Los últimos días, aún teniendo escritos pendientes, me distraigo paseando y fotografiando la naturaleza.
No salgo de mi asombro al comprobar el instinto empecinado de las aves migratorias. Pese al ensanchamiento del Sahara, a que le llenamos el cielo de aviones y los campos de sequedad, a pesar de las alteraciones que le hacemos al clima, cada año regresan alborotadas, formando bucles para tomar las corrientes cálidas y balancearse en ellas para recuperar fuerzas sin dejar un sólo miembro abandonado (ya quisiéramos los humanos hacer lo mismo).
Verlas formar filigranas en el cielo mientras se animan unas a otras es para mí el anuncio oculto de que la primavera llega y también un aviso de que realizaban esa migración miles de años antes de la llegada del hombre.
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Fotos mías de bandadas de grullas tomadas en esta semana. Otra forma de ver la primavera mirando nada más que al cielo. Recomiendo como siempre ampliar, tienen gran resolución pero poco tamaño.



