Yoga

El genial instrumentista Yehudi Menuhin siempre dijo que su mejor profesor de violín fue B.K.S. Iyengar.
Lo curioso es que Iyengar no sabía tocar el violín, apenas conocía ese instrumento.
Simplemente se trataba de su profesor de yoga.
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A destacar que Menuhin, además de violinista excepcional y ser uno de los introductores del yoga a occidente fue también un filántropo de los que deja huella.
Foto.- Cercis. en otoño. (1200px x 900px).
Curiosos los nombres del Cercis que aparecen en tu enlace: de árbol del amor a algarrobo loco, que es lo mismo pero con otras palabras.
ResponderEliminarA veces el mejor profesor no tiene nada que ver con lo que aprendemos.
Por cierto: qué magnífica foto.
Y tanto, amigo, fíjate que el árbol de la foto, el Cercis Siliguastrum, es conocido como árbol de amor y también como árbol de Judas. Lo primero por su belleza en primavera y lo otro por creerse que en un ejemplar de este tipo fue donde ahorcó el traidor de Cristo.
ResponderEliminarObserva que distancia hay entre ser el árbol del mejor sentimiento o de la traición personificada.
Además de ello es el símbolo arbóreo de Estambul.
Gracias.
Ostras, yo siempre pensé q Judas se ahorcó en una higuera...
ResponderEliminarMe suelen gustar tus fotos. Esta, me encanta.
Besicos.
Sara, eso tenía entendido.
ResponderEliminarLa higuera no ha tenido "buena prensa" en la antigüedad, en algunos textos de los Uppanishads aparece reseñada como árbol maldito. Parece que en algún evangelio gnóstico el mismo Jesús la maldice creando la leyenda de la higuera estéril.
Otro árbol condenado injustamente es el manzado (Malus domestica), precisamente malus quiere decir malo: fue el árbol del conocimiento del bien y el mal del Génesis, aquel del que comió Eva.
Gracias, un saludo.
Goathe, cómo se aprende siempre de ti. La higuera es uno de los árboles que más hambre quitaron en los años aciagos de la guerra y los subsiguientes. En mis fincas, humildes terrenos de olivos, tres árboles son respetados: la higuera, el algarrobo y la encina; los olivos ya tienen su preponderante protagonismo.
ResponderEliminarDe tu foto destaco su sugerente inclinación a meditar frente a ella...un placer.
Abrazos.
todo un tema el del árbol! y qué belleza lo de Y. Menuhin, una vez vino a Chile y mi madre me contaba que ella lo escuchó tocar una noche en medio del bosque sureño a solas, en unas termas. Él estaba tocando para sí mismo y mamá tuvo el privilegio de estar pasando por ahí en ese momento. Era uno de sus recuerdo recurrentes en su vejez, quizás de las pocas cosas mágicas que le sucedieron en su vida.
ResponderEliminarHermosa foto otoñal ya. Acá tenemos un día en que llovizna, pero con los pimpollos de los albaricoques de mi árbol reventando de a poco.
ResponderEliminarSaludos
Es un verdadero placer reencontrarme de vez en cuando con las pequeñas alhajas que colocas sobre tu cuaderno. Además, me hace pensar que todo va bien a aquél lado de la pantalla. Me alegro.
ResponderEliminarNo conocía al tal Yehudi Menuhin, pero eso es algo que pienso solucionarlo inmediatamente.
Salud, amigo.
Goathe, me ha parecido muy interesante e instructivo lo que aquí nos cuentas de Menuhin y el yoga.
ResponderEliminarConocía el cercis con sus flores en primavera, pero es también bonito este aspecto otoñal que captas en tu imagen.
Un abrazo.
Quizá se refería a que fue precisamente su profesor de yoga quien, al hacerle mirar dentro de sí mismo, le ayudó a encontrar su vocación y su forma de entender la música.
ResponderEliminarEspero que estés del todo bien, querido amigo. Un abrazo muy fuerte.
Desde cuando tengo ganas de ir a la yoga.
ResponderEliminarInteresante lo que cuentas. Cuántos descubrimientos nos dan las personas.
Abrazos lindo.
G
Desde luego Menuhin honró de manera soberbia a lyengar con esa frase.
ResponderEliminarLa foto es preciosa, los algarrobos me recuerdan a mi niñez, en la casa de campo que teníamos, habían varios, hasta me ha dado un flashback volver a ver las flores rosadas.
Un abrazo.
Pues admirando fotos así, a mi no me importa hacerme experta en Yoga. Yoga visual.
ResponderEliminarAbrazos a pares
Qué lindo esto!
ResponderEliminarNo dudo de lo dicho. Yo hago yoga. Todo se ve diferente, se vive trascendente, alineado, en eje... Me gusta. El cuerpo toca el violín, el alma le da camino a la melodía.
Tengo este arbolito en el jardín y conocía que se le aplican los dos nombres. Me encanta la forma que tiene de echar la flor, en las axilas de las ramas. Lo tengo "enterrado" entre otras plantas de porte alto, pues no soporta bien los vientos huracanados tan típicos de aquí, ¡y sobrevive!
ResponderEliminarRespecto al tema, siempre he pensado que hasta el más humilde de los seres nos puede dar una buena lección, una gran enseñanza o hacer el mejor de los regalos. La humildad es de los más preciados tesoros.
Gracias, Guathe, por estas delicias.
Un beso desde la Enter.
Muchas gracias por sus comentarios, verdadero aliento, que me sirve además para aprender más y conocerles mejor.
ResponderEliminarSaludos.
Grandísimo violinista, sí señor... cómo te sienta a tí el yoga?
ResponderEliminarMe encanta la foto, me dejas te que la robe para el protector de pantalla?
Una maravillosa foto capaz de inspirar placidez y hermosas palabras para un poema. Ese amarillo traslucido de las hojas del Cercis, sobre fondo azul...
ResponderEliminarTengo varios CD´s de música clásica con interpretaciones de Yehudi de Menuhin al violin, que escucho muchas veces. Ha sido extraoridnario. Lo que no sabia es esa anécdota sobre su maestro de yoga y que fuera uno de los introductores de esta disciplina en occidente.
Este post me motiva para cerrar el oodenador un rato y darme una pequeña audición de música de Menuhin.
Un abrazo.