Como esta entrada trata de una solidaridad que ya es puro desprendimiento quiero dedicarla con todo mi cariño a los amigos bloggers que me concedieron el honor de considerar mi espacio un blog solidario: Nerim , Ulyses , J. Ubeda , La Filistea , Tanhäuser , Lludria , CHC, Fiamma, Charakotel y Ana.
Lo encontré en Melgaço descansando bajo un castaño frondoso. Siempre me gustó intercambiar unas palabras con los viejos lugareños y éste debía tener un siglo. El atuendo era anticuado pero impecable, calaba un sombrero de fieltro del color de una mala tormenta. Su rostro, con las arrugas lustradas por los vientos semejaba un guijarro fluvial. Encima de los huesudos pómulos sus ojos pálidos saltaban a todo lo que se movía. Percibió pronto que me llamaban la atención.
"Es por el contrabando ¿sabe?, hay que ser rápido de vista, una vez no lo fui y pague mi precio. Fui contrabandista treinta años. Nos aprovechábamos de la autarquía franquista, colábamos a España vino de Oporto, chocolate y café y de regreso a Portugal traíamos aceite y cuero. ¿Quiere saber qué es lo más extraño que he cruzado? Una vez traje un toro semental más grande que un caballo y otra lleve a su tierra a una señorita portuguesa por amor. ¿Se extraña? Le contaré la historia. Era huérfana de madre e hija única de un acaudalado terrateniente, había quedado prendada de un mozo gallego que conoció en una feria de artesanía y al que su progenitor repudiaba por español y pobre. Querían reunirse para lo cual necesitaba cruzar pronto a España sin ser sorprendida por los guardias de fronteras. Yo declinaba su petición por temor a que me acusaran de secuestro pero me conmovía su fragilidad y arrojo. Al final decidí juntarlos tomándo la precaución de partir de noche y aprovechar el radiado de un partido de fútbol de la selección portuguesa que tendría ocupados a los agentes.
Llovía a cántaros, tape a la señorita con una cobija acomodándola en la mejor mula y le di conversación para distraerla del aullido de los lobos. Durante el camino me relató ilusionada su historia de amor, el valor del mozo en el cortejo, la disposición del mismo en hacer las americas y ganar la reputación y estima de su padre, la convicción de ella de no permitirlo sin su compañía.
Al alba la dejé en una aldea gallega donde se encontraron. Entre besos y lloros de gozo insistieron ambos en pagarme con unas joyas que ella llevaba al efecto pero no las acepté de ninguna manera. Hay ciertos asuntos que deben hacerse sin esperar correspondencia y el amor es uno de ellos.
Un año más tarde recibí una carta de agradecimiento. Estaban en Venezuela donde se habían establecido supongo que en parte con las alhajas que no quise. Prosperaban despacio y ella estaba además embarazada.
No sé quien de correos informó a su padre de la misiva y el hombre, pensando que sin mi colaboración todavía la tendría a su lado, contrató a unos hampones para matarme. En aquellos años se pensaban poco las cosas.
Me sorprendieron en un lugar escondido, se tomaron su tiempo golpeándome y finalmente arrojaron mi cuerpo al precipicio. Debí morir, sin duda, pero unos abedules frenaron la caída y nunca supe como desangrado y molido logré ascender al sendero donde me recogió, horas más tarde, un compañero. Que viví, es cierto, pero no me recuperé nunca, perdí varios dientes, mi brazo derecho quedó exánime y desde entonces cojeo. Ni podía apretar las riendas así que allí acabaron mis años de contrabandista. Tuve que habituarme a otros negocios; primero a que me mantuviera mi esposa y después como vendedor de legumbres y telas.
No. Miro atrás y no me arrepiento. Me gustaría haber sido más precavido ese día, llevar al perro o ir armado pero de conducir a la señorita a su amado me muestro orgulloso. Quizá sea lo mejor que hice nunca. Me han dicho que tienen nietos en Caracas y que me recuerdan con cariño. ¿El padre de ella, el terrateniente? Parece que acabó perdiendo el seso entre delirios de grandeza, se hizo un castillo haciéndose llamar duque sin serlo. Vivió aislado, incomprendido. A todos los consideraba inferiores e indignos".
Quedaba mucho camino, charlamos media hora más y me despedí conmovido del viejecito.
En el regreso pasé por el lugar donde comenzó la historia. Estacioné y pregunté a una señora que barría el empedrado. Me confirmó que, efectivamente, cuando era niña el señor más pudiente se construyó un palacio que desde su muerte quedó abandonado. Quedaba muy cerca, frente a la Iglesia, apenas a unos metros.
Era un edificio sombrío, ruinoso y malévolo como la pesadilla de un iluminado. Cabras y maleza cercaban la propiedad, acotaban la grandeza del falso duque. Una atmósfera opresiva y decrépita perseguía cada paso, un rumor hueco emergía de las enredaderas. Anochecía. No era buen sitio para quedarse.
Manejando de regreso recordé las palabras de despedida del contrabandista:
" Y ahora la muerte, como si tuviera vergüenza o como disculpándose por venir anticipadamente, me concede una tregua inesperada. A mis años, vivir es degustar recuerdos y melancolías, así que le agradezco la conversación. Haga lo que quiera con mi historia que ya quedó en el olvido. Me consideraré afortunado con que le quede un grato recuerdo mío".
Fotos: propias y de Nahuyaca.
1.- Panorámica del macizo granítico de Peneda-Geres por donde transcurría la principal ruta de contrabando. Recomiendo ampliar (560Kb).
2.- Frontal de la mansión - castillo.
3.- Torre trasera de dicha mansión.