17 de octubre de 2010

Las madejas de plata 1/2

El vuelo de los vencejos, los hilos de plata, el segundo que cambia la vida y un pelele desde un retrovisor bailando una zarabanda.

 

1

Siempre conduzco de noche para entregar la mercancía a primera hora, sin esperas. Aquel día era imposible. El viento vapuleaba el camión y las descargas de lluvia opacaban el parabrisas. La negrura era tal que en cualquier momento me veía fuera de la carretera esparciendo la carga por un sembrado. Por eso, en contra de mi costumbre, me detuve en un terraplén aguardando la claridad o una mejoría. Me tendí a descansar en la litera relajado con las gotas en la cabina. Un tamborileo que hizo de nana acuática y convirtió la mole mecánica en la cuna de un adulto.

Las 4:11. Me despierto sobresaltado por gritos de mujer. Unas siluetas que, recortadas por las luces de un local a sus espaldas, hacían aspavientos. Me acerqué inquieto. Un hombre sujetaba con la mano izquierda el cabello oxigenado de una chica muy pintada, mientras, con la otra mano, le cruzaba la cara a guantazos.

Alaridos femeninos en la noche fría, charcos sin reflejos de luna, y yo acercándome al segundo que todo lo cambia. El hombre que me increpa por defenderla, una navaja que no brilla pero intuyo en su mano acercándoseme. Amenazas que me hacen correr y encaramarme al camión. Arranco y enciendo las luces. La seguridad del motor rugiendo.

Ahora si veo el brillo de la navaja y al hombre que me increpa enfrente sin conocerme. El corazón disparado, el poder en el volante y en mi pie derecho.

Aparta, idiota, qué se yo de tus guerras, quítate, verás como te mueves. Acelero a fondo.

Un leve golpe y en el retrovisor, iluminado por luces rojas, una danza fúnebre y lenta de algo que ha dejado de ser humano. Aullidos y sollozos de mujer que abrazan a un pelele embarrado.

Acaba de pasar el segundo que todo lo cambia.

2

Podría estar muerto de no ser por esta lucidez que duele. ¿Dónde estás? Es que crees que viniste desde Roman para no pagar la deuda, para hacerlo gratis con cualquiera como con ese camionero que se hace el héroe. ¿Dónde estás, Cica? Y qué es esta gelatina negra que me rodea e impide el movimiento. ¿Qué es ese sonido atronador, Cica? ¿Estoy muerto? No, no puede ser con una mente tan despierta pero si lo estuviera podrías hacerte rica. Eso sería si tuvieras algo más que cuerpo y no fueras tan tonta, Cica, y supieras algo de papeleos. ¿Cica, me oyes, me puedes ayudar? ¡Cicaaaa!

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Continuará en breve.

Imagen.- Hojas de Carpe, tienen un tacto rugoso muy especial que he querido transmitir con el tratamiento tan exagerado de la imagen. Pensé que para un relato negro eran buenas.

4 comentarios:

  1. Pues quedo pendiente de la continuación de este relato que ya es y promete muchas emociones...
    Besitos

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  2. Había descuidado el gusto de pasar por tu rincón... estas noches, he rebuscado en tus fotografías los ojos que las capturan, y cautivado por la intención que plasmas en ellas y por los temas que te sugieren, te imagino.

    Sin embargo, cuando abordas los relatos, mi imaginario se vuelve más especulativo... te imagino viviendo la situación o te imagino como observador presenciando el hecho, incluso a veces creo que eres guionista y muestras esbosos de posibles tramas.

    Sin importar el tipo de relato (porque has explorado distintos estilos), me agrada, el que engranes palabras que suenan bonito, la paradoja del final, lo corto del relato y lo no presuntuoso de tu persona.

    Se me hace que estoy muy adulador...

    La continuación de este relato ya está pensado?
    Hay un hilo en el conjunto de relatos que tienes?
    Yo creo que tienes un cuaderno con esbozos de tus historias, existe?

    Me inquieta tu proceso creativo.

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  3. "El segundo que todo lo cambia".
    Sólo esa frase me pone los pelos de punta. Será porque es cierto, un segundo te cambia la vida, casi siempre, para mal...

    Espero la continuación.

    Dos abrazos

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  4. LUNA, un relato negro que lleva fraguándose meses en la cabeza y que decidió salir a flote esta semana. Gracias por leerlo y comentar.

    Un abrazo.

    rafico, el blog, como ves va a arreones y no sé muy bien el motivo. Así que no te preocupes, gracias por pasar y leerlo.

    A falta de oficio y dedicación, tomo la escritura como una diversión donde me esfuerzo por hacer un esquema previo de la trama en cuadernos, como bien dices. Tengo varios dispersos. Muchos se quedarán convertidos para siempre en esos esqueletos sin palabras que les den cuerpo.

    En lo que escribo siempre soy un espectador que maneja marionetas. Rara vez lo veo desde dentro, si bien, algunos personajes quieren arrastrarme a la trama.

    Me gusta verlo como pinceladas de guiones. Gracias.

    La idea de este relato viene de meses atrás. Conducía cerca de la cárcel de Aranjuez y vi muchos pájaros sobrevolándola. Seguramente los presos disfrutarán viéndolos y alguno será, incluso, inocente, me dije. Hice la argamasa con ese pensamiento.

    La idea de verlo como diferentes versiones en primera persona es de hace una semana y el hilo conductor de una prostituta maltratada que aprovecha una situación para, con una mentira, cobrar un seguro es de ayer mismo.

    Sin pensar nada más aproveché para sacarlo de mí, encarnarlo en palabras. Tal vez falte pulirlo pero me divertí con la escritura que es lo que para mí cuenta. Gracias, un abrazo.


    TriniReina, todo puede cambiar tan repentinamente que se miraría ese segundo con melancolía. Algún día tomaré alguna verso tuyo prestado para un escrito. :-)

    Dos abrazos.

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