AMATITLÁN NEGRO IV (FINAL)

Al asearse poco antes de dormirse vino la intuición y su malestar se transformó de inmediato en nervios. Supo entonces que ya no dormiría y debía llamar a Larios Garrido.
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Mi patoja, ¿te acordás de mi?
Sí
¿Querés venir conmigo? Tengo regalos.
Mamá dice que no marche con desconocidos.
Hace muy bien mamá pero me conoces, soy tu papá. Probá, es algodón dulce.
El padre de la niña fue detenido en una feria de Suchitepequez. No opuso resistencia y lo confesó al verse rodeado. En los interrogatorios gimoteaba por su hija, tenía las manos enllagadas y protegidas por unos guantes quirúrgicos. Por remordimientos se las laceraba. Sarrión imaginaba lo que disfrutarían en Europa los psicólogos forenses con un sujeto como éste. Parece ser que tuvo antecedentes por pederastia pero le lavaron su ficha policial a cambio de una suma. Había visto crecer a su hija en silencio y un día que acabó de trabajar muy tarde tomó chucherías en la feria para abordarla en el camino a la escuela. Decía que iba sin maldad.
Le mandaron a la prisión de Pavón, célebre por tener en su momento un laboratorio de droga, una red de extorsión con escuchas telefónicas y un chalet con jacuzzi para el jefe de los narcos. Sarrión quiso evitar que se suicidara y consiguió un preso de apoyo en su celda. Al día siguiente precisamente el preso de apoyo le asesinó. Le fastidiaba, sabía que sin juicio sería la muerte de un presunto, más le dolía asentirle a Larios Garrido. "¿Crees de verdad que durará tres años en un reclusorio con lo que hizo?"
Tomó un café intenso de Fraijanes el mismo lugar donde estaba la cárcel que tenía el irónico nombre de Granja Modelo de Rehabilitación Pavón; con tanta chusma por allá y tan buen café, la tierra lava culpas, pensaba Sarrión.
Rendido, antes de sentenciar que pensaba tonterías de puro agotamiento, contempló con asombro como aún perduraba la mancha de colorante rosa en su mano derecha, la misma de la camisa de su sobrino, y del aparato gástrico de la niña; el empecinado tinte que resistía un lavado con jabón y las aguas profundas de un lago que no quiso guardar para sí los secretos de un ángel vencido.
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FINAL. Fotos propias.
Un final clavado, tal como merece este relato.
ResponderEliminarDicen que no hay crimen sin solución ni sin castigo. Este está solucionado. Bravo por Sarrión.
Abrazos a repartir
La verdad es que es increíble lo fecundo que puede resultar un estado febril, y llamativo -como ya apuntaba en el comentario de tu siguiente anotación-, hacia donde nos lleva.
ResponderEliminarPara mí que el resultado es positivo, que has colocado sobre tu cuaderno a unos personajes envueltos en una interesante trama. Y muy bien contaba, por supuesto.
Salud y bravo por Sarrión
Me gusta mucho como has hilvanado tu historia. Tiene ritmo y personalidad. Sarrión leyendo poesía me hizo recordar a una 'rarita' que también leía poemas en la residencia y que tuvo que hacer oídos sordos a más de un comentario graciosillo ...
ResponderEliminarMe alegro que estés bien y que te hayas recuperado. De hecho, de momento el peor de esta gripe es su alto poder de contagio, habéis hecho bien en seguir las recomendaciones de quedarse en casa.
Eres tú el que marca el compás de tus publicaciones, siempre estaremos atentos al 'Reader' para leer cuándo publiques algo nuevo. Espero que no tardes mucho ;)
besos
Genial!
ResponderEliminarEspero seguir leyendo las venturas y desventuras del detective!
(Sigue, sigue...)
Un beso
TriniReina, esto me ha servido, amiga Trini, para cerciorarme que un escrito más largo debe ser estructurado antes. Gracias y saludos.
ResponderEliminarCharles de Batz, quién sabe, lo mismo regresa Sarrión alguna vez. Me gustaría conocer, amigo Charles, como se las ingenias alguien que como tú que trabajas 8 horas para escribir. ¿Madrugas, te quedas un poco por la noche? Un abrazo.
Gárgola, gracias amiga. Nos impusieron el aislamiento de una manera estricta. Nos encontrábamos bien pero les hicimos caso por temor a contagiar a alguien que la soportara mucho peor. Gracias por los ánimos y te entiendo muy bien con lo de la poesía.
Lena, sí ¿Por qué no? Lo mismo regresa alguna vez.
Gracias a todos y mi simpatía y agradecimiento por leerlo.
Me enganché a la primera parte y ... esperé a que estuvieran todas para leer de un tirón, lo confieso ^^
ResponderEliminarLa novela negra no es de mis preferidas pero... hay un algo en tu forma de narrar, Goathe, que la hace diferente. Y seguro que no sé explicarlo bien pero son unas frases concretas que hacen del texto algo especial (lo siento, nunca se me dio bien hacer comentarios de texto). Espero que Sarrión siga apareciendo. Seguro que tiene mucho que contar. De poder leerlo publicado... nos perderíamos estas fotos tan estupendas y sería una pena. Un abrazo!
Se nota que tu mujer influye mucho , se me hace raro leer/oir el acento de guatemala en alguién de aquí:P
ResponderEliminarMuy bueno el cuento.
Bravo, Goathe.
ResponderEliminarAl fin acabé la historia.
Llevas razón, los textos largos precisan una elaboración estructural. Sin embargo, tenías la historia en la cabeza, ahí estaba bien estructurada; por eso el resultado es excelente. Tienes esa magia de los narradores, por esos nos enganchas fácilmente.
Ha sido puritito deleite leerte.
un abrazo.
Fantástico relato Goathemala, con meses de retraso pero lo leo de un tirón, con esas fotos de por aquí alrededor que (me) le ponen un punto inquietante. Bravo por Sarrión y por como remata un caso de esos que hacen vomitar. Se nota la fiebre en él.
ResponderEliminarUn beso de hojas de aliso.
Umm... bueno, muy bueno el relato. Entre otras cosas da esperanza,está la corrupción de los que lavaron el historial, y el concienzudo y honesto policía que los hay.
ResponderEliminarAh, he comido pupusas, las hizo en mi casa una amiga de mamá en Australia, recuerdo que se pasaba la masa de maíz de una palma de la mano a la otra, las hizo de queso. Deliciosas!
UN ABRAZO