29 de septiembre de 2006
EL REENCARNADO
Era un trabajador diligente y esmerado; en la empresa le perdonaban la extravagancia de cargar a todas partes al gato, ahora a Amberes, luego a Toulouse, más tarde a Zurich. El minino conocía al camión como su medio natural. En las paradas le gravitaba como un satélite, se ocultaba en el motor caliente, trepaba a la caja, jugaba con la antena pero nunca pisaba el suelo que, de seguro, veía hostil.
Le conocí hace dos años, cuando nos trajo una carga de semilla de maíz. De inmediato me llamó la atención el felino.
- Fue al día siguiente del entierro – me dijo, tras ganarme su confianza-. Apareció sin más con sus patitas grises, acurrucado donde ella se sentaba a hacer punto. Ya me advirtió en vida, no creas. Decía que quería nacer de nuevo como gato porque los trataba con más cariño que a ella.
Escudriñé en sus ojos un punto de locura o frivolidad pero no pude o no supe encontrarlos.
27 de septiembre de 2006
UNA VISITA AL DOLOR
“Vivir, nos dolía, porque sabíamos que estábamos vivos: morir, no nos aterraba, porque habíamos perdido la noción normal de la muerte.”
Libro del desasosiego. Fernando Pessoa
De las peores cosas que nos puede pasar como humanos es perder la medida del dolor ajeno. Es intrínseco al ser humano adaptarse a cualquier modo de vida aunque a nuestro lado cohabite un paisaje de violencia y mortandad, de esta forma, como en la cita anterior, perdemos la noción real de la muerte, especialmente si esta es reiterada y frecuente.
En varios países castigados por la violencia, los muertos ocupan tan escasa información en los medios de comunicación, como interés suscitan en sus políticos. Esa es la auténtica victoria de los asesinos, dado que percibir que no aunan voluntades en su contra, es el primer paso hacia la impunidad. Por eso, aplaudo la iniciativa realizada en El Salvador llamada la República de la Muerte: durante cien días pondrán los nombres de todos los fallecidos por sucesos violentos. Serán apenas unas breves líneas, la edad, el nombre, su óbito, en definitiva, una lista tan descarnada como repleta de horror para lograr estimular a una población hastiada y adormecida. La medida ha recibido en general, buena acogida, aunque se sabe, de antemano, el efecto limitado que tendrá. También alguna severa crítica por eludir la descripción del contexto social, político o económico del suceso y la situación misma del país. Ahora bien, esta parquedad me parece acertada porque adscribir a las víctimas a una ideología, a un grupo social, o simplemente mencionar la hora en que fueron extintos nos llevaría a establecer mentalmente una presunción de culpabilidad: “Le pasó por pasear de noche.”,“ocurrió por meterse en política”, “se sabía que pertenecía a unos pandilleros”.
Mejor la realidad cruda, sin apenas valoraciones. Que cada cual saque sus conclusiones en esta visita al dolor.
25 de septiembre de 2006
¿Existe el Estado en Guatemala?
Según Max Weber el monopolio del ejercicio legítimo de la fuerza, de la coacción, es la atribución principal de todo Estado. Este axioma político parece incuestionable. La ley se impone porque hay policía, jueces y un sistema punitivo o carcelario. En el Estado moderno y legal, ese verdadero dominio consiste en el manejo de la administración a través de la burocracia militar y civil. Los Estados para proteger sus leyes, coaccionan y amenazan su incumplimiento. Habitualmente esas leyes protegen a la mayoría de la población que compone ese Estado, para ello no se duda en recurrir a medidas excepcionales.
Pero, cuando un Estado es incapaz de detener una ola de violencia tan desmedida que hace bajar el precio de las propiedades, cuando se quiere aprobar la primera ley penitenciaria y esta, no puede ratificarse porque más de la mitad de los parlamentarios se encuentran fuera del país, cuando las comunidades establecen patrullas de autodefensa y dictan sus propias leyes, cuando, al fin, la vida importa tan poco como para no retirar los cadáveres porque llueve, entonces, cabe preguntar: ¿existe Estado en Guatemala?
Y si es así, ¿qué hacen los que la dirigen?
22 de septiembre de 2006
El gigante oculto
Hoy estoy parco y desganado pero me atrevo a copiar a Monterroso en un, muy humilde, homenaje a Cervantes. Además aprovecho una excelente fotografía.
Al irse el belicoso caballero, el molino se convirtió en gigante.
Molinos de viento de Mota del Cuervo, Cuenca.
Foto: Sonia Grajeda
19 de septiembre de 2006
EL HIJO DE FIDELIO SOSA
El viento húmedo que llegaba del lago Izabal hacía que Fidelio Sosa pareciera buena persona, pero nada más lejos de la realidad. Sonreía desdentado dejándose acariciar por la brisa empalagosa, tal vez porque le aliviara la borrachera o presintiera que faltaba menos para las lluvias, pero el caso es que ver, a su padre, sonreirle al viento, hacía que creyera que había una vida más allá de los golpes y abusos.
Año tras año comprobó que era una ilusión.
Así aprendió a odiar los vientos húmedos porque transmutaban la verdadera alma de las personas.
De mayor, se dijo, marcharé a lugares áridos y pedregosos donde la maldad nunca pueda ser disfrazada.
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Foto: Parc Cruz
http://www.flickr.com/photos/parc/
La reacción por simpatía
15 de septiembre de 2006
EL ÚLTIMO GRANO DE ARENA
En la playa de Oliva entraron en la ranura de la pantalla de mi móvil, eran treinta o cuarenta granos de finísima arena. Me gustaba verlos encajados en esa ranura diciéndome que las vacaciones existieron.
Cuando regresé fueron escapándose, buscando otros mundos. Hace una semana quedaba uno. Quise guardarlo como reliquia y símbolo estival fijándole un poco de celofán encima, pero los granos de arena mediterránea son muy libres y ayer emigró. Le imagino deslizándose por alcantarillas y arroyos hasta regresar a su amado mar, tal vez, en unos siglos. Eso quiere decir una cosa...el verano se nos esfuma.
14 de septiembre de 2006
LA URRACA HERIDA
12 de septiembre de 2006
ESCANDINAVIA
Catarina Rax Pop, maya mam, con sus profundos ojos ocres y sus ocho años, bordeaba la falda del volcán camino de la escuela. Le quedaba una hora.
Catarina Rax Pop, maya mam, con sus profundos ojos ocres y sus ocho años, llevaba apretadito en su seno un lápiz y un cuaderno. En el cuaderno estaba dibujado el mapa de Escandinavia. En la inmensidad verde del camino, su imaginación flotaba recordando el frío.
- Esas tierras, del norte de Europa, están muchos meses cubiertas de hielo y nieve – le dijo su maestra.
Su abuelo le trajo una vez una piedra de hielo de la cima del Tajumulco. Jugó con ese insólito material toda la tarde hasta que se deshizo dejándole las manos mojadas y doloridas.
Comenzó a mascullar una oración dedicada a los niños de Escandinavia.
- Pobrecitos - se decía - caminar una hora sobre hielo para ir a la escuela.

