1 de junio de 2011

Advertencia por si alguno considera que el amor le queda a 880 pasos

Via verde del aceite Con el perfume justo y su porte acicalado, Don Fermín, cubre los 880 pasos que le llevarán a la cafetería donde le aguarda un café a 48º, tres churros de 40 gramos y los titulares del periódico matutino.

Serán 431 pasos, todos evitando las junturas del pavimento, los que le pondrán en su oficina. Allí ejerce su invencible rutina : verificar, sellar y ordenar impresos. Una y otra vez. Al alcanzar por la tarde el millar se libera de las gafas y, sólo entonces, considerando que alcanzó su habitual nivel productivo, reparte palabras y risitas entre sus compañeros que lo ven como el mayor de los tarugos.

En tan ordenada vida la incertidumbre le llegó a Don Fermín al descubrir que la cafetería, sin razón aparente, se había acercado a 802 pasos, setenta y tantos menos de lo habitual. ¿Encogimiento de las calles? ¿Tensión alta? ¿El viento a favor como los ciclistas? Y mientras medita esto, con un churro en la boca, advierte que, en esos días, el único cambio en su vida fue la irrupción, en la misma barra donde desayuna, de una señorita que degusta una infusión y lee concentrada. Apareció el día anterior al singular fenómeno del acortamiento y comprobó como su mirada se le anzuelaba en sus curvas.

Preguntando a sus compañeros de trabajo obtuvo dos respuestas. Casi todos los hombres decían “te has encoñado”, frase soez que no quería entender. Las mujeres, éstas con unanimidad, aseguraban que lo que pasaba es que le gustaba y que debía declararselo sin tardanza.

Y no la hubo. Al día siguiente tras 799 pasos - le mataba esa irregularidad – abordó a la señorita.

“Mire usted, señorita, desde hace tres días su presencia me alteró a tal extremo que alargué mis pasos una media del 9% por el ansia de verla. Ahí no es todo, los mil impresos, que superan un 38% la media de mis compañeros, los acabo una hora antes. ¡Imagine la ilusión si es usted la causante! Añadamos a esto que tengo una casa de 138 M2 y un apartamento en Peñíscola de 60 M2. Desconozco mis extractos bancarios pero hasta ayer eran de...”

Fueron sus últimas palabras. La señorita cerró el libro, soltó un par de monedas y se largó pidiendo clemencia al cielo para no toparse de nuevo con semejante lunático.

A Don Fermín no le quedó otra que seguir con su vida. Al inicio hubiera jurado que el bar la alejaron hasta las mil zancadas. No tardó en recuperar la normalidad. Ochocientos ochenta, café caliente y titulares en un periódico sobado.

Con el tiempo dejó de esperarla. No volvió a verla.

Jamás conocería que en el libro que con atención leía la chica un marcapáginas tenía rotulada una frase de un viejo cristiano de Hipona, "la medida del amor es amar sin medida."

17 comentarios:

  1. Qué gran narración. Ella perdió, seguro, alguien interesante.

    ResponderEliminar
  2. Nunca entendí el amor cerca de los números. Será por eso que no me llevo bien con ellos:)
    Yo hubiese hecho lo mismo que la señorita, o quizá, romántica como soy, habría intentado enmendarlo.
    Pensándolo bien, ahora que ya, a mi edad, no me falta conocimiento, al menos en cosas del amor, mejor hacer como ella, marcharse. Porque el que nace "matemático" jamás podrá a venirse a las "letras" :)):)

    Dos abrazos dobles con rodaja de cariño

    ResponderEliminar
  3. Anónimo08:06

    Y si se hubiese quedado?? Qué habría descubierto detrás de tanto control matemático?? Todos escondemos parte de nuestro corazón detrás de cualquier razón para no ser dañados. Con el tiempo esta capa se vuelve muro. Doy las gracias a quien derribó el que protegia al mio.

    Gracias Pedro

    Un abrazo

    ResponderEliminar
  4. Mi querido amigo, me has dejado absolutamente sorprendido con esta historia. Esto da para una buena novela, para incrustarlo en un libro de narraciones breves. Es genial. Me parece que tienes un modo de escribir, limpio, sencillo, directo, pero desde luego absolutamente literario. ¡Genial de verdad!
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  5. La chica hizo bien en salir corriendo. Alguien tan cuadriculado dificilmente entenderá el amor, que es pura improvisación.

    ResponderEliminar
  6. Matutino como la última de un periódico,común, cotidiano y rutinario...me resulta curioso como nos agarramos a nuestras rutinas para no mirar más allá...y no ver...
    el fenómeno de acortamiento de calle...borgiano,o de Cortázar...lo que usted prefiera...
    Muy bueno...tiene la semilla de los grandes...pero eso ya lo sabe, ¿no?
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  7. Fantástico relato.
    Yo me hubiese quedado por pura curiosidad, quizá después de un tiempo de amor y de medidas descalibradas hubiese vuelto a encontrar su equilibrio numérico en la rutina del matrimonio asentado.
    O no.
    (comentario de cuarenta palabras exactas).

    ResponderEliminar
  8. Desde el título hasta esa cita de San Agustín, he quedado atrapado por esa sucesión de palabras que tan habilmente has encadenado para conformar la narración.

    Quizá exista falta absoluta de espontaneidad en el pretendiente hablando como habla, o quizá todo lo contrario, y ese es su idioma.

    En ambos casos, muy dificil de llegar a buen puerto al tratar de espíritus tan opuestos.

    Salud

    ResponderEliminar
  9. está claro que no iba a salir bien
    un saludo
    Marian

    ResponderEliminar
  10. Ains, qué cierto es lo de amar si medida... el pobre Fermin se tenía que haber aplicado el cuento!

    En fin, bonito relato de cualquier forma :)

    Bussi!

    ResponderEliminar
  11. Sigues escribiendo tan bien como siempre, querido amigo.

    Es una historia con final triste, aunque muy realista. Pero, es que somos unos romanticones perdidos...

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  12. A mí se me ocurre que tu estilo se acerca al de Adolfo Bioy Casares, amigo de Borges. Era genial, verdaderamente, y tiene unos cuentos de amores frustrados increíblemente bellos.
    No se me ocurren interpretaciones, simplemente así sucedió entre el Sr. de los pasos y la señorita de la barra, y basta.
    Sólo puedo decirte que me he reído mucho mientras leía y que te felicito, porque me parece genial el cuento.
    A propósito, he llegado a tu blog a través de Mujeres de Roma. Te pienso seguir!

    ResponderEliminar
  13. Ja, ja. Pero no creo que fueran las "medidas" de ese amor lo que mosqueara a la chica y la pusiera en fuga. Es que a los metódicos como éste no hay quien los aguante... Besitos.

    ResponderEliminar
  14. Me fascinó la historia, la narración es genial, las imágenes que desprendes.
    El final muy bueno, con ese apunte en el marcador del libro.
    Gracias por compartirlo.
    Saludos.

    ResponderEliminar
  15. Uff!! Fascinante Don Fermin, yo, ante tan genial abordaje no me habría resistido aunque sea a regalarle un beso (Es que ya carece mi mundo de chispeantes abordajes ajaja me hago mayor:( )

    Besosss.

    ResponderEliminar