No me reconoceré en el espejo

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Con su traje impecable y su fachada angelical el timador entrega tarjetas de visita de una Fundación Médica que robó en un ambulatorio. Despliega la mejor verborrea para convencer a los ancianos del pequeño pueblo “Con éste seguro de salud tendrán asistencia sanitaria inmediata. Sin esperas, la mejor ambulancia en la puerta, el mejor hospital, el mejor tratamiento. Rápido, simple, profesional y barato”. El auditorio del Hogar de Jubilado se entrega a la ocasión. Un anciano reseco y encogido es el más escéptico.
- Mire usted que si fuera un engaño, que son los ahorros de mi vida..., dice con voz insegura.
- Por favor, señor - corta de inmediato el timador - si así fuera no me reconoceré en el espejo. Lo que ofrezco por poco precio son oportunidades únicas de salud y vida sana.
Unas horas más tarde, quitándose ufano la corbata, extiende en la mesita de un misero motel una treintena de cheques que le rellenaron, sin saberlo, con uno de estos bolígrafos cuya tinta puede borrarse. Pasa la tarde del domingo alterando las cifras.
El lunes, desde primera hora, recorre diversos bancos de la provincia para no levantar sospechas. A media tarde es millonario y decide hospedarse en un cinco estrellas. Por la noche se entrega a los excesos en locales de lujo donde prostitutas caras le acarician y el barman le hace guiños acordes a las propinas que deja. A las tantas, cuando regresa al hotel, cae en la cama extenuado, borracho y feliz. Es un hombre de éxito.
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"No puedo con mi cuerpo, es tremenda esta resaca. Agua fresca, necesito beber". A trompicones llega al baño. Bebe, se refresca. Al levantar el rostro grita: un viejo tras el espejo imita sus gestos con perfecta simetría. “¡Qué broma es esta! Ya, ya, estoy soñando”. Decide ducharse pero al desvestirse vuelve a gritar. Ese pelo cano, el cuerpo fofo, las manos manchadas. Todo eso no es suyo. Con mayor descontrol se asoma, una y otra vez, al espejo.
Siempre el mismo rostro.
Ajeno. Ajado. Senil.
“No puede ser, no puede ser, estoy enfermo, no veo bien”. Tiembla. Suda. Marca el teléfono de la tarjeta para suplicar atención.
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Una ambulancia traquetea por una carretera llena de chopos, en su lateral puede leerse Fundación Médica Santa Rosa para la Salud Mental.
- Joder, dice el conductor de la ambulancia a su acompañante. Éste tío de atrás es lo más chalado que he visto. Con lo joven que es y dice que es un viejo y no se reconoce.
- Loco y peligroso, mira que costó ponerle la camisa de fuerza. Ya sabes, los jóvenes, las drogas. Lo que no entiendo es cómo estando tan pirado acertó a llamarnos.
Anónimo, supongo que te referirás a los 4 años que hizo mi blog hace unos días ¿no? Si es así gracias. Espero que no seas un mensaje de spam, que me da que sí.
ResponderEliminarSaludos en cualquier caso.
No se puede correr tanto: al final la vida es tan frágil como un diente de león. Y tan fugaz como él.
ResponderEliminarNada más que tuvo el trato que mereció.
ResponderEliminarAhora sí que dejó de reconocerse; justicia poética.
Los ancianos vencieron al estafador.
Dos abrazos
Un castigo merecido, sin duda. Lo malo son los pobres ancianos que se quedaron sin los ahorros de toda una vida. Lo que tiene de irreal esta historia es que el timador recibe un castigo, quizá porque aún, en el fondo, tiene cierta conciencia. En cambio, hay muchos timadores a nuestro alrededor que no sólo no reciben castigo, sino que gozan del aplauso de la sociedad. Besos, querido amigo y felicidades por el cuarto cumpleaños del blog.
ResponderEliminarQué curioso, la locura fue buena ya que no pudo ver los cheques en blanco que firmaron los ancianos. Un relato original y con buena moraleja. Beso grandote.
ResponderEliminarQué bueno!
ResponderEliminarPor cierto, felicidades por el cumpleblog.
Nunca podría ganar dinero de esta forma tan terrible, no lo disfrutaría a gusto en mi vida.
ResponderEliminarMenos mal que tuvo su merecido y al final no se reconoce en el espejo.
Triste que exista gente así por la vida.
Saludos.
P.D. Felicidades por ese cumpleaños del blog, espero seguir leyéndote muchos años más.
Pocos veces estos timadores tienen su merecido, gracias por el "happy end" . Abrazos sureños
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarExcelente!!!
ResponderEliminarSaludos desde Costa Rica.
Un timador sin escrúpulos que le quita el último halo de esperanza a unos viejos.
ResponderEliminarCreo que sería un buen guión de cine...
Pero, porqué el sentimiento de culpa de nuestro personaje?, pues de seguro no sería la primera vez que roba... yo creo que cuando duerme sueña que es timador, y cuando despierta es el anciano...
Habría que divulgar este relato, para que siva de alerta.
ResponderEliminarIndividuos sin escrúpulos, no faltan, y algunos sin castigo.
Saludos
Si has cumplido cuatro años de blog, mi enhorabuena.
¡Muy bueno el relato!
ResponderEliminarLástima que todos los timadores no tuvieran el mismo final. Me da pena cuando las victimas son personas inocentes, faltas de malicia o de capacidad de advertir el engaño. No es lo mismo cuando el timado, en otro tipo de timos, es alguien que se las da de "listo" y al final resulta victima de su propia avaricia.
Un saludo.
Me ha encantado el relato.
ResponderEliminarBesicos.
La cosa está clara, quien la hace, tasrde o trempano, la pga. O como decimos por aquí, la ley de la tortilla: la tortilla siempre da la vuetla. O la ley del calcetín: también el calcentín acaba dando siempre la vuelta.
ResponderEliminarHasta otras
Sentí tristeza e impotencia. Lo que no debería de existir entre tantas cosas.
ResponderEliminarSiempre llegas con tus letras.
Abrazos amigo.
Saludos, Goathe.
ResponderEliminarEs un cuento excelente. Aquellos que no tienen escrúpulos no siempre reciben su merecido. Consuela constatar que alguna vez ocurre. Sin embargo no parece que los grandes timadores de la especulación financiera tengan espejo en sus espléndidos salones, que le devuelvan la gran debacle que provocaron. Si al menos devolvieran lo que robaron, pero siguen haciéndolo a diario.
Un abrazo.
Pdt. Es pura coincidencia que tengamos el mismo formato de blog...jajajaja
Muy buen relato, Goathe, felicidades. Le estuvo bien empleado el castigo por tratar de engañar a esos pobres ancianos.
ResponderEliminarUn abrazo.
El que la hace la paga, y según a quien y cómo el pago debiera ser mucho más.
ResponderEliminarMe gusta, así debiera ser siempre la verdad :)
Muchas gracias a todos, en breve aprovecho para visitarles.
ResponderEliminarSaludos.