Cree un personaje en la cabeza. Le asigné una historia que tenía un final dramático.
Mientras escribía, el personaje se rebeló contra su destino. Me aseguró que no tengo ningún derecho a tratarlo de forma despótica. Hasta llegó a amenazarme con llevarme ante el juez si me inmiscuyo en su vida privada. Figúrense mi asombro, decirme eso a mí que soy su creador, encararme en pleitos con una emanación de mi mente.
Durante toda una noche traté de convencerle de su destino trágico. Es preciso para lograr algo de calidad y efecto, le dije. No le convencí.
Está mañana me abandonó, cargó en sus maletas toda la historia y dio un portazo al salir. Con seguridad busca otro autor más talentoso, o bien otro blog en el que le traten mejor.
Ruego que me orienten sobre su paradero. Es alto, cargado de hombros, con barba de tres días. No llevaba dinero al abandonarme. Es probable que de su maleta sobresalga el pico de una guadaña.
No pretendo que vuelva conmigo, tan solo recuperar la historia robada. Se recompensará.



