Planetas nuevos y azules al alcance de la mirada; bajo cada mesa, una cueva o un refugio, las cumbres más altas medían cinco metros y las remataban sacos de abono apilados. 

Aquella infancia feliz fue mi única patria verdadera. Crecer fue adentrarme en el destierro del tiempo y en la evocación nostálgica de esa edad de oro.

En muchos se marchó; en mí, el desencanto y escepticismo amenazan pero aún, profundo, valoro el refulgir de aquella inocencia primera, la que temo perder pues encierra la cautivación, la fortaleza de las ilusiones, el no darse por perdido nunca, la fortuna de una curiosidad intacta y las perspectivas y posibilidades que abre el optimismo.

14 comentarios:

  1. No dejes nunca de alimentar el niño interior. Cómprale chuches y chiches y habla con él.
    Sí,habla con él. Existe. Está ahí y te acompaña; es el mejor amigo de tu ángel de la guarda.

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    1. Malos tiempos estos para la lírica, verdad? Gracias, se hará lo que se pueda, un abrazo.

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  2. Esa mirada fresca la sigue usted teniendo...pero tiene razón...no se debe perder por mucho que lo intenten o pensemos que no podemos tenerla...es uno de los milagros del mundo, esa capacidad de sorprenderse de todo, por todo...de soñar y lograr cosas...

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    1. Resulta difícil devolverle una mirada limpia a este mundo. También es imprescindible, por eso podemos aprender de los niños. Abrazos, gracias.

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  3. Sigue escrutando todo lo que capta el objetivo de tu cámara, salpica tus capturas con tus textos, melancólicos algunos, existencialistas otros...

    Abrazos, amigo.

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    1. Seguiré, eso sin duda, cueste lo que cueste, gracias, abrazos.

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  4. En la mitología egipcia, la rana es el símbolo de la resurección, del cambio constante, y hay al respecto una hermosa historia en torno a cómo la diosa Herit, cuyo atributo era la rana, que ayudó a Isis a recomponer el cuerpo destrozado de Osiris y después le insufló el hálito de la vida.

    Coincidimos en muchas cosas de las que dices, y cuando leo eso de "Aquella infancia feliz fue mi única patria verdadera", lo reformulo -con tu permiso- en: Los recuerdos son nuestra única patria verdadera". Hace tiempo le dí vueltas a esa idea...

    El escepticismo y el desencanto es como el final de un tramo del largo recorrido que es la vida. Después se renace y comienza de nuevo el ciclo. Será tarde o temprano, pero será.

    De ahí que sobre tu hombro descanse una rana: confía en la llegada del renacer.

    Salud

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    1. Desconocía dicha mitología, muy interesante, gracias. En realidad, es la rana de mi sobrina que, fuera de plano, me la pedía insistentemente.

      Me gusta como defines esa patria a la que convergemos aquellos a los que nos gusta mirar más hacia dentro que hacia afuera.

      Y si el tema es de ciclos, aguardemos confiados al renacimiento.

      Gracias, abrazos.

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  5. Me he dado una panzada de bellas fotos y textos. Me ha encantado el divertimento de Clara desdoblandose en la noche, o la caligrafia fina de ese pino bañado por la nieve, o el extrañar a la amiga bicicleta.
    En cuanto al ultimo post, hay momentos de la infancia (al menos la mia) que parecen magicos, bañados por una luz dorada. Imagino que en tu caso ya que rondamos la misma edad, nos pasa lo mismo.
    En cuanto a la inocencia te deseo que no la pierdas en su justa medida, que mantengas esa capacidad de asombro de niño con la experiencia de hombre, la capacidad de amar algo de solo verlo o sentirlo de esa edad, sin que por ello nos tomen un (encanecido o no) pelo de tontos.

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    1. Muchas gracias por tu lectura y regreso después de tanto tiempo. Sí, captar aquello que nos emociona, lo entendamos o no como belleza, recrearnos, reflejarlo en una imagen sea como fuera, espero no perderlo. Gracias y abrazos.

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  6. Sin más... Me encanta todo, todo, la rana incluida.

    Un besote!!!

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    1. Muchas gracias, la rana se la tome prestada a mi sobrina.

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  7. Saludos, Pedro...¡¡¡Ay, cuando hablas de la inocencia!!! A los que pasamos de los cincuenta se nos hace muy duro recordar aquellos años de niños, ¡¡¡siempre con las rodillas peladas!!! Sí, nos recordamos así, porque aún no hemos dejado de ser niños. Un abrazo.

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    1. Con los años puede que uno gane firmeza en sus convicciones y se pierde parte del misterio y del brillo que tenían las cosas. ¿No podría haber un equilibrio, amigo Mateo? Gracias por pasarte, abrazos.

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