5 de agosto de 2010

El pastor y los marcianos

- Y allí junto a esas encinas fue donde los alierígenas me raptaron.

- Alienigenas o marcianos, le corrijo, y es abducción.

- Ustedes, los de ciudad que saben tanto, me dice.

Se trata de un cabrero que encontré a media tarde en un campo de lentisco y flores de primavera donde su rebaño se apacentaba. Hablamos de fruslerías como el tiempo, el calor o el fútbol. Al ponerse el sol debí ganarme su confianza pues modulando la voz comenzó a soltarme confidencias y al final su gran secreto: una abducción alienigena.

Subimos a una colina blanca de vegetación densa, matas de retamas, abundantes carrascas y jaguarzos. Tomamos asiento en un claro sobre unos riscos de granito. Las cabras se arremolinan en torno nuestra, el burro dormita un sueño suave y los dos perros boquean flácidos al sol en fuga.

- Aquí mismo fue, hace años. Todavía tiemblo, me dice mirando al horizonte. Se ponía el sol como ahora. Vine a este cerro por el pasto. Al inicio no me sorprendió un brillo como de plata justo en la cima, pensé que era un vehículo enorme pero al acercarme me fui inquietando por la extraña forma de disco y sobre todo por la aureola azul que le cubría.

Tenemos una calma sostenida en el ambiente. Por unos instantes pienso que los pastores son proclives a estos fenómenos: gente solitaria y llana condenada a distanciarse por los lugares más escabrosos. Le escucho con atención. Es más, aseguraría que los animales y la naturaleza entera aguarda sus palabras.

- Aproximándome al objeto extraño comenzó a faltarme el aire - continúa -, debí desvanecerme. Desperté horas más tarde. Lo extraño es que tenía barba de cuatro días y dolores inaguantables. Quise convencerme de que todo fue un sueño hasta que encontré el injerto en mi cuerpo.

- ¡Cómo! Le corto expectante.

- Traiga su mano aquí a mi nuca y no se asuste.

Así hago, muy inquieto. Notaba un quiste cuando en ese momento girando con brusquedad el cuello y amagando morderme la mano el pastor grita con todas sus pulmones.

- ¡AHHHHHH!.

Los perros ladran enloquecidos, las cabras saltan poseídas y por ahí por esas matas debe estar mi corazón sin pálpito del susto. El cabrero se monda de risa mostrándome su dentadura. Le maldigo. Maldigo la leche de cabra y a la ganadería entera. Por maldecir, maldigo hasta la poesía bucólica. Más tarde, cuando me regresa la respiración le acompaño la broma con carcajadas.

Sólo el burro, que de impávido parece tallado en piedra, me observa rumiando hierbas, como diciéndome “ustedes los de ciudad que no tenéis ni idea”.

12 comentarios:

  1. Un puro divertimento que hice por usar la palabra abducción aprobada hace muy poco por la Academia de nuestro idioma e introducida en los diccionarios.

    Me pasó una anécdota muy similar con un amigo. En aquella ocasión la broma no fue de alienígenas sino de clones.

    Saludos.

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  2. ¡Y cuánta razón la del cabrero y el perro!

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  3. jaja...es que a veces nos ensimismamos tanto con las emociones que casi perdemos la razón...un abrazo amigo.

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  4. Qué cosas, pensaba que la palabra "abducción" tendría una aceptación más antigua.

    Me ha encantado ver cómo este hombre pueblo le ha tomado el pelo al hombre de ciudad.

    Un abrazo.

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  5. Divertimento necesario, Goathe, en estos días de asueto.
    Entenderás mi dominio del tema. Mi padre fue pastor media vida. Sus anécdotas son innumerables, pero nunca lo "raptaron"...
    Es cierto que la soledad y el alejamiento por montes y campiñas les hizo ser meditabundos y observadores. De ahí su sabiduría y, por qué no, su fina ironía y agudo sentido del humor. Te gustaría conocer a mi padre.
    Un abrazo

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  6. Que buena historia! Es una buena lección.
    Un placer volver a la lectura.
    Pilar

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  7. Que lindo relato.
    A veces me dan ganas de ser pastorcita.

    Abrazos.

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  8. Si es como sois los de ciudad... lissssstosss, jejeje

    Me encantó el relato.

    Un abrazo

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  9. Muchas gracias a todos. Me lo pasé muy bien escribiendo esta nota.

    Saludos.

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  10. Lo peor es que, conociendo su tendencia al dialogo campestre,me imagino la situación como verdadera...usted paseando por los campos con su cámara,un pastor,un parco saludo y toda una tarde de confidencias...me alegro de leerle...después de todo...espero que este agosto haya habido buena cosecha...un abrazo...

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  11. Menudo divertimento que me ha tenido en vilo. Muy bueno, una idea estupenda que muestra la picardía del hombre de campo y al pícaro de ciudad cayendo en la trampa. Me encantó, un abrazo.

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