LA COLECCIÓN DE TORMENTAS
Durante la tempestad se resguardaba en la cama, temblando bajo la frazada para evocar en un frenesí de centellas las veces que su esposo la protegía en similares momentos. Nada supo de él desde que emigró a tierras prósperas. Nada, salvo una primera remesa y el regalo de aquella absurda cámara digital.
Cuando regrese, se decía mientras pasaba páginas de su cuaderno, comprenderá las veces que me dejo desamparada y temblorosa, verá mi soledad y lo desguarnecida que me sentí sin él bajo las mantas.
Fotos: propias.
Me encantan la tormentas,más que las tormentas esos sonoros preludios,esos orquestados crujidos de los cielos...y ese rápido avanzar de las nubes...y después nada para medio segundo después pasar a la vorágine de las gotas cayendo...
ResponderEliminarDelicioso el relato como siempre y además por lo evocador del mismo
un fuerte abrazo
Gracia eso pretendía, un jueguecillo de palabras aprovechando una tormenta que me visitó el pasado jueves.
ResponderEliminarAbrazos.
Una bella e inquietante imagen: la soledad y la espera como una sucesión de tormentas. Genial.
ResponderEliminarDile a Berta que siga fotografiando y se olvide del otro! La cámara es más útil!
ResponderEliminar;)
De las tormentas me gusta lo que aprendo de ellas cuando sobrevivo a su paso..
ResponderEliminarSaludos y gracias por tu valiosisimo aporte.
Es que el otro día escuché el tema Penélope de Serrat y es muy fácil divagar con el maestro.
ResponderEliminarConozco muchas familias destrozadas por la inmigración, bastantes dobles vidas y personas abandonadas.
Saludos y gracias.
Estupendo relato,en el cual muchas familias se pueden ver identificadas, bellas imágenes. Me ha encantado tu blog.
ResponderEliminarEl miedo y la soledad. Terrible alianza.
ResponderEliminarY encima, el que se ve obligado a dejar desguarecida al amparo de las tormentas a su casa, a su familia, sólo recibe a cambio, en muchos casos, desprecio y humillación.
Saludos, amigo.
Me ha encantado el relato... las tormentas, las exteriores... y las interiores...
ResponderEliminarLa tormenta siempre me desencadena ese doble sentimiento: el espectáculo fascinante que nos ofrece la naturaleza y ese temor atávico inevitable...
Un saludo...
Ojalá pudiera mandarte un poquito de calorcito….
ResponderEliminarCuanta expresión en tus últimos post… No sé si elogiarte o pedirte que me enseñes… Pareciera que supieras que para mi hay ciertas palabras que evocan cosas, cuando las escucho o las leo me mueven (almendros, atisbo, nevisca, ébano…). Grandioso tu Blog, te admiro… como creces y decantas…
Te dejo un fuerte abrazo. Me voy con una sonrisa y vos sos el culpable…
Gracias, Rafico, tienes unos tintos pagados. Será la inspiración del resfriado que cargo todo el invierno.
ResponderEliminarAbrazos.
Yo pago las aceitunitas... y eso en un catalán ya es la leche !!!
ResponderEliminarja ja jaaa
... no hay nada peor que pasar las tormentas en soledad... ;)
ResponderEliminar¡Saludos, amigo Goathemala!
Exquisito relato!
ResponderEliminarA Berta la tormenta no solo la capturó con su cámara, sino que se le alojó en su corazón, dejándola con chubascos de desolación...pobre Berta!
besos y abrazos
Las tormentas tienen algo atávico que llevamos marcado desde cromañones. Recuerdan que en la guerra de los mundos una simple tormenta atemorizaba a la humanidad.
ResponderEliminarSaludos.
Me gusta mucho la elección de la imagen de la tormenta para simbolizar el desamparo. Y me alegra que él le regalara esa cámara digital. Besos.
ResponderEliminarmuy buenos posts y muy buenas fotografias. con mi curiosidad enfermiza me queda la espinita clavada de quien es esa Berta que hace tan buenas fotos
ResponderEliminaryo mas bien me quedo con la sensacion de que a veces damos lo que menos espera o necesita la otra persona.
ResponderEliminarPobre Berta, a lo mejor las tormentas le ayudaban y le acercaban a su ser amado. Pero al parecer el siempre estuvo tan distante.
un abrazo, nada tormentoso
Cuanta tristeza evocan
ResponderEliminarestas pocas lineas
del relato !
Un abrazo.
La tormenta, el miedo, la soledad, el abandono... sólo un instante y tan eternos que parecen!!.
ResponderEliminarGracias por tu visita y si que disfrutaría de las tantas iglesias, espero pronto hacerlo.
Sobre lo de la luna y la virgen, diversas interpretaciones hay, seguro conoces alguna, tal vez el próximo post sea inspirado en tu comentario, es un muy interesante tema.
Saludos desde Chile.
Yo soy otro enamorado de las tormentas y las inclemencias temporales. Quizás porque son novedad, pero a mi en vez de entristecerme o darme miedo, me encantan.
ResponderEliminarLo malo es que disfruto pocas de ellas, porque aquí ya ni llueve ni tormenta ni naa de naa.
Y las fotos de cielos nublados y grises me parecen de una belleza exquisita, la naturaleza desbocada y capturada en un objetivo. Muy sugerente.
Bonito texto, amigo. Te diré que a mi también me gustan las tormentas y tengo la costumbre de fotografiar una y mil veces las nubes con sus diferentes tamaños, formas y volumenes mientras nos sobrevuelan ahí arriba, solitarias y silenciosas, sobre nuestras cabezas...
ResponderEliminarSalud
También yo fui algo parecido a 'cazador' de tormentas, qué casualidad. En mi caso al ser un niño sólo las predecía (era infalible) y medía la cantidad de lluvia de forma artesanal, aparte de tener alguna fotografía de relámpagos.
ResponderEliminarInteresante relato.
Qué pena por Berta... si es que esas fotos también como tiene su paisaje interno...
ResponderEliminarEse paisaje del campo amarillo y cielo gris azulado, me encanta, de hecho, cada vez que el cielo está así de amenazante, me dan unas ganas locas de salir a caminar.
Hartos saludos Goathemala.
A preciosas instantaneas, preciosas palabras.
ResponderEliminarSaludos