24 de junio de 2012

Selvas vírgenes


Paseaban su vejez, en la gracia de un domingo, cogidos del brazo con una compostura aristocrática, ella entornando sus ojos tímidos y él con el mentón alto de la suficiencia, si nos acercáramos con disimulo escucharíamos un repiqueteo suave de  reproches nacidos de los roces de una vida en común. La colocación de los calcetines, la temperatura de la comida, cierta reacción acalorada o el ángulo de giro del ventilador. Hervores mínimos, menudencias que no ocultaban la manera intensa en que se amaban, aunque ellos jamás emplearían esa palabra.


Ásperas fueron las huellas de los problemas que la vida les dejó. Estrecheces económicas, un hijo muerto. Los resolvieron  como bien pudieron, procurando no perder la ilusión, que la ola arribe plácida a la costa para abrir paso a otra. Él siempre perdió el sueño por bagatelas: una palabra en el trabajo, el titular de un periódico. "Para el mundo somos despojos, menudillos", le decía. Navegante experta, como lo era ella, siempre sabía el golpe de timón. "Pues con menudillos te hago una receta que te chuparás los dedos".


Un día de ángeles ausentes ella murió. En la soledad él se abandonó de tal manera que su mente trazó la estrategia de perder la cordura para salvar  al cuerpo. Pura salubridad animal para estancarlo en el recuerdo de su suma felicidad. Demudado y demente como un Quijote acabaría en una residencia pública cuchicheando a las turbias sombras palabras: el apacible tobogán que significaron sus labios, las selvas vírgenes, los trópicos que quedaron por explorar juntos.

11 comentarios:

  1. Cuando se lleva toda una vida juntos y llega el día que uno le tiene que decir adiós al otro, se cae en un abandono que tu has descrito maravillosamente bien.

    Hacia tiempo que no sabia nada de ti ¿estas bien?.

    Un fuerte abrazo

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  2. Gracias Nerim, estoy muy bien, de salud por ejemplo fenomenal. Batiendo records de dispersión mental, ya me conoces, muchas gracias. He dejado pasar un tiempo, una distancia, para que la melodía de los blogs me atraiga de nuevo. Un abrazo.

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  3. ¡Cuán dificil y casi extraño resulta eso de pasar la vida juntos...! Como también lo es sobrevivir a la muerte del otro, se me antoja un vacío irrecuperable, de esos que muerde, como si un cangrejo metido en el vientre fuese dando pellizcos con sus tenazas. Que en su locura, él pensase en las selvas vírgenes que les quedaban por explorar juntos, me parece un final extraordinario y esperanzador. Quizás para él, ella nunca se fue...
    Me alegro mucho de tu regreso, de que tu distancia no fuese muy lejana.
    Un abrazo.

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  4. !Que hermosa es en ocasiones la tristeza! Cuando se ha perdido todo, hasta ese último cartucho al que llaman esperanza o sueños, queda en estas personas la sombra de la honorabilidad, esa dignidad de quién mira al pasado con amor, como permaneciendo oculto en él hasta el fin.

    Se te echaba en falta, amigo.

    Salud!

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  5. Bendita locura, a veces.

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  6. Llegué a tu espacio por primera vez, Pedro. Estoy cautivada por el relato de la pareja. Es tan real. ¡Cuántas veces uno ve matrimonios de la tercera edad que discuten, se hacen reproches, pero se aman y cuidan muchísimo!

    "Un día de ángeles ausentes ella murió...", frase estupenda y tan triste. Y él sucumbe a la demencia como por decisión propia ¡vaya uno a saberlo!

    "las selvas vírgenes, los trópicos que quedaron por explorar juntos." Nadie comprende lo que balbucean sus labios, pero en su mente están las imágenes de lo que podría haber sido, quizás una metáfora que vela los recuerdos del hijo fallecido.
    Me ha interesado mucho esta obra.
    Gracias y saludos!

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  7. Una pareja como tantas que pasan la vida juntos. El desarraigo tras la muerte de uno de ellos es brutal y, cada cual, se salva o se condena a su manera...

    Abrazos

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  8. Qué dolor, tener que salvarse mediante la pérdida de la propia identidad. Y cuánto amor... Un abrazo muy fuerte, querido amigo.

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  9. No es nada triste aunque lo parezca, todos tenemos nuestro espacio de perdernos y dejarnos caer en la locura, tan solo cambia la necesidad de MÁS ESPACIO que a veces las situaciones nos van pidiendo... y TODO el espacio cuando ya no merece el regreso a los que se tiene.. Un beso

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  10. Cualesquiera de nuestros padres...que discuten,se reprochan pero uno es la vida del otro y otro la del uno...y cuan bonitas son las orillas a las que nos trae...
    Un fuerte abrazo, amigo...bien hallado...

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  11. Cuantas veces esto sucede, y en esa soledad o pérdida del amor propio, se reactiva por instinto natural casi animal la persona dolida y abandonada. Aunque aquí lo describes en una sola persona una sola vez, suele suceder que nos puede pasar varias veces en la vida...un abrazo fuerte amigo.

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