13 de julio de 2007

EL HOMBRE QUE SILBABA

"Verán señores, si se adentran en el bosque han de saber que años atrás lo hizo un tal José Fresnedal, natural de Santa Elena, hombre cabal, meditabundo y quimérico, dicen que se refugió en la arboleda para olvidar unas penas amorosas y que, debido a su extravío o a lo extremo de su soledad, distrajo al dolor silbando.

Aseguran que eran tan lánguidos sus tonos, tan bellos sus acordes que los pájaros, confundidos, les hacen orquesta con sus trinos y que esa amenísima música no puede oírse sin perder la cabeza, de modo que ya no se desea salir de allí. Por eso verán dentro personas pálidas y como poseídas que deambulando lo buscan.

Así que advertidos quedan, espero que sea más abundante su precaución que su osadía"

Acongojados, sin discernir la clase de broma o de leyenda que acababa de contarnos aquel enjuto y aceitunado anciano, nos adentramos en la espesura con las manos enlazadas. En ellas aprisionábamos un retazo de tela áspera por si llegara el caso de ser necesario taponarnos las orejas.

--

Foto: Nahuyaca.

33 comentarios:

  1. La naturaleza enseña, he aquí una apología de cuando dos almas se funden...

    ResponderEliminar
  2. El anterior comentario mío era para "La Mariposa y La Lavanda", sirvance disculpar...

    Sobre este, deja discernirlo, es como una jugada de ajedrez...

    ¿Vale?
    Feliz fin de semana!

    ResponderEliminar
  3. ... a veces, del dolor nace algo bello... ;)

    Saludos, amigo!!!

    ResponderEliminar
  4. Lo que consuela de la extrema soledad, debe ser parecido a una fusion tambien extrema con el universo.., es cierto, es mejor no oirlo para seguir conservando la ilusion de individuos separados y seguir disfrutando esta experiencia humana. Buenisimo, Goathemala. Abrazos.

    ResponderEliminar
  5. ¡Qué mejor sitio para perder la cabeza que una buena arboleda!..

    Un saludo...

    ResponderEliminar
  6. No me importaria perder la cabeza si el sonido fuera tan bello y apacible com lo describes. Mejor es quedarse alli y ya no salir.

    ResponderEliminar
  7. Extraña maldición, que por quedar solo ahora queda acompañado, por aquellos que en absurda soledad por curiosidad han caído.

    Me encantan los bosques, pero un paseo por este, lo pienso dos veces.

    Muchos saludos Goathemala! Mira que ya has regresado con todo, y yo para variar, me he atrasado con la lectura. Sigo hacia abajo, entonces.

    ResponderEliminar
  8. Perderse bajo el embrujo de una melodia relajante rodeado de un bosque lleno de vida Uff!!!, me dejaria llevar por la locura y me perderia en un trance del cual no me gustaria regresar.
    Saludos Amigo, Feliz Finde!!

    ResponderEliminar
  9. Como los cantos de sirena que Ulysses no debía oir para no caer en sus redes.
    Aunque de vez en cuando, es bueno dejarse llevar por la locura, son los buenos recuerdos para el mañana.
    Un abrazo
    Nerim

    ResponderEliminar
  10. Esa si que sería una bella maldicion.

    Tiene toda la pinta de tener una segunda parte ¿me equivoco?.

    Saludos!!!!!

    ResponderEliminar
  11. El bosque es aquel lugar en donde no sólo encontramos árboles (vidas), vemos lo que oímos, escuchamos lo que vemos, nuestros pasos avanzan y retroceden. Muy bonita e inspiradora.

    Un saludo desde Perú.

    ResponderEliminar
  12. A pesar de sus decepciones amorosas, se delit� con esa bella sinfon�a lo cual es una ganancia.
    Saludos gothemala.
    A prop�sito encontr� otra: GUATEBUENA.

    ResponderEliminar
  13. hola, te convido a leer mis poesias (historias cortitas)...

    ResponderEliminar
  14. verdadero, lo que cuentan losancianos siempre es verdadero. te dejo un abrazo en tu arbol favorito

    ResponderEliminar
  15. Ah no vengo unos dias y me encuentro 4 post seguidos. Impresionante la flor de la achicoria, no sabia que era azul. Tampoco la como, ni en ensalada ni tostada ni de forma alguna. Tampoco la rucula aunque sea de mas prosapia. la mariposa es una belleza, y ese bosque me recuerda la primera vez que fui a la cumbrecita y me encontre con una niebla que hubiera hecho escupir dragones a los turistas, y yo muy fresca, al mal tiempo buena cara, me fabule que estaba en las tierras de Tolien y dale a sacar fotos de la neblina y dentro de la nube. Mi jefe, fotografo, colaboro en la compra de mi nueva camara a raiz de ello.

    ResponderEliminar
  16. moon08:32

    Menos palabras y mas miradas harian mas amgico todo alrededor,,un placer leerte,a migo mio

    ResponderEliminar
  17. En las leyendas siempre hay algo de verdad. Son historias que si bien son muy imaginativas por el paso del tiempo, partieron de algo que ocurrió en la realidad.
    Vamos, yo es lo que pienso.
    Saludos.

    ResponderEliminar
  18. Pobre hombre, acabar así por un problema de amor... ¡cuánto duele!

    ResponderEliminar
  19. Bien!! adentro!!! uff a mi basta que me contaran esa historia para que con retazo o sin retazo me tirara de cabeza a la arboleda.

    Por eso de ver y creer quizás.

    ResponderEliminar
  20. La belleza siempre turba y atrapa, sea de una sirena, sea de un silbido, sea de la espesura de un bosque. Los bosques son invitación y amenaza. Besos, querido amigo.

    ResponderEliminar
  21. no hay nada como silbar para espantar males,doy fe que voy silbando por la calle y en todos sitios...
    por cierto que prefiero la osadía,fíjese usted...
    un fuerte abrazo

    ResponderEliminar
  22. No tengo tiempo de nada. Para colmo, perdimos internet en el trabajo y he de usar mi línea de casa para sacar adelante todos los asuntos laborales.

    En un par de semanas tendré un descanso que me sabrá a libertad.

    Entonces les visitaré con calma y arraigaré la costumbre de comentarles en mis entradas.

    Saludos y gracias a todos.

    ResponderEliminar
  23. Con silbidos espanto mi soledad
    disimulo mi miedo
    y escondo mi llanto.

    Hace tanto
    que no dejo
    de silbar.




    Hasta luego.

    ResponderEliminar
  24. La alquimia y la magia que puede convertir un silbido en bellas melodías, más no, para el alma salvaje.

    ResponderEliminar
  25. El encanto de los relatos en la tradición oral es que la gente sólo oye las verdades que quiere oir. Sólo así sobreviven estas historias, cada uno debe imaginar las melodías silvadas, la humedad del bosque y la soledad de José.
    Saludos
    Giuseppe

    ResponderEliminar
  26. BELLO, con mayusculas!

    Es como si acariciaras cada palabra escrita, como si el mismisimo bosque te la susurrara al oido y nos las dejaras aqui en el blog, para volverlas a escuchar como un soplo de aire! (perdon me emociono mucho todo lo que conlleva soledad me la hace)

    un beso y un abrazo.

    ResponderEliminar
  27. Y es que hay pasiones que nos atrapan, por más que supongan riesgos que correr, hay experiencias que por más que pudieran llegar a ser arriesgadas.... uno no está dispuesto a dejarlas perder...

    O al menos, así debiera siempre ser... :)

    ResponderEliminar
  28. Como siempre, excelente historia amigo, para perder la cabeza, al menos por un rato, al estilo de José Arcadio Buendía.

    ResponderEliminar
  29. ...y siento el susurro de la naturaleza y me impregno.
    Insisto: me gusta tu sensibilidad por la naturaleza. De como la evocas.

    Abrazo.

    ResponderEliminar
  30. Le muestro al comedor de achicoria la foto y se queda frio, no imaginaba que su ensalada florecia tan esplendidamente.
    Lo del Prado, me recuerda a una amiga mia que tuvo la suerte de viajar a Madrid, y todos le preguntamos por el museo. Nos contesto lo que costaba la entrada, que si queria miraba los cuadros por Internet o se compraba una lamina (en mi opinion nada que ver en 30 x 20 un cuadro de 4 mts.) pero que al Museo del Jamon no iba a poder ir, y alla iba todos los dias, al museo pero del jamon.

    ResponderEliminar
  31. Siempre he envidiado un poco a quienes pueden silvar.

    Saludos

    ResponderEliminar
  32. Anda!!Se me borró el comentario!! :)
    Me encanta todo aquello que tiene que ver con bosques brumosos. Silbar..., no silbo, pero suelo ir cantando mentalmente -no lo hago mal a viva voz pero en la calle me da vergüenza :)
    José Fresnedal me ha recordado a un flautista que, según Marina, vivía en un país de fábula, dormía en copas de árboles y se comunicaba con las aves: "vosotras cantáis, endechas de amor, yo canto amarguras de mi corazón"
    -zarzuela "La tabernera del puerto"-.
    Me encanta este texto, Goathemala!! Por cierto.., acierta scd? Tiene una segunda parte?
    Besote de viernes!!

    ResponderEliminar
  33. LLegué aquí por casualidad.. y me sorprende y gusta ésta preciosa bitacora.
    Mis felicitaciones sinceras

    ResponderEliminar